La vida de la mayoría de las personas transcurre dentro de estructuras sociales, legales y políticas que son difíciles de desafiar, pero cuando éstas se fracturan e invaden la vida de una familia, hay una especie de terremoto emocional. Una nueva película italiana retrata una lucha personal por entender el pasado y desafía el tabú político de discutir ese período.
Graham Douglas
Anna Negri es cineasta e hija del famoso filósofo y teórico político italiano Antonio Negri. En 1979, cuando ella tenía 14 años, su familia fue golpeada por un tsunami político y mediático al ser él falsamente acusado de ser el cerebro secreto de las Brigadas Rojas, que recientemente habían secuestrado y asesinado a Aldo Moro, el líder del partido gobernante Democracia Cristiana (DC). Las Brigadas Rojas acaparan toda la atención de los medios, pero muchos atentados con bombas y ataques terroristas fueron llevados a cabo por grupos de ultraderecha, y el Primer Ministro Andreotti fue acusado de abandonar a Moro a su suerte, lo que habría sido una forma conveniente de difamar a la izquierda.
Su nueva película “Toni, mio padre” (Toni, mi padre), exhibida en el Festival de Cine de Venecia, es más que un relato de este trauma familiar y su impacto en una adolescente que desarrolla su identidad adulta. Es una conversación con su padre, que murió a los 90 años en 2023, en la que intentan comprenderse el uno al otro y los tiempos que les tocó vivir en discusiones a veces dramáticas. Ella dice que él habla el lenguaje de la política mientras que el suyo es el lenguaje de las emociones, y esta es una lucha por la empatía mutua, aún marcada por aquellos sucesos.
Su relación estaba llena de motivos, filosofías y opiniones conflictivas, y sentimientos de admiración por él, mezclados con abandono, cuando ella era más vulnerable. Tiene un atractivo universal por su retrato de una familia invadida por eventos de mayor envergadura, ya sean políticos o criminales.

Después de huir a Francia durante 14 años, regresó en 1997 para cumplir una condena de 12 años por «responsabilidad moral» en un atraco, y fue liberado en 2003. (Fue absuelto en el caso Moro). Por coincidencia, Anna regresó a Italia ese año para hacer una película, solo para verse sumergida de nuevo en una tormenta mediática que la conectaba con su padre.
Pero hay mucho humor en la película, y a veces en nuestra conversación para The Prisma, después de su reciente proyección en el festival DocLisboa.
Es una película magnífica. En el coloquio, una de las mujeres dijo que era muy valiente, y creo que también lo fue para Toni.
Ninguno de los dos se sintió tan valiente; solo nos sentimos auténticos.
Usted dijo que fue una lucha para usted.
Se trataba de liberarme de un pasado realmente pesado.
Usted escribió un libro. ¿Por qué sintió la necesidad de hacer también una película?
Porque el libro trata mucho sobre cómo experimenté esa historia como niña y como joven. Y eso dio inició a la película como una forma de recopilar los recuerdos de mi padre.
Pero luego seguimos volviendo al momento de su arresto, porque era lo que más nos unía. Me di cuenta, mientras rodaba la película, de que lo interesante era la relación entre nosotros, porque ese era el recurso para contar la historia.
Toda la película trata sobre la relación, ¿verdad?
A través de la relación también contamos la historia de lo que nos sucedió.
Quizás él no esperaba ser puesto tan en evidencia sobre cosas personales. No se dio cuenta de que lo que le impactó a él también tuvo un enorme impacto en nosotros, porque su propia experiencia subjetiva de lo sucedido era tan grande que dio por sentado que para nosotros no lo había sido tanto. Y éramos jóvenes; no teníamos las herramientas para afrontarlo.
Él dijo que estaba dentro de esta ola y que no pudo hacer lo que debería haber hecho. Y usted dijo que sucedieron demasiadas cosas en muy poco tiempo. Todas estas instituciones estaban siendo desafiadas, incluido el Partido Comunista. ¿Cómo siente ahora el efecto de 1968 y de los años 70 en Italia? ¿Ha sido asimilado?
