Catherine Connolly, exdiputada socialista independiente del Dáil Éireann, el parlamento irlandés, ha asumido el cargo de décima presidenta de Irlanda, en sustitución de otra voz progresista, el ampliamente respetado Michael D. Higgins.

Seán Ó’Cuinn
Procedente de la ciudad de Galway, Connolly, de 68 años, es una veterana del movimiento pacifista irlandés, que con frecuencia manifiesta su oposición a las guerras mundiales en el marco de la neutralidad irlandesa y de la reputación del país como amigo de todos. También es una republicana irlandesa incondicional, que defiende activamente la reunificación y, además, habla con fluidez el irlandés. Pero ¿qué puede hacer realmente para promover el movimiento progresista de Irlanda?
La presidencia irlandesa es en gran medida ceremonial, con un presidente que actúa como guardián de la Constitución. El presidente puede remitir leyes del gobierno al Tribunal Supremo, pero no mucho más en términos de función ejecutiva.
No obstante, es una herramienta diplomática poderosa y la pieza central del poder blando irlandés en el mundo.
El Estado irlandés suele ser bien recibido hoy en día junto con su gente, aunque históricamente los emigrantes irlandeses no siempre fueron bien acogidos. Una de las razones por las que la República de Irlanda es bien recibida por muchos es la neutralidad del país. Irlanda no participa en guerras, aunque a sus gobiernos tradicionalmente de derecha les gustaría ver olvidada la neutralidad en favor de la alineación con Occidente y la OTAN. Su neutralidad lo convierte en un jugador importante en las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, y es reconocida por su labor de pacificación en lugares como Líbano, Kosovo y el Congo. La regla del triple candado es la base de la neutralidad, lo que implica que se deben dar tres condiciones para autorizar la participación en la guerra: una orden del gabinete, una mayoría parlamentaria y un mandato de la ONU.
Irlanda ha tenido dos presidentas: la centrista Mary McAleese y, antes que ella, Mary Robinson, de orientación progresista, que pasó a ser Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.
Con la aprobación y el apoyo del entonces Secretario General de la ONU, Kofi Annan, se propuso revitalizar un cargo que había llegado a ser en gran medida burocrático, transformándolo en un papel de defensa. El papel de Mary Robinson como defensora de los derechos humanos, la puso en el punto de mira de las élites políticas tras criticar la llamada ‘guerra contra el terrorismo’ declarada en el mundo tras el 11-S, y muchos consideraron que había sido expulsada por las élites políticas.
Por tanto que las presidentas que se enfrentan a los hombres no es algo nuevo en Irlanda, y la historia de rebelión del país da fe de las mná na hÉireann, las mujeres de Irlanda, y de su papel central en el avance de las luchas progresistas. Las posturas de Catherine Connolly reflejan la tradición de la izquierda irlandesa de proteger la neutralidad y promover la justicia global en el mundo. Además, ha sido más libre que otros políticos a la hora de impulsar la agenda progresista dada su posición como parlamentaria socialista independiente. Tras una disputa por la selección de candidatos durante la campaña de las elecciones generales de 2007, abandonó el Partido Laborista y se independizó, ganando finalmente un escaño en el Dáil Éireann en 2016, justo cuando la representación laborista se desplomaba con la pérdida de 30 escaños, reduciéndose a siete. El sistema de representación proporcional dificulta la obtención de una mayoría parlamentaria absoluta, y los dos partidos principales de Irlanda, Fianna Fáil y Fine Gael, son ambos de derecha, separados únicamente por lo que se conoce como la ‘política de la Guerra Civil’, es decir, el bando que defendieron sus abuelos durante la partición en 1922.
El Partido Laborista ha formado tradicionalmente coalición con Fine Gael, para gran disgusto de su base electoral y de los sindicatos, lo que comprometió las posiciones políticas de izquierda de Michael D.
En última instancia, el Partido Laborista ha pagado el precio de coaligarse con la derecha, y con el aumento de la popularidad del Sinn Féin, para convertirse en uno de los principales partidos del país, el voto de izquierda del Partido Laborista ha sido efectivamente usurpado y sustituido por los republicanos de toda la Irlanda del Sinn Féin.
