Una película única proyectada en cines forma parte de una próxima miniserie sobre refugios para mujeres que sufren violencia doméstica. Aunque la violencia haya cesado, la pérdida del espacio personal e incluso de la identidad son nuevos desafíos que afrontar en un entorno desconocido. La solidaridad y la resolución toman tiempo.

Graham Douglas
Muchos países reconocen la necesidad de que las mujeres cuenten con un alojamiento seguro lejos de una pareja violenta, donde puedan recuperar cierto equilibrio, sobreponerse a la pérdida de respeto y desarrollar solidaridad con otras mujeres, mientras los procesos legales —a menudo lentos— siguen su curso. Que no haya suficientes plazas disponibles es algo que ni siquiera hace falta mencionar, especialmente ahora que los políticos recortan despiadadamente los servicios sociales para reducir impuestos a los ricos.
Si no se ha vivido este proceso o no se es trabajador/a social, tal vez se imagine un refugio como un lugar de maravilloso alivio, pero la realidad es que la lucha continúa. ¿Cómo no habría de ser así?
La poderosa película de Marcio Laranjeira es única, ya que es un avance de una miniserie que se emitirá este año en cadenas de televisión de Portugal y España, y merece la más amplia difusión. En lugar de centrarse en escenas de violencia en el hogar, aborda las cuestiones relacionadas con la recuperación: de la seguridad, de la identidad.
El primer episodio muestra a una mujer obligada a abandonar su hogar —mientras su marido sigue con su vida—, sintiéndose intensamente sola y desorientada al mudarse de repente a un lugar temporal desconocido, tener que formar nuevas relaciones y perder su sentido del espacio personal. Pueden surgir conflictos por cosas pequeñas, y la solidaridad requiere tiempo. Los refugios varían en cuanto al apoyo psicológico y la terapia que ofrecen, y muchas veces existe el temor de que la pareja violenta descubra la ubicación del lugar. La separación de los hijos también genera ansiedad.
Hablé con Marcio para tras la proyección de su película “Casa Abrigo” en el festival de cine IndieLisboa.
¿La historia se basa en un refugio concreto, donde solo hay espacio para tres o cuatro residentes a largo plazo?
Visité casas muy distintas, algunas para estancias breves de dos semanas y otras para periodos más largos. La casa que mostramos fue alquilada para el rodaje; no podíamos grabar en un refugio real por razones de seguridad y porque sería muy perturbador para las residentes.
Al inicio de la película, cuando Vera llega por primera vez, tuve la fuerte sensación de que se sentía en una prisión, porque la pérdida de libertad y del hogar eran muy evidentes. “No estoy de vacaciones, tengo que adaptarme a estas personas que nunca he visto, tal vez tenga que hablar de cosas que no quiero, y no puedo hacer lo que me da la gana”.
Sí, absolutamente. En el primer episodio se siente muy bien ese sentido de encarcelamiento, por eso decidí comenzar con ella dentro de la casa. Se percibe la casa como una prisión, sobre todo cuando ella cierra la puerta al entrar. Al final del episodio, quiere marcharse porque se siente atrapada; antes estaba encerrada en casa y ahora vive otra forma de confinamiento. Todo parece estar en su contra: un refugio seguro no es realmente un hogar, es solo una solución temporal mientras se desarrolla el proceso legal con los agresores.
En el segundo episodio se siente que la violencia se expande más allá de las paredes del hogar.
Se nota muy claramente con Conceição, que está llena de rabia por el hecho de que ese hombre puede vivir su vida en libertad mientras a ella la controlan.
Sí, incluso el sistema judicial parece estar en su contra. Estas mujeres llegan a un refugio seguro, pero lo pierden todo, incluida su identidad. Se preguntan: “¿Por qué me pasa esto? ¿Quién soy? No me reconozco”. Por eso Vera se mira en el espejo, reflejando dos versiones de sí misma. Muchas mujeres comparten esta experiencia, luchan por reconocerse en este nuevo entorno, especialmente sabiendo que el agresor sigue en su casa, viviendo con sus mascotas, su familia, sus amigos, y todo lo que antes sentían como propio. A menudo la ley permite que él siga allí con una sentencia suspendida, sin importar si ha sido declarado culpable o no.
