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Asia Occidental emerge de la pesadilla de Trump

La guerra ilegal y desastrosa a la que Trump ha sido empujado por Israel está provocando grandes cambios en la región del Golfo, aunque no los que él y Netanyahu pretendían. Nuevas alianzas económicas y políticas están saliendo a la luz pasando por alto a Estados Unidos.

 

Graham Douglas

 

La guerra en Irán está revelando información interesante sobre las economías del Golfo, y tal y como señala un artículo reciente, están surgiendo nuevas alianzas políticas.

El bloqueo del flujo marítimo en el Golfo Pérsico ha puesto de manifiesto que, además del petróleo y el gas, y dependiendo de ellos, se producen allí dos materias primas de importancia crucial a nivel mundial: el fertilizante nitrogenado en forma de urea, es exportado de forma masiva por cuatro países del Golfo. En la lista del Banco Mundial, las tres primeras posiciones las ocupan Arabia Saudí, Egipto y Omán, con un total de más de 10 millones de toneladas al año; Irán añade otros 5 millones de toneladas aproximadamente, gran parte de las cuales se destinan a Turquía, Brasil, Nigeria (que también produce cantidades significativas) y Sudáfrica. Los países en desarrollo se han integrado en el comercio mundial como importadores y productores, y no solo como exportadores de materias primas.

La urea no es una materia prima, sino que se produce en la industria pesada. El gas natural (metano) es una de las materias primas; las otras son el agua y el aire que respiramos. En un proceso catalítico de dos etapas, el metano reacciona primero con vapor de agua para producir hidrógeno, que luego se combina con el nitrógeno del aire mediante el proceso Haber, conocido por los libros de texto de química escolar, para producir amoniaco.

A partir de este último, se obtiene la urea utilizando las ingentes cantidades de CO2 que también se generan en la primera fase junto con el hidrógeno.

El aluminio también se produce en grandes cantidades en cinco de los Estados del Golfo, ya que se requiere energía barata para el proceso de fundición del aluminio, y los combustibles fósiles lo hacen económicamente viable.

El mineral del aluminio, la bauxita, no existe en la Península Arábiga, sino que se importa en grandes cantidades desde Guinea-Conakry, un país de África Occidental, por lo demás pobre, a los Emiratos Árabes Unidos principalmente, aunque Omán ha cobrado importancia recientemente por contar con puertos situados fuera del bloqueado estrecho de Ormuz.

Estos vínculos comerciales, puestos aún más de manifiesto por la crisis del Golfo, revelan los cambios tectónicos que se están produciendo en la economía mundial, en la que el dominio de Estados Unidos está empezando a desvanecerse. Como sugiere un artículo reciente, más allá de la guerra actual, que puede acercar temporalmente a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos a Estados Unidos e Israel, existe un panorama más amplio de grupos emergentes de países que están negociando una organización racional de los flujos de bienes y materias primas en función de sus intereses regionales, y no según los dictados de Estados Unidos.

Estrecho de Ormuz. Foto Flickr /eutrophication&hypoxia. Creative Commons License.

La crisis actual del transporte marítimo en el Golfo podría resolverse consolidando un proceso que ya ha comenzado con los buques pakistaníes y tailandeses: las tarifas de tránsito. Si el estrecho de Ormuz fuera considerado como el canal de Suez, sería lógico que los buques con carga de gran valor pagaran una tarifa de tránsito, repartida entre Irán y Omán, los dos países que bordean el estrecho. En la actualidad, el estrecho de Ormuz se considera aguas internacionales, pero su punto más angosto se encuentra completamente dentro de los límites territoriales de 12 millas de Irán y Omán.

A los barcos más grandes que atraviesan el Canal de Suez, Egipto les cobra 500 000 dólares o más, una cifra algo inferior a los 2 millones de dólares que, según ha trascendido, pagó recientemente el propietario de un petrolero a Irán, con rumores de que, en algunos casos, las facturas se han liquidado en yuanes chinos.

Irónicamente, mientras Trump se queja de que los países de la OTAN no contribuyen lo suficiente al paraguas de defensa estadounidense, algunos países de Asia Occidental —dejemos de usar la etiqueta eurocéntrica de ‘Oriente Medio’— están reivindicando su libertad para firmar acuerdos comerciales sin la aprobación de EE. UU. Los adultos están presentes en el Golfo, pero no en la Casa Blanca. Luego está la mayor pesadilla de todas para los EE. UU.: que el petróleo pueda ser negociado en otras monedas distintas del dólar; no en bitcoin, sino en yuanes, euros y rublos. Si esto le ocurriera a la moneda de reserva mundial, EE. UU. ya no podría gestionar su economía con un déficit permanente ni gastar tan descuidadamente en conflictos en el extranjero.

