Ventura Pons volvió a Londres con una filmografía forjada entre adaptaciones literarias, disciplina extrema y presencia constante en festivales internacionales. Desde la piratería hasta la falta de ambición exterior del cine español, el director examina las grietas y esperanzas de una industria que conoce a fondo. (Memorias de The Prisma)
Javier Polo
En medio de sus prisas y una agenda que contemplaba media hora antes de asistir a la ópera, nos encontramos en el tradicional barrio londinense de Covent Garden. Confirmé en nuestra charla lo que muchos dicen de él: que ser un reconocido director, guionista y productor de cine catalán, no le ha quitado un trato personal cálido, exento de presuntuosidades.
Ventura Pons Sala – que nació en Barcelona en 1945 – habló de sus películas y de ‘A la deriva’, su último estreno. Reflexionó sobre la compleja situación del cine y sobre la piratería, a la que considera “un delito” difícil de combatir.
Se reconoce como muy “obsesivo y meticuloso”, aunque frente a los demás es una persona muy tranquila, y considera que uno “de los grandes problemas en España es que no buscan la internacionalización de los productos”. Esto lo puede afirmar sin miedos, pues con 21 películas en su haber ha cosechado multitud de premios, además de haberlas presentado en los Festivales Internacionales más importantes del mundo y haber conseguido una gran acogida. Así le ocurrió en Berlín, Cannes, San Sebastián, Osaka, San Francisco, Toronto, Nueva York, Karlovy Vary, Cartagena de Indias o Mar del Plata.
Ventura ha sido vicepresidente de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España y actualmente es consejero de la SGAE, patrono de la Fundación Autor y propietario de la compañía cinematográfica Els Films de la Rambla, S.A., fundada en 1985 y que ha producido gran parte de sus películas, entre ellas ‘A la deriva’.
¿Cómo crear buen cine a partir de la literatura sin “traicionar» a la novela?
De buenas novelas se hacen malas, mediocres o buenas películas y de malas novelas se hacen malas, mediocres o buenas películas, no hay una regla dorada, no existe una varita mágica. Yo creo que nunca he traicionado a ningún autor pero tampoco me he traicionado a mí mismo. Hay que ser respetuoso con la novela, pero siempre respetuoso consigo mismo. Tengo muchos premios como guionista, y siempre han sido por adaptaciones que he hecho de la literatura. Uno mismo sabe por qué adapta una cosa u otra, en un momento dado se te viene a la cabeza.
¿Cómo se explica que llegue ‘Barcelona (un mapa)’ a Londres tres años más tarde de su estreno, cuando ha sido presentada en medio mundo?
Es curioso, porque ha salido en festivales en más de cuarenta países y por aquí no había pasado todavía. Es una película que ha ido muy bien. El problema que tiene el cine es que viajar a las salas cuesta mucho y si eso ya es difícil, viajar a otros países aún lo es más.
¿Por qué muchas de sus películas han sido más valoradas fuera que en España?
No lo sé, son cosas que pasan en todo el mundo. Muchos cineastas son más apreciados fuera de su país que en el propio, como ocurre con Woody Allen, Carlos Saura o Pedro Almodóvar.
Años atrás, hubo una gran tradición de directores centroeuropeos que se fueron a Hollywood en los años 30 o 40 porque en sus países les costaba mucho más evolucionar.
¿Qué le llama la atención de Lluís-Anton Baulenas, ya que ha adaptado 3 de sus obras: ‘Anita no pierde el tren’, ‘Amor idiota’ y ‘A la deriva’?
Son obras con las que personalmente me siento muy bien. Es un material muy rico y poderoso, donde los personajes tienen mucha fuerza. He hecho tres películas sobre libros de Baulenas y tres sobre obras de Sergi Belbel. Podríamos decir que Baulenas, Belbel, Benet i Jornet y Quim Monzó son gente de mi generación, por tanto miramos a una misma sociedad, bebemos de una misma cultura y es lógico que los entienda mejor. Lo importante cuando haces una película es que debes entender lo que explicas. Ellos me aportan, básicamente, buenas historias.
