Los orígenes históricos de la Santa Muerte en México son oscuros, pero el culto, ahora más popular que nunca, cuenta con millones de seguidores. Este hecho resulta inquietante en un país plagado de narcoviolencia.
Sean Sheeh
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Myriam Lamrani analiza esta confluencia de lo espiritual-poético con los fervorosos asesinatos de las bandas criminales.
El enfoque de la autora es antropológico, centrándose en la imaginería asociada a La Santa Muerte y sus vínculos con un país marcado por la inseguridad crónica, las políticas capitalistas desenfrenadas y las profundas connivencias políticas del Estado con los cárteles de la droga. Cientos de miles de personas han sido asesinadas, y esto tiene un impacto personal en Lamrani cuando alguien a quien llega a conocer a través de su trabajo de campo es horriblemente asesinado en un caso de confusión de identidad.
Oaxaca es uno de los estados más pobres de México. Sus habitantes son considerados indio o indígena, y Lamrani, de origen árabe europeo, escucha el apelativo eee gȕera (la blanca [femenino]) cuando sale a la calle. El racismo exige una jerarquía y sus gradaciones, y no sólo en México. Obsérvese el fenómeno en Gran Bretaña de distinguir entre los refugiados de Ucrania y los de Oriente Medio o África.
El título del libro viene de darse cuenta de la profundidad de las interacciones de la gente con los santos y con Santa Muerte en particular. Encuentra relaciones entre los vivos y los muertos que son más profundas e íntimas que las que prevalecen en muchas otras partes del mundo. A menudo aparecen fotografías enmarcadas de seres queridos fallecidos junto a figuras de la Santa Muerte. Tradicionalmente se la representa como un esqueleto con túnica, a veces con una guadaña en una mano, y se la venera por sus poderes curativos en cuestiones de bienestar físico, mental y emocional.
En este sentido, no difiere de otros santos que van y vienen por todo el país, incluidos algunos humorísticos como Santa Mari La Juaricua, la santa antigentrificación de Ciudad de México.
La convergencia de la superstición basada en los santos con el negocio de los cárteles de la droga se debe a la forma en que algunos aspectos de este culto han sido absorbidos por la subcultura del narcotráfico. Un devoto con tatuajes de la Santa Muerte en el brazo podría, al parecer, confundirse con la pertenencia a un cártel. Oaxaca es famosa por su Diá de Muertos y las celebraciones equivalentes no son infrecuentes en Latinoamérica. Es comprensible que se trate de un recordatorio de la mortalidad humana, pero el autor encuentra una intimidad con las imágenes de la muerte que es peculiar de México. No es una propuesta del todo convincente, aunque existe una especie de mitología sobre el hombre mexicano que es temerariamente indiferente a su mortalidad. Tal vez por eso Le Santa Muerte se presta a los jóvenes dedicados a actividades violentas relacionadas con el narco.
Existe, en palabras de Jonathan Meades, un contexto más amplio: «Después del sexo, el cobijo, la comida y la intoxicación viene el instinto humano elemental para la creación de la superstición planificada».
“The intimacy of images: saints, death, and devotion to la Santa Muerte in Oaxaca”, de Myriam Lamrani, ha sido publicado por University of Texas Press.
(Traducido por Camila Márquez) – Imágenes facilitadas por la editorial y autorizadas para su publicación).