No, sigue siendo un tema completamente tabú. Esos años son desestimados como los años del terrorismo, Gli anni di piombo (los años de plomo), que era solo una forma de criminalizar la disidencia, pero en esos años ocurrieron muchos cambios sociales.
En 1991 hablaba con unos amigos italianos sobre por qué el gobierno corrupto de Andreotti llegó repentinamente a su fin después de tanto tiempo. Decían que, obviamente, al caer el Muro de Berlín, los estadounidenses ya no tenían miedo del comunismo, así que dejaron de protegerlo.
Pero antes de eso, entre el 68 y el 79, mucha gente estaba en las calles. Todo el mundo intentaba defender la democracia porque tenemos tantos ejemplos de servicios secretos pervertidos que plantaban bombas y cosas por el estilo. Para nosotros, ni siquiera hace falta mencionarlo porque está muy implantado en la conciencia de todos.
Habían terroristas fascistas que eran protegidos por el servicio secreto, e incluso les decían qué hacer por la CIA.
Usted también estaba enfadada con su madre por no defenderla ni apoyarla lo suficiente en ese momento, y ella estaba de acuerdo con la política de él. Pero, cuando llegó el momento de la verdad, usted estaba del lado de ella y no del suyo.
Creo que la película muestra todos estos conflictos de una manera muy poética, donde todo el mundo puede entender que siempre somos muy ambivalentes con todos en las familias. Estoy enfadada con mi madre porque estaba muy apegada a mi padre, pese a que él la dejó. La película trata sobre cómo la historia a gran escala impacta la historia de la gente común. Eso se traduce en relaciones que se rompen, y se podría decir que es porque la gente es mala o porque hay cosas más grandes pasando a través de ellos. En cualquier caso, hay un precio.
Usted parece llevarse muy bien con sus futuras novias y esposas. Me sorprendió porque fue él quien dejó a tu madre.
Entre mi madre y esta mujer, han habido otras dos esposas, así que en la escala de todos esos años…
¿Qué le impactó de la película?
¿Qué me atrajo? Bueno, no es exactamente atracción.
Dije «le impactó».
Debo conseguir un audífono… Me vi arrastrado por las poderosas cosas emocionales que ocurrían, y por las escenas donde usted realmente muestra su ira hacia él. Es algo universal; es fácil identificarse. Otro ejemplo sería, donde alguien, quizás típicamente el padre, el marido, se ve involucrado en el crimen y termina en la cárcel por X número de años. Eso destruye; castiga a la familia que no hizo nada malo. Esos tipos de impactos emocionales me parecieron muy fuertes. En un momento usted dijo que habla el lenguaje de las emociones y él habla el lenguaje de la política. Cuando hablaba de las mujeres feministas que hacían campaña por el trabajo doméstico remunerado, él dijo que estaba de acuerdo, pero no con la forma en que lo estaban haciendo, porque estaban perturbando sus hábitos. Pensé: «¿Cómo puede él estar diciendo eso?»
Para él, en ese momento, era algo nuevo. Creció en una cultura dominada por hombres, y de repente estas mujeres protestan. Probablemente eran un poco más jóvenes que él, del mundo académico; así que, las entendía intelectualmente, pero ellas desafiaban sus costumbres.
Esos hábitos eran que los hombres dominaban a las mujeres. Y para mí ese fue un momento documental, en el que intentaba explicar lo que esas mujeres debieron haber sentido en ese momento en que de repente entendieron esto. Él sentía mucha indignación por la desigualdad entre trabajadores, pero no estaba para nada conmovido por la desigualdad entre sexos. Y eso fue sorprendente para mí, siendo de otra generación.
Los militantes del movimiento, los hombres, reproducían las mismas relaciones hombre-mujer de las personas a las que se oponían.
(Traducido por Mónica del Pilar Uribe marín) – Fotos: Archivio Uliano Lucas, 1970_cont_er_0002, suministradas por la Oficina de Prensa de la película y autorizadas para su publicación)