¿De dónde surgió la idea de incorporar a Boris Izaguirre al rodaje?
Es una pequeña pincelada muy simpática. Es una persona muy culta, muy relacionada con el cine. Su padre ha sido director y fundador de la filmoteca en Venezuela, donde me hicieron una retrospectiva. Teníamos amigos en común y el papel le iba muy bien. Cuando se lo propuse, le gustó la idea. El rodaje fue más relajado, lo usual cuando alguien no es del oficio. Cumple con la tradición de escritores que han hecho pequeños papeles en películas.
En los últimos años la audiencia del cine español ha disminuido. ¿A qué se debe?
Es cierto. Este invierno han habido unas cuantas películas que han funcionado, pero, en el fondo, es una suma de varios factores.
La piratería es enorme en España, se ha echado a un determinado público de las salas, es un país que no se quiere a sí mismo, se ha cambiado la actitud… Todos deberían seguir la misma dirección ya que aunque uno solo se salve, no sirve.
¿Por qué la industria del cine español no ha llegado a ser una potencia internacionalmente?
Porque no se lo ha propuesto. Uno de los grandes problemas en España es que no buscan la internacionalización de los productos. A la gente le falta ambición de internacionalización. Nosotros acabamos de volver de Japón, donde hicimos un estudio de mercado y actuamos. Quienes controlan el mercado son los estadounidenses, pero hay que estar al pie del cañón e intentar que lo tuyo funcione. Es muy difícil. El mercado está muy saturado, pero son los tiempos que vivimos, si no luchamos por ello, ¿qué esperamos?
¿Cómo consigue producir una película casi por año con el esfuerzo que esto supone? ¿Cuál es su secreto?
Me hago esa pregunta cada día cuando me levanto… Mi vida es el cine y el cine es mi vida, sin perder ni cinco minutos. Requiere mucho esfuerzo y sacrificio así que si tú crees en tu trabajo, ponte a trabajar.
El único secreto que conozco es creer en lo que haces y poner toda la pasión que puedas en ello. Cuanto a más gente pueda llegar tu trabajo mejor; al menos consigues un pequeño grano de arena en el universo.
¿Cuánto daño cree que ha causado la piratería al cine?
Muchísimo. La gente no es consciente del daño que está haciendo cuando descarga una película. El año pasado hubo trescientos cuarenta millones de descargas en España y todavía no se ha puesto freno. Es un delito, la gente se cree que es un derecho cuando es un robo.
Si se buscara un punto intermedio, por ejemplo utilizando de manera innovadora los medios hoy disponibles, ¿podría frenarse la piratería?
Evidentemente, la gente tendría que acceder a los contenidos de una forma organizada y de calidad, pero pagando por ellos. Los derechos son de los propietarios, gente que vive de ello. Espero que algún día esto se solucione, pero hemos perdido ya mucho tiempo.
¿Qué opinión le merece el cine latinoamericano?
El cine es como el vino, depende de la cosecha del año.
Un año pueden salir muy buenas películas argentinas, otro año mexicanas, aunque últimamente se están haciendo cosas muy buenas en países que tradicionalmente no realizan muchas producciones como Uruguay.
Por ejemplo la película ‘El Gigante’. Lo que pasa es que esto no tiene continuidad. Hace unos años Cuba estaba produciendo películas muy interesantes y ahora no tanto. Es un cine que tiene mucha fuerza con obras muy interesantes y potentes. Latinoamérica es una región con muchos dramas y muchas contradicciones y el cine es un reflejo de la sociedad.
¿Cómo es su manera de trabajar?
Soy muy obsesivo y meticuloso. Cada uno trabaja a su manera, pero a mí me gusta trabajar con todo preparado, me gusta tener las ideas muy claras, para disfrutar más del rodaje. En mi opinión el mejor rodaje es el que está bien preparado y la improvisación es preparación, preparación y preparación. De cara a los demás soy una persona muy tranquila, pero por dentro la situación es muy diferente.
(Fotos suministradas por el entrevistado y autorizadas para su publicación)