‘El patio trasero de Estados Unidos’

La doctrina Monroe de 1823, que formalizó la política estadounidense de considerar a América Latina como su esfera de influencia para controlarla a su antojo, fue finalizada oficialmente en 2013 por John Kerry. Sin embargo, Trump la revivió a fecha de su 203.º aniversario.

La guerra de Trump con Irán, tras romper deliberadamente el acuerdo alcanzado por Obama en 2015, no es el único cambio reciente en la política de EE. UU.; Venezuela también sufrió las consecuencias. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo han ido diversificando sus economías de forma racional para poner fin a su total dependencia del petróleo y el gas, y tomar ventaja de su posición estratégica entre América y Asia. En cambio, la economía de Venezuela sigue dependiendo en un 95 % de las exportaciones de crudo, lo que permitió a Trump realizar una maniobra relámpago para imponer allí un nuevo gobierno dócil.

Los Estados del Golfo están gobernados por dictadores, pero han sido lo bastante hábiles como para trazar un plan económico a largo plazo, a diferencia del corrupto régimen de izquierda de Venezuela, que despilfarró sus ingresos y nunca desarrolló una industria manufacturera. Pese a toda la retórica de izquierda, para la población fue mucho ruido y pocas nueces. La producción de automóviles por parte de las empresas estadounidenses se paralizó debido a la falta de materias primas y componentes, consecuencia de los complejos controles de cambio venezolanos y la mala gestión del gobierno.

Pero la economía venezolana también se ha visto limitada por las sanciones estadounidenses a su industria petrolera.

Hacia 1928, Venezuela era el principal exportador de petróleo del mundo y el segundo mayor productor mundial, solo superado en producción por Arabia Saudí a finales de la década de 1940.

Y en la década de 1970, mientras otros países latinoamericanos se debatían bajo regímenes dictatoriales, la «Venezuela saudí» desarrolló una economía próspera y dependiente del petróleo. La crisis del petróleo de 1973, tras la guerra de Yom Kippur con Israel, elevó considerablemente su nivel de vida. Lo que ocurrió después puede atribuirse a una confluencia de factores, entre ellos décadas de gasto excesivo y mala gestión, que finalmente condujeron a la «maldición de los recursos.

Hay dos factores en juego: el petróleo y el estrangulamiento ejercido por Estados Unidos. A raíz del golpe de Estado perpetrado por Estados Unidos y el Reino Unido contra Irán en 1953, por el atrevimiento de nacionalizar su producción petrolera, este manual de estrategia se exportó a Latinoamérica. Paraguay se convirtió en la base latinoamericana de la CIA en 1954.

La nacionalización de la producción petrolera fue una de las razones clave de la implicación de EE. UU. en el golpe de Estado de 1964 en Brasil, pero desde que se descubrió petróleo en aguas profundas en 2005, Brasil es ahora un país líder en el hemisferio sur.

Durante un tiempo, Estados Unidos dominó gran parte de Sudamérica mediante dictaduras impuestas, pero en el mundo árabe, prácticamente todos los países han tenido un gobierno autoritario respaldado por Estados Unidos.

Irán (que no es un país árabe) ha sido la excepción desde 1979, aunque también reincidió en la dictadura tras la caída del Sha.

Asimismo, en todos estos estados se ha asfixiado a los partidos políticos independientes y al discurso político, quedando reducidos a la religión, ya sea la convencional en los países suníes o el islam chií radical en Irán.

América Latina, culturalmente más próxima a Europa, goza de un debate político efervescente. Una nueva Primavera Árabe es esa realidad ineludible que finalmente debe romper su silencio.

Trump, que cedió neciamente ante la presión de Israel, necesita ahora salir de una situación desesperada –su ‘Waterloo’, según un comentarista– e incluso su base MAGA y jefes de seguridad se están volviendo en su contra. Se avecinan cambios para ‘Humpty Trumpty’, le guste o no, y para Asia Occidental.

(Traducido por Lidia Pintos Medina)  – Fotos: Pixabay

 

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