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De la migración al renacer: una historia de dolor y liberación

La pintora iraní Saye Sohrabi se levantó desde el corazón de la represión para convertir su lienzo en una voz para las mujeres silenciadas. La migración no fue una huida, fue un renacimiento; el despertar de una mujer que redefine la libertad a través del arte, transformando el dolor en color y el silencio en fuerza.

 

 Rola Zamzameh*

 

Saye Sohrabi, pintora, fotógrafa y artista textil iraní, retrata el mundo femenino con una honestidad y un coraje sorprendentes.

Procedente de una sociedad en la que las voces de las mujeres han sido reprimidas durante mucho tiempo, aprendió a romper el silencio con el color.

Para Sohrabi, la migración no fue un final, sino el comienzo de un nuevo viaje, uno que la llevó a redescubrir la libertad y la identidad.

En esta conversación con The Prisma, reflexiona sobre la vida en el exilio, sus raíces culturales y la pintura como lenguaje de resistencia y renacimiento.

A través de su arte, construye un puente vívido entre el dolor y la liberación, transformando la lucha personal en expresión universal.

¿Qué la llevó a decidirse a abandonar Irán? ¿Buscaba libertad de expresión o hubo otros factores que influyeron?

Como mujer nacida y criada en Irán siempre sentí que no podía ser yo misma. Anhelaba un lugar donde pudiera vivir y trabajar libremente, sin juicios ni restricciones. No tenía pensado mudarme a un país concreto, pero sabía que tenía que haber algún lugar donde pudiera vivir como mujer con libertad y seguridad.

¿Hubo algún momento en el que  se dio  cuenta de que la libertad de expresión y la libertad personal eran esenciales para usted?

Cuando era más joven, no tenía una idea clara de lo que era la libertad de expresión, solo sabía que estaba harta de la desigualdad de género.

A medida que fui creciendo, me di cuenta de que la libertad no solo tenía que ver con poder expresarse, sino con la forma en que vivimos.

Esa toma de conciencia me llevó a decidir emigrar y no mirar atrás.

 ¿Cómo fueron sus primeros años en Bélgica?

Extremadamente difíciles. Estaba sola, sin familia ni apoyo, y tuve que reconstruir mi vida desde cero: aprender un nuevo idioma, hacer amigos, encontrar mi camino en una nueva sociedad. La soledad y la adaptación cultural fueron un reto, pero había decidido no volver, así que afronté todas las dificultades hasta que finalmente encontré mi propio camino.

Usted ha dicho que emigró en busca de «la forma más libre de expresión artística». ¿Existe la libertad total?

La libertad es principalmente un estado mental. Muchos artistas en sociedades libres siguen luchando contra limitaciones internas. En Europa tengo total libertad creativa, pero las reacciones del público varían. A veces, incluso los europeos encuentran mis pinturas demasiado oscuras o intensas. Por lo tanto, la libertad total no existe, siempre es relativa.

¿Cambió su estilo artístico después de emigrar?

En Irán, aunque estudié arte, no tenía un estilo definido.

Después de emigrar, me inspiré en Picasso y empecé con el cubismo, pero poco a poco encontré el valor para adentrarme en el mundo surrealista, que se convirtió en mi principal forma de expresión.

¿Le dio la emigración la libertad de expresar experiencias que no podía expresar en Irán?

Por supuesto. Vivir en un país libre me ayudó a comprenderme a mí misma y a mi arte. Sin la emigración, quizá nunca me habría dedicado a la pintura en serio. La libertad y el respeto por la individualidad me permitieron retratar con honestidad en mi obra las experiencias dolorosas, tanto las mías como las de otras mujeres.

¿En qué se diferencia la percepción de su obra por parte del público occidental y el iraní?

Los iraníes suelen fijarse primero en la desnudez de las figuras femeninas, porque en su cultura el cuerpo femenino es tabú. Los europeos tienden a percibir el mensaje emocional o humano antes que el físico. Esa es la principal diferencia entre sus perspectivas.

¿Cómo enfrenta la censura y el juicio social?