A nivel internacional, la afinidad irlandesa con el pueblo palestino ha sido desde hace mucho una causa apasionada, especialmente entre los republicanos, una tradición que percibe el paralelismo entre el oprimido y un colonizador más poderoso. Ha manifestado de manera constante su apoyo a los derechos del pueblo palestino y de todos los pueblos colonizados del mundo.
Y es la lucha inacabada por la independencia en Irlanda la que refleja nuestras simpatías con las poblaciones colonizadas de todo el mundo, incluidos aquellos que llegan a Irlanda en busca de una vida mejor.
Queda por ver si las voces irlandesas socialmente progresistas lograrán persuadir a la clase trabajadora protestante de los seis condados del norte sobre los beneficios de la independencia; pero muchos consideran que el momento de la reunificación irlandesa ha llegado y la elección de una republicana irlandesa sin complejos es un presagio de ello.
La propia campaña presidencial corrió el riesgo de caer en la farsa, cuando uno de los candidatos se retiró debido a negocios previos con inquilinos. El tema de los propietarios y las condiciones de alquiler es delicado en Irlanda, y remite a los terratenientes ingleses ausentes del siglo XIX y a las Guerras por la Tierra que emanciparon buena parte de la Irlanda rural en los años previos a la independencia. El famoso Conor McGregor también manifestó su interés en presentarse con un programa antiinmigración, pero finalmente no logró obtener las nominaciones requeridas de 20 miembros parlamentarios entre las cámaras alta y baja del Seanad y el Dáil, ni el respaldo de cuatro consejos locales.
Al final, Catherine Connolly se enfrentó cara a cara con Heather Humphries, aunque el retirado Jim Garvin apareció en la papeleta, y los votos nulos representaron el 13%, con Catherine obteniendo el 55% de todos los votos emitidos y el 63,4% de los votos válidos, reflejando un sólido respaldo antisistema y progresista por parte de un electorado quizá en busca de una alternativa a un siglo de política marcada por la Guerra Civil.
Lo que la distinguió e impresionó a los votantes fue que nunca retrocedió en sus ideas. Los intentos de generar escándalos por parte de sus oponentes y ciertos sectores de la prensa fracasaron finalmente después de que ella se negara a ‘moderarse’, lo que en realidad equivalía a ceder en sus convicciones; mientras tanto, en el debate televisado, los demás candidatos se mostraban indecisos y carentes de carisma.
Su internacionalismo refleja la historia de emigración y pobreza del pueblo irlandés, una pobreza que se prolongó hasta la década de 1980. Su emancipación de la política partidista parece ser su punto fuerte y le ha servido para representar y conseguir el mayor apoyo posible de la izquierda irlandesa. Ha demostrado que la izquierda política de Irlanda puede unirse en torno a una candidata popular, y algunos predicen una erupción política en las próximas elecciones generales como consecuencia de su elección.
La extrema derecha, a pesar de haber ganado popularidad recientemente con su agenda antiinmigración, sigue estando muy desorganizada, con una visión retorcida sobre la historia irlandesa rechazada en gran medida por el pueblo irlandés. Diversos políticos de la corriente dominante han repetido las consignas de la derecha, y es en este espacio donde generalmente se canaliza el voto racista, en lugar de hacerlo a través de un partido organizado, como ocurre en el Reino Unido o en otros países europeos.

Los principales partidos irlandeses también tienden a seguir la línea internacional, siendo las posturas de la UE la norma, por lo que la retórica racista no suele llevarse a cabo con sinceridad, aunque su inclusión en el discurso dominante es obviamente cínica, dañina y preocupante. La cuestión es si las voces socialmente conscientes, los activistas y los políticos pueden tomar la iniciativa y derrotar a la derecha al amparo de una presidencia progresista.
(Traducido por Camila Marquez) – Fotos: PixHere











