En los años 80, durante el conflicto que enfrentó a los habitantes de El Salvador, tres personajes se caracterizaron por dirigir grandes masacres y violaciones de derechos humanos y hasta el día de hoy se hallan libres. Pero el panorama ha cambiado y hoy, finalmente, enfrentan la justicia.
Luis Beatón
Se trata de primer caso donde van a juicio altos mandos militares, presuntos culpables de los asesinatos en una emboscada de cuatro periodistas holandeses durante la guerra, en 1982 en El Salvador.
El juicio, que fue anunciado para el pasado 23 de abril. Y es contra “los señores de la guerra, como le decían al general Guillermo García, ministro de Defensa, al coronel Mario Reyes Mena, jefe de la 4ta. Brigada de Infantería, y al coronel Francisco Morán, jefe de la Policía de Hacienda, que era la inteligencia del Ejército”, manifestó a la prensa Óscar Pérez, presidente de la Fundación Comunicándonos y uno de los impulsores de la lucha contra la impunidad en el llamado Pulgarcito de América.
Estos militares disfrutan de libertad “ante la falta de voluntad política prevaleciente en el país”.
Los cuatro periodistas holandeses -Jan Kuiper, Koos Koster, Hans ter Laag y Johannes Willemsen- fueron emboscados y asesinados por el ejército de El Salvador el 17 de marzo de 1982. Trabajaban en Ikon, emisora de la televisión pública holandesa (1976-2026).
En ese tiempo, 1980, se inició la guerra que se cerró con los acuerdos de paz firmados en México, en 1992.
En los 80 hubo una gran ofensiva inicial, fueron momentos de graves violaciones de los derechos humanos, y aquellas personas que hablaban algo que no le gustaba al régimen simplemente las eliminaban, eran capturadas y desaparecidas, dijo.
Ahí estaba -explica- el accionar de los escuadrones de la muerte o cualquiera de los tres cuerpos de seguridad de los gobiernos de la derecha.
Había una voz que denunciaba todos esos horrores, la de monseñor Arnulfo Romero, “la voz de los sin voz”, quien todos los domingos, durante su homilía, decía “me han informado” que torturaron a fulano de tal y está desaparecido, en tal comunidad llegó el ejército a asesinar 200 personas, 50 personas”.
La gente estaba pendiente de esa homilía porque era como informarse de lo que estaba sucediendo en el país, eso no le gustaba a la derecha, y por eso lo mandaron a matar, cuenta Pérez.
Hoy, pese a las pruebas y todos los informes de la Comisión de la Verdad, el asesinato de Romero hace 45 años se mantiene impune, al igual que otras masacres como la del Mozote (1981) y la de los comunicadores del equipo de televisión holandés.
Para Koos Koster, quien era el jefe de los periodistas holandeses asesinados, monseñor Romero era una fuente de información y cuando él quería entrevistar a alguien para que le hablara de la realidad del país o de los derechos humanos, acudía al prelado, indicó. Entonces, “el caso de los holandeses tiene alguna vinculación con Romero”. Pérez explica que el de los periodistas holandeses es el primer caso del informe de la Comisión de la Verdad que llega a juicio. “Es la primera vez en la historia de este país que serán juzgados altos mandos militares, ya que solamente el coronel Orlando Montano fue procesado en España por el caso de los jesuitas pero aquí en El Salvador, no, porque no ha existido un proceso de justicia transicional”, dice.
Considera que es difícil desarrollar un proceso en un país cuando los victimarios son amigos o están cercanos todavía al poder político y militar.
Ante la ausencia de una Ley de Justicia Transicional y la dilación de la Asamblea Legislativa para pronunciarse por aprobar alguna propuesta de las realizadas con este fin, “solo hay una explicación; la falta de voluntad política. Es un problema de falta de voluntad política”.
En el juicio de los presuntos asesinos de los periodistas “nosotros esperamos que desemboque primero en una condena ejemplarizante para aquellas personas que andan matando periodistas, y que también andan matando a media humanidad y la justicia nunca los alcanza”. PL
(Fotos: Pixabay)











