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Naila y el levantamiento

«Naila and the uprising» was a DocHouse screening. Es raro que una película me enfade tanto que no pueda describirla sin un desvarío que la resuma como «¡oh, qué injusticia!», pero ese fue realmente el efecto de la película de Julia Bacha.

 

«Naila and the uprising». Image de myDylarama.

Abena Clarke/ myDylarama*

 

Escena inicial: madre, hijo adulto, salón, fotos de bebé, vergüenza. Me resulta familiar. Así es como se siente gran parte de la historia de Naila: familiar. Es una mujer normal, una apasionada patriota proactiva, madre, amiga, esposa, hermana. Es una defensora de la l

ibertad de la mujer (estamos en los años 80), una feminista abierta que cree que, como mujer, no puede ser libre mientras su país esté ocupado. Y así comienza la historia.

Hace 30 años, Naila era una mujer joven, activista de base, esposa y madre, que trabajaba en las organizaciones dirigidas por mujeres que imaginaron, coordinaron y dirigieron la resistencia no violenta de la primera Intifada. Su trabajo consiguió que el gobierno israelí se sentara por primera vez a la mesa de negociaciones con representantes del pueblo palestino. Dado que gran parte de los líderes masculinos habían sido silenciados por el exilio y el encarcelamiento -como el marido de Naila-, muchas mujeres comprendieron que su comunidad necesitaba desesperadamente su participación para ganar la lucha por la libertad. O, como dijo Naila, «la ocupación no terminará si nos quedamos en casa».

Bacha emplea imágenes de noticias de la época procedentes de diversos países europeos, así como de Australia y Estados Unidos, secuencias de dibujos animados que recuerdan estilísticamente al arte sencillo pero exquisito de Persépolis y, por supuesto, las voces y las historias de las mujeres activistas de Palestina para elaborar esta increíble historia. El poder particular de su película, tal vez, es recordarnos con éxito una época diferente, más esperanzadora. Para el pueblo palestino y para el mundo. Los colaboradores israelíes de Naila cuentan la historia de movimientos de mujeres israelíes solidarios con estas mujeres palestinas que se organizan por la libertad, de periodistas israelíes con los que Naila también trabajó, que informaron incansablemente al pueblo israelí de las injusticias perpetuadas en su nombre. Una época en la que el presidente de Estados Unidos, un republicano, era alabado por su postura especialmente progresista y productiva respecto a Palestina.

Foto: Pixabay

Mi furia surgió al conocer los Acuerdos. Al final, descubrimos que el fruto de la exitosa organización de las mujeres se lo comieron los hombres. Hombres -noruegos y palestinos- que no podían imaginar una intervención política triunfante, liderada por mujeres, con tales ramificaciones globales, secuestraron en secreto las negociaciones y marginaron absolutamente a las mujeres líderes de Palestina. La reacción de las mujeres fue interesante. Pero el impacto en el proceso de paz fue catastrófico.

Si recuerdas a los luchadores por la libertad disfrazados de mujer en la Batalla de Argel, deberías ver Naila and the Uprising, donde las mujeres se hacen pasar por vecinas preocupadas y dejan caer octavillas de la resistencia en los paquetes de comida. Naila era y es una organizadora, pero no era la líder, que también está representada en la película. Era una de las miles de mujeres que organizan la resistencia en las comunidades que viven la ocupación. Naila, como tantas otras, participó en la creación de instituciones paralelas, boicots, granjas cooperativas, trabajos no violentos de construcción nacional cuya labor ha quedado en gran medida olvidada en la historia del proceso de paz.

«Naila and the uprising»es un documental imprescindible para todos aquellos a quienes les guste una gran historia contada con brillantez. Y para las mujeres fuertes de todo el mundo.

*Articulo originalmente publicado en myDylarama.

(Traducido por The Prisma – The Multicultural Newspaper)

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