La censura siempre ha existido y me ha afectado profundamente, pero nunca me ha detenido. Incluso cuando mis páginas en las redes sociales fueron cerradas varias veces, nunca me rendí.

He elegido mi propio camino, no el definido por el miedo o el juicio de la sociedad.ha detenido. Incluso cuando mis páginas en las redes sociales fueron cerradas varias veces, nunca me rendí. He elegido mi propio camino, no el definido por el miedo o el juicio de la sociedad.

¿Cuánto queda de su identidad iraní en su arte?

Nunca he intentado preservar una identidad «nacional»; lo que me importa es expresar la experiencia de ser mujer en una sociedad represiva. Sin embargo, como estudié diseño de alfombras, a menudo utilizo en mis pinturas colores y motivos inspirados en las alfombras persas. En ese sentido, en mi obra quedan huellas del arte iraní.

El tema de la violencia de género aparece a menudo en sus pinturas. ¿De dónde viene?

Viene de mi propio dolor y del dolor colectivo de las mujeres del  mundo. Estas experiencias nos unen, sin importar dónde hayamos nacido. A veces, ese sufrimiento puede llevar a una mujer al límite de la existencia. El arte fue lo que me salvó.

¿Piensa en las reacciones que puede provocar su obra?

Sí, pero no hasta el punto de que influya en mi trabajo. Hago lo que creo que es correcto. Puede que no acepte todas las críticas, pero siempre sigo con mi trabajo. Las opiniones negativas no pueden cambiar mi trayectoria artística.

Si definiera la migración como un espacio creativo, ¿qué oportunidades y límites conllevaría?

La migración ofrece un espacio para la reflexión y la expresión sin miedo. Permite a los artistas pensar libremente y profundizar en sus ideas. Sin embargo, existen limitaciones: muchos artistas migrantes deben realizar otros trabajos para sobrevivir, lo que les deja menos tiempo para la creación. Esa es una realidad para los artistas de todo el mundo.

¿Alguna vez ha imaginado cómo sería su arte si se hubieras quedado en Irán?

La verdad es que no. En Irán, ni siquiera podía verme a mí misma como artista. Me encantaba pintar, pero ese entorno no permitía que la mente de un artista creciera libremente. Puede que hubiera pintado, pero no habría sido artista. Para mí, el verdadero arte requiere libertad, y solo la encontré fuera de Irán.

 ¿Combina las culturas iraní y europea en tu obra?

No en un sentido cultural. Lo que combino es la doble vida de una mujer que ha vivido tanto en Irán como en el mundo libre. Mi arte refleja esta coexistencia de dos realidades vividas.

¿Aparecen en su obra los sentimientos de exilio y nostalgia?

Sí. La migración, el exilio y la nostalgia pueden servir como herramientas para expresar una obra de arte. Me he inspirado en estas emociones en mis obras y he podido crear piezas que reflejan la soledad, el distanciamiento o incluso la lejanía de mi patria.

¿Siente que vive entre dos hogares, uno físico y otro mental?

Quizás. En mis sueños, a menudo siento que he vivido dos vidas: una pasada y otra presente. Esta dualidad aparece en mis pinturas, muchas de las cuales contienen tanto un «antes» como un «ahora».

Es como recordar una vida que parece casi irreal, pero que sigue formando parte de quien eres.

¿Cómo puede el arte migratorio crear un diálogo entre culturas?

El arte migratorio es un poderoso puente entre culturas. Las mujeres artistas en el exilio pueden contar historias que los medios de comunicación convencionales rara vez muestran. Este diálogo puede acercar a las mujeres iraníes dentro y fuera del país, creando empatía y un entendimiento común.

Si pudiera organizar una exposición dedicada a las mujeres artistas migrantes en Europa, ¿qué temas exploraría?

Elegiría el tema «Identidad a través del tiempo»: cómo la migración transforma quiénes somos como mujeres y como artistas, y si esa identidad permanece constante o evoluciona con nuestras vidas y nuestro arte.

*Rola Zamzameh: periodista sénior de la Comisión Europea y el Parlamento Europeo.

(Traducido por Camila Marquez) – Fotos proporcionadas por la autora y autorizadas para su publicación gratuita en The Prisma.

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