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Solidaridad con Haití: Reparaciones y no deportaciones

Hace 200 años que Francia obligó a Haití a punta de pistola a pagar por el «crimen» de derrocar la esclavitud y lograr la independencia del colonialismo francés. Hoy las voces haitianas exigen a Francia reparaciones y restitución. Semana de la solidaridad,

 

Global Women’s Strike

 

Las historias son alarmantes: Inmigrantes venezolanos desaparecidos en la mega prisión de El Salvador; estudiantes internacionales pro-palestinos llevados a instalaciones remotas del ICE para ser deportados encubiertamente; refugiados aterrorizados arrebatados de las calles sin recurso legal por sicarios enmascarados.

La Administración Trump está señalando abiertamente a las personas de color como enemigos. Este aterrador espectro de exclusión racial y poder despótico no es nuevo para los haitianos. El papel de Haití en la derrota de la esclavitud le granjeó la enemistad de Francia y Estados Unidos hace siglos. En 1825, Francia rodeó Puerto Príncipe con buques de guerra y obligó a Haití a pagar un rescate masivo como precio por poner fin a la esclavitud y obtener la independencia. Al final, lo que los haitianos llaman la «deuda de la independencia» ascendió a 115.000 millones de dólares y sumió a Haití en una espiral de pobreza.

Los ataques abiertamente anti-negros de Trump son simplemente los últimos de una larga lista de intentos de atacar a los haitianos.

Desde los Códigos Negros de Virginia hasta el internamiento en Guantánamo y las expulsiones masivas en Del Río (Texas), a los haitianos se les ha negado sistemáticamente la entrada en Estados Unidos, independientemente del partido político que ostente el poder. Ahora la administración Trump pretende quitar la residencia legal en EE.UU. y los permisos de trabajo a los haitianos inscritos en el Estatus de Protección Temporal [TPS] y en el programa de Reunificación Familiar Haitiana [CHNV] Parole. Esta medida siniestra e ilegal, que ahora se enfrenta a un desafío judicial, pone a cerca de medio millón de haitianos en riesgo de deportación a un país destrozado que la política exterior estadounidense ha reducido al «infierno en la tierra.»

Desde el derrocamiento en 2004 del presidente democrático Jean Bertrand Aristide, respaldado por Estados Unidos, Haití ha estado gobernado por gobiernos títeres corruptos promovidos por Estados Unidos, Francia y Canadá en alianza con la pequeña clase multimillonaria de Haití, cuyo poder se ve reforzado por la violencia paramilitar armada. Las armas de alto calibre que aterrorizan a las comunidades haitianas proceden de Estados Unidos. Las violaciones de la soberanía haitiana y de los derechos humanos se ven facilitadas por una narrativa racista según la cual el pueblo haitiano es prescindible.

Pero el pueblo haitiano sabe quién es. Su dignidad, su lucha por la democracia y la justicia, no serán aplastadas.

Para más información sobre como tomar acción haga clic aquí: Haiti Action Committee.

(Fotos: Pixabay)

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