Globo, Multicultura, Perfiles, Reino Unido

Doble migración y perseverancia para recontruir una vida

Dejarlo todo por un futuro más próspero es una decisión que Regino Gerardo ha tomado más de una vez en su vida. Hoy, en Londres, el presente finalmente le sonríe. (Memorias de The Prisma)

 

Regino Gerardo (2)Texto y fotos: Marcos Ortiz F.

 

Ser inmigrante es algo que Regino Gerardo conoce bien. Este dominicano oriundo de Santo Domingo no lo ha sido una sino dos veces. La primera vez fue a los 26, cuando aterrizó en Madrid; la segunda, 10 años más tarde, cuando lo hizo en Londres.

Regino cuenta sus aventuras y desventuras con la parsimonia que le da el camino recorrido. Mientras habla, el techo se remece con estrépito. Es el ruidoso tren londinense que cruza la ciudad de norte a sur y que pasa raudo a escasos centímetros de su cabeza. Bajo la línea férrea, donde hoy tiene montado su emprendimiento, todo se remece, pero él parece ni advertirlo.

El puñado de mesas de El rincón tropical lucen cubiertas con manteles plásticos con motivos frutales y marcan un quiebre con el gris del cielo invernal y las calles cercanas.

“Alcancé a estudiar dos semestres dep sicología”, recuerda Regino de su juventud en Centroamérica. “Pero luego me dediqué a la agricultura”, añade. Cosechando plátanos, yuca, maíz y otras frutas, soñaba con un futuro distinto, uno del otro lado del Atlántico.

Regino Gerardo (3)Desde comienzos de los años 80, España fue el destino más buscado por la ola de emigrantes dominicanos que buscaba mejor suerte en Europa. A comienzos de los 90, con una inflación de 80% y un desempleo en torno al 20%, emigrar era una alternativa recurrente.

En España la albañilería le dio a Regino sus primeros ingresos, pero prontamente pasó a la cocina de distintos restaurantes de cocina española. En su casa tenía tres hijos que alimentar, los que se sumaban a los otros tres de su esposa. En República Dominicana habían quedado los padres de Regino, a quien también intentaba ayudar. La situación a comienzos de los 2000 no era fácil y acompañado por un amigo, decidió dar un nuevo salto. Ahora fue el Canal de la Mancha el que cruzó hasta llegar a Londres. Pero el arribo sería aun más duro.

Los ojos de Regino no pestañean mientras recuerda las primera noches durmiendo a la intemperie en los alrededores de un centro comercial al sur de Londres. Recién algunos días más tarde, una mano amiga colombiana le permitió dormir bajo techo y tomar una ducha. “Nunca pensé que pasaría alguna vez por algo así”, confiesa. Con 36 años, no era el futuro próspero con el que soñaba en los campos dominicanos.

Regino Gerardo (1)Pero la perseverancia rindió sus frutos y, sin aprender mayormente el idioma, se las ingenió para conseguir diversos trabajos. “Hasta el día de hoy hablo casi nada de inglés”, asegura.

Regino no deja de soñar con volver algún día a su natal República Dominicana. De hecho, es una enorme bandera de su país la que da la bienvenida a su restaurante en el que la cocina de su país también da cabida a platos colombianos.

Instalado a escasos metros del mismo centro comercial que lo acogió sus primeras noches en la ciudad, Regino sirve a diario moro de habichuelas, moro de guandules y la bandera, plato típico a base de arroz, habichuelas y carne guisada.

Regino posa para la foto de rigor mientras esboza una pequeña sonrisa de satisfacción. Un nuevo tren remece el cielo de ladrillos cubierto con sombreros y pequeñas banderas. (Memorias de The Prisma)

Share it / Compartir:

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*