Trump ha impulsado una agenda coercitiva con México desde su investidura, incluyendo cambios geográficos y políticas arancelarias, y en cambio, la estrategia mexicana ha generado resultados concretos en seguridad y control del narcotráfico, ha protegido la soberanía y ha mostrado diplomacia firme, a pesar de que el país no fue invitado a la reciente cumbre hemisférica

Lianet Arias Sosa
Antes de tomar posesión del cargo el 20 de enero de 2025, el presidente Donald Trump lanzó amenazas a sus socios más cercanos, entre ellos México, sobre imponer aranceles a los productos provenientes de dichas naciones
El magnate esgrimió por entonces una “represalia” por la inmigración ilegal, el “crimen y las drogas”, asuntos que seguirían marcando los constantes intercambios entre ambas partes, y ante los cuales, también desde el principio, la presidenta Claudia Sheinbaum dejó clara la posición de su país. «No es con amenazas ni con aranceles como se va a atender el fenómeno migratorio ni el consumo de drogas en Estados Unidos. Se requiere de cooperación y entendimiento recíproco a estos grandes desafíos», dijo Sheinbaum en noviembre de 2024, en una carta al mandatario electo.
Además, la tensión se reflejó en la reciente cumbre hemisférica celebrada en Florida, a la que México, Colombia y Brasil no fueron invitados . Esta exclusión reforzó la percepción de que Washington prioriza aliados cercanos en la región y subraya los desafíos que enfrenta la administración mexicana para mantener la cooperación sin ceder soberanía frente a las políticas coercitivas de Trump.
Para Juan Carlos Barrón, director del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el territorio vecino siempre ha buscado cómo sacar ventaja aprovechando sus condiciones económicas y militares.
A juicio de Barrón Trump inició su segundo mandato “con mucha prisa” y tras cumplido su primer año, “tiene todavía más prisa, pues el 3 de noviembre vendrá una elección que será clave” en Estados Unidos.
Barrón le dijo a Prensa Latina que la “agenda ideológica de su régimen político es ver cómo subyugar a sus aliados y obligarles a que tengan una cooperación en sus términos, por lo tanto, está manejando una agenda más coercitiva y agresiva”. Con México, la estridencia y las formas “poco diplomáticos” del magnate no solo llegaron en modo de amenazas con inclusiones a productos de su principal socio comercial, sino en decretos que buscaron, incluso, trastocar nombres geográficos.
Periódicos de todo el mundo publicaron primero sobre la propuesta y después sobre la orden ejecutiva que al respecto firmaron para cambiar la denominación del Golfo de México a Golfo de América, como parte de una avalancha de documentos rubricados en la misma jornada de su investidura.
Desde esta nación, Sheinbaum sugirió con ironía llamar a Estados Unidos como “América Mexicana” al proyectar un mapa de 1607 con ese nombre que mostraba mezclas partes de los dos países. Más tarde, minimizó la orden ejecutiva del republicano.
«Lo que corresponde a la plataforma continental de Estados Unidos, ellos le llaman Golfo de América. Para nosotros sigue siendo el Golfo de México y para el resto del mundo igual», subrayó en una de sus habituales conferencias de prensa.
Seguridad y tensiones
El catálogo de temas que generaron tensión o sirvieron de pretexto a Washington para nuevas amenazas, incluyó sobre todo a la seguridad y particularmente al trasiego de fentanilo por parte de grupos criminales desde México hacia la vecina nación norteña
Pese a evidentes resultados en materia de seguridad, Trump acusó a este país de no hacer lo suficiente en el combate al tráfico de drogas y designó a cárteles como organizaciones terroristas, lo cual reavivó aquí las inquietudes sobre una posible injerencia en territorio nacional. El republicano estaba más allá: afirmó en varias ocasiones, sin sustento, que Sheinbaum no gobernaba esta nación, sino que lo hacían los grupos criminales, y llegó a plantear que emprendería acciones en el suelo de este país contra el crimen organizado. Su versión menos “estridente” tomó forma en las llamadas telefónicas con la mandataria, a quien propuso -también en diferentes conversaciones- el envío de tropas estadounidenses para supuestamente “ayudar” en el combate al narcotráfico.
La jefa del Ejecutivo trazó desde antes una línea roja: «Podemos colaborar, podemos coordinarnos, somos vecinos. (…) Platicamos, negociamos, trabajamos, pero hay algo que no está a negociación, y eso es la independencia y la soberanía de la patria». No solo rechazar cada vez la “ayuda” norteamericana en suelo de México, al que ese país arrebató más de la mitad de su territorio en el siglo XIX, sino que fue clara con su postura de “colaboración sí, subordinación e intervención no”.
También implementó una estrategia en seguridad cuyo resultado más reciente fue la captura de Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, líder del cártel Jalisco Nueva Generación, quien resultó gravemente herido y falleció durante su traslado vía aérea hacia un centro médico.
Antes de la caída de uno de los narcotraficantes más buscados, la estrategia ya daba frutos: las fuerzas del orden detuvieron a 43.438 personas por delitos de alto impacto e incautaron 22.832 armas y 327 toneladas de droga, durante los primeros 16 meses de la actual administración. A juicio de autoridades, estas acciones han tenido un efecto directo en la disminución de la violencia, lo cual se refleja en una reducción del 42% en los homicidios dolosos, equivalente a 36 delitos diarios menos con respecto a septiembre de 2024.
Los avances de México se beneficiaron igualmente a Washington, pues entre 2024 y 2025 las incautaciones de fentanilo de Estados Unidos en la frontera disminuyeron en 50%, según datos de aquel país, lo cual se atribuye al incremento de los decomisos en esta nación latinoamericana.
Sheinbaum exigió también al vecino combatir el consumo de drogas allá y el tráfico de armas hacia aquí, que da poder de fuego a la delincuencia. Según datos oficiales, el 78% de esos artefactos incautados en la presente administración provienen del territorio norteño.
Criminalización de inmigrantes
Otro tema recurrente en los vínculos resultó el flujo migratorio, que bajó de tres mil detenciones de inmigrantes del otro lado de la frontera en enero de 2025, a 344, según refirió hace un mes la propia mandataria, quien recalcó la política humanitaria emprendida por su gobierno en este ámbito.
Muy lejos de esa concepción, el enfoque de Trump en la materia apuntó a la criminalización de migrantes, una postura rechazada por Sheinbaum, que impulsó la estrategia de repatriación “México te abraza”, para atender a los deportados, y fortaleció la labor de los consulados en aquel país. La cuestionada política arancelaria del magnate y declaraciones en las que incluso llegó a sugerir que dejaría expirar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y optaría por firmar otros bilaterales, arrojó más dudas que certezas sobre la permanencia del acuerdo. Sin embargo, pese a los impuestos aplicados por Washington a productos de todo el mundo, como acero y aluminio, que también afectan a esta nación latinoamericana, la enorme mayoría de las exportaciones hacia el vecino norteño se realizan bajo el tratado, que sigue libre de arancel.
El director del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM recordó en diálogo con Prensa Latina que México “ayuda a Estados Unidos a mantener una conectividad, una logística, cadenas de suministro y controlar su inflación”.
“Muchísimos de los estados de la Unión Americana tienen a México como su principal destino de exportaciones”, aseveró el especialista, quien señaló que entidades y cámaras de aquel país han pedido al Congreso norteño valorar la importancia para ellos de la nación latinoamericana.
Frente a lo que muchos catalogan como “el estilo bravucón” de Trump, contrastan las formas serenas de la mandataria mexicana, quien ha sido alabada entre políticos del mundo entero por su manera de lidiar con un socio impredecible. “En general, fuera de México se ve la estrategia del gobierno de México y de la presidenta Sheinbaum, del canciller, como algo que ha funcionado muy bien: cabeza fría, no enganchándose con los discursos incendiarios”, dice Juan Carlos Barrón.
“Yo veo que actualmente sí nos da frutos tener una presidenta digna, cabeza fría, y que Trump respeta más a nivel internacional a los líderes del mundo que se comportan de ese modo, con dignidad”, opinó el experto, quien demostró la estrategia de Sheinbaum como “de las mejores”. PL
( Fotos: Pexels y Pixabay)











