Parece que vivimos en una era de posverdad. Políticos y medios de comunicación convencionales habitan con fluidez ese mundo. Estamos despojados de la verdad, esculpidos por discursos sociales y políticos, sujetos a la casa prisión que es el lenguaje, y la realidad se convierte en una construcción ajustable.
Sean Sheehan
Los diversos ensayos de «Indirectness» (Indirectez: una súplica por la verdad en tiempos de posverdad) asumen todo esto —lo que solía llamarse posmodernismo— sin suscribir sus conclusiones simplistas. En cambio, exploran cómo la única manera de alcanzar la verdad es acercándose a ella de lado; a través de un desvío, el tren equivocado nos lleva a la estación correcta.
Repite una palabra suficientes veces y se puede escuchar su carencia inherente de significado. Su sonido es arbitrario pero, mediante el acuerdo y la convención, los hablantes de una lengua particular aceptan el sentido que se le asocia. Quienes tratan con falsedades pueden aprovecharse de esto, torciendo el significado porque no hay una esencia oculta ni universal en la verdad.
Por lo tanto —la gracia salvadora— la verdad debe surgir de manera indirecta. Cuando disfrutamos de un juego de palabras (tema de uno de los ensayos), la verdad de que no hay axiomas para deducir lo que es verdadero nos toma por sorpresa y no se declara directamente. Del mismo modo con el cristianismo, como argumenta otro ensayo, se gana poco al afirmar la verdad obvia de que Dios no existe; solo anima a los creyentes a discutir contra la proposición. En cambio, es Dios quien, en su inconsciente, no cree en sí mismo, y su Hijo se da cuenta de ello en el Calvario (‘Padre, ¿por qué me has abandonado?’).

Al abarcar desde los juegos de palabras hasta el ateísmo cristiano —usando el psicoanálisis, el arte, el cine y la política— «Indirectness» le da cuerpo a su impulso filosófico: la afirmación de que la realidad no está completa, sino impregnada de una negatividad que la fantasía intenta llenar. El universo es extraño y somos extranjeros para nosotros mismos. El deseo, en el sentido psicoanalítico, da expresión a la inquietud que habita en el desequilibrio del ser, y la industria del bienestar promete métodos que ofrecerán una satisfacción directa pero imposible. A través de diversos despliegues —una dieta, un spa, meditación o pastillas— los métodos de esta industria presuponen al individuo como una persona privada y, a un paso de esto, la otra persona se convierte en el lugar de una amenaza potencial. Los teléfonos móviles contribuyen al declive de la convivencia auténtica y, como observa un colaborador, la omnipresencia de las plataformas de publicación seduce a la gente a publicar inmediatamente sus pensamientos estúpidos, maleducados o peligrosos. El antídoto contra la manía del bienestar y de la publicación exige fidelidad a la unión política y a la cordialidad; de ahí el ensayo «Camarada: un cuerpo para la política» en esta estimulante colección de artículos.

El último artículo considera las representaciones cinematográficas de la indirectez y defiende las películas de Tarantino. Etractivo, aunque no del todo convincente. Se considera que estas subvierten los clichés de Hollywood reescribiendo temas tradicionales