La madre de la cineasta tiene ahora 92 años. Por ello, para su hija, contar la historia de su evacuación a un lugar seguro era urgente. Los niños que fueron a la URSS permanecieron allí durante 20 años, por razones políticas. Regresaron como extraños a familias que habían perdido contacto con ellos. El trauma post-memoria afecta a la siguiente generación y es bien conocido en España.

Graham Douglas
30.000 niños españoles -los Niños de la Guerra – fueron evacuados en 1937 de España para salvarlos de la Guerra Civil. Fueron a parar a los muchos países que estaban dispuestos a acogerlos: Francia y sus colonias del norte de África, Reino Unido, Bélgica, Suiza, Dinamarca, Noruega y México.
Gran Bretaña incluso envió un cañonero por si a Franco se le ocurría detenerlos,
Ana Pérez-Quiroga hizo la película “¿De qué casa eres tú?” (“Which house were you from?”) porque su madre, Angelita, y su tía, Conchita, fueron dos de los 2.895 niños, la mayoría del norte de España -País Vasco, Asturias, Cantabria y algunos de otras partes-, que fueron a la URSS. Y porque el tiempo pasa.
El título de la película es una pregunta que se hacían los niños entre sí, refiriéndose a los internados a los que eran enviados, pero para Ana tiene el segundo significado de referirse a los problemas de identidad personal de unas personas que son tratadas como extrañas en los dos países en los que han vivido.
Estos niños permanecieron en la URSS hasta 1956, por razones políticas, a diferencia de los demás que regresaron cuando terminó la Guerra Civil.

Su aislamiento de España fue tan completo que a Angelita sólo le dijeron su fecha de nacimiento en una carta de sus tías cuando tenía 17 años, y esto sólo fue posible porque las tías no vivían en España, país con el que la URSS no tenía relaciones diplomáticas.
Hablé con Ana para The Prisma después de que su película se proyectara en Indielisboa el mes pasado.
Tengo curiosidad por saber por qué no hizo la película antes.
Porque mi madre no estaba de acuerdo. Crecí con la idea de que la historia de mi madre era una aventura, y yo quería tener una aventura así. Las artes visuales eran mi campo; pensé que sería un gran tema. Eso fue hace 30 años, y ella no aceptó hasta 2020, porque quería compartir este tipo de historia con el público.
¿Eran internados sólo para niños españoles?
El director era ruso, pero los profesores y los médicos eran españoles, todo estaba en una burbuja española.
Hicieron un esfuerzo increíble.

Por supuesto, en aquella época era la Unión Soviética, pero esto también es buena propaganda.
Dieron dinero, el edificio y los profesores de música y gimnasia, y siempre decían a la gente: «sois españoles, y tenéis que volver a España después de la guerra».
Era como «os damos lo mejor de nuestra educación, y quizá cuando volváis podáis decir cosas buenas de nosotros».
Ha habido muchos informes sobre abusos a niños en diversas instituciones. ¿Escuchó su madre alguna historia?
No, tiene recuerdos vívidos y muy bonitos sobre esto, y mi madre y sus amigas nunca me contaron nada de este tipo.
Tenía 24 años cuando regresó, después de 20 años en Rusia, y su madre estaba ocupada con miembros más jóvenes de la familia.
Mi abuela tuvo que hacer un corte muy brutal en la relación. Era una madre joven que envió a dos niñas al extranjero como de vacaciones, y se han ido 20 años, desaparecieron, fue muy traumático. Mientras tanto tiene tres hijos más y cuando mi madre vuelve, claro, es como construir una nueva relación.

¿Su madre sentía que debería haber habido más comunicación?
No había relaciones diplomáticas a causa de la guerra. Franco pidió que esta gente volviera a España, pero Stalin se negó porque España tenía un gobierno fascista, y esta gente venía de la República. Las cosas fueron más relajadas después de 1956, cuando Kruschev era el líder.
Usted habló de post-memoria.
Mi tesis doctoral trata de eso. Marianne Hirsch estudió el trauma sufrido no por las víctimas del Holocausto, sino por las generaciones posteriores, que cargan con el trauma personal, colectivo y cultural de los que vinieron antes. Recuerdos de acontecimientos traumáticos que se les transmiten tan profundamente que parecen constituir recuerdos por derecho propio. Están mediados por historias, imágenes y comportamientos, y pueden conformar la identidad y la expresión artística.
Las fotografías de parientes son los recicladores de este tipo de traumas, porque puedes relacionarlos, este es mi padre, o este es mi bisabuelo. Y yo procedo de las artes visuales.
Las fotografías de parientes son los recicladores de este tipo de traumas, porque puedes relacionarlos, este es mi padre, o este es mi bisabuelo. Y yo procedo de las artes visuales. Cuando hice la película, también intenté responder a lo que siento; sufro un trauma post-memoria porque me siento muy conectada con el trauma de mi madre. Es algo inconsciente. Hay libros y películas sobre esto, pero no de gente que lo haya vivido. En la película esto es otra capa de cosas, además de las aventuras de mi madre.
No se dice nada de su padre, que fue encarcelado por sus ideas republicanas durante la guerra civil.

Ella no quería hablar de ello en la película. Conozco la historia, pero ella quería mantenerla en privado. Como mi abuelo no estaba muy bien, en la cárcel fusilaban a la gente, y a veces era un pretexto, sólo para torturarlos.
¿Cómo encaja este proyecto en sus otras obras visuales?
Esta es mi primera película, y trabajar con un productor es nuevo para mí. Joana Ferreira, de Sopro Filmes. Mi obra principal ha sido la escultura y las instalaciones, y algo de fotografía y cortometrajes. Intenté que fuera muy estático, en la gama azul del color, una estética muy ligera. Hice todo lo que se ve al principio de la película.
Al principio de la película, había un círculo rojo con «Archivo Angélica 1937-1956» escrito en él, que parecía algo soviético.
Hago muchas exposiciones y conferencias sobre este tema para museos. Lo hice para que pareciera un sello. La gente volvió a España durante el plan Marshall para la reconstrucción de Europa.
Los americanos querían saber qué pasaba en la Unión Soviética, y ésta era una fuente muy directa. Porque estas personas son médicos e ingenieros, y algunos son espías también. Y vuelven y hablan de la vida en la URSS.

¿Cómo se utilizó esa información? En 1945, los rusos participaron en la victoria, sufrieron mucho, sin duda más que los británicos, y llegaron primero a Berlín, pero entonces empezó la Guerra Fría.
Ya te puedes imaginar, todos los médicos y profesores vuelven y dicen: «nos dieron un apoyo fantástico y por eso nuestros hijos tienen una salud psicológica y física mucho mejor de la que habrían tenido si se hubieran quedado aquí».
Creo que los más afortunados fueron los más pequeños, como mi madre y mi tía, que sólo tenían 4 o 5 años. Pero los mayores, algunos eran adolescentes rebeldes, y de los 2.895, quizá 50 eran delincuentes y estaban en la cárcel en la URSS. Después de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los mayores fueron héroes de guerra. Pero para ellos aprender ruso y estar en un internado era más difícil. Todos se quedaron hasta 1956, es decir, 20 años, así que algunos de los adolescentes tenían casi 40 años cuando volvieron.
Y cuando volvieron, hablaban español con acento ruso y les han dicho que eran españoles en la URSS, pero también hablan ruso y les tratan como si fueran rusos en España. Nuestra cultura española es muy nacionalista. Los mayores tuvieron problemas para encontrar trabajo, así que muchos de ellos volvieron a Rusia.

¿Puede poner cifras a esto?
No tengo cifras, pero no quedan muchos vivos. Mi madre era una de las más jóvenes y ahora tiene 92 años. Conocí a un pequeño grupo de ellos en Moscú, unas 20 personas, pero ahora sólo quedan unas cinco. Formaron el Centro Español de Moscú, y cuentan con el apoyo del gobierno español.
Para mi madre, casarse con un portugués y mudarse aquí fue una especie de salvación, porque perdió su casa en España dos veces.
(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marin) – Fotos suministradas por la entrevistada y autorizadas para su libre publicación.