Usted nota que ella probablemente tiene dificultades para manejar lo que ocurre emocionalmente con los otros residentes, además del estrés del teléfono: hablar con uno de sus hijos, o no haber sabido nada de ellos en un tiempo, y querer saber todo el tiempo dónde está su marido, qué está haciendo. Estás encerrada en un lugar, pero mentalmente estás empujada hacia otro donde no tienes ningún control.
Sí, y cuando una mujer llega, puede tener miedo de que el hombre aparezca de repente.
Hay un momento que lo captura muy bien, cuando una silueta aparece de repente mientras Vera mira por la ventana.
Decidí filmar desde ese punto de vista en particular.
También hay un par de escenas en que las residentes intercambian historias e imitan a sus maridos, lo que me pareció muy gracioso.
Es cuando las mujeres pueden hablar de las actitudes agresivas de sus maridos desde su perspectiva, mientras beben. Sí, es una escena muy importante. Es totalmente distinto cuando escuchas sus voces: las mujeres imitan las voces de los hombres, se burlan de esos clichés completamente violentos. Es una escena de empoderamiento.
Decidí no mostrar nunca la violencia, porque esta serie empieza en el refugio; no trata sobre el pasado, sino sobre un nuevo comienzo. Es en este momento cuando las mujeres pueden hablar de las actitudes agresivas de sus maridos desde supunto de vista.
Fue gracioso oír a las mujeres intercambiar esas expresiones típicas que sus esposos usaban todo el tiempo: “No sirves para nada, no sabes cocinar, arruinaste mi vida”. Uno empieza a sentir el peso de esas frases repetidas sin cesar, pero al mismo tiempo, creo que el público también puede compartir el humor.
Como cineasta, usted también pensó: «Esto va a ser proyectado en las casas de la gente, debemos tener algo para distender los ánimos»?
Sí, reflexioné mucho sobre esta escena, porque si la hubiéramos hecho como un flashback con el marido diciendo esas frases, habría tenido un efecto completamente distinto. Pero al mostrar a las mujeres imitando a los hombres, el impacto cambia mucho, sobre todo si los maridos u otros hombres están viendo esto en casa con sus familias. Es realmente una escena de empoderamiento.
El espacio personal en el refugio era un gran tema. Madalena comparte habitación con Gabriela y se pone bastante dramática porque Gabriela mueve un cuadro. Esas pequeñas cosas que son inmensamente importantes.
Decidí centrarme en los pequeños detalles, y este es un buen ejemplo. Estamos hablando de la necesidad de cambiar de habitación cuando llega alguien nuevo, lo cual podría ser beneficioso para alguien como Vera, ya que necesita algo de privacidad. Pero este cambio puede generar conflicto para Madalena, que siente que está perdiendo la privacidad que tenía. El cuadro es revelador porque es una pintura que su hijo hizo para ella. Hay dos facetas de Madalena: la defensiva, dentro de la casa, y la sensible y vulnerable que se ve en el café. Y con su hijo, adopta una postura de víctima, creando otra dinámica.
Gabriela necesita una familia, así que compartir la habitación con Madalena le parece positivo. Quiere crear un ambiente agradable, pero Madalena se resiste, porque solo quiere a su hijo. Estos pequeños detalles revelan mucho sobre sus relaciones.
+Próxima semana: Marcio habla sobre los problemas sociales y legales más amplios que plantea su película.
(Traducido por Mónica del Pilar Uribe Marín) – Fotos facilitadas por FadoFilmes / Prensa para su libre publicación en The Prisma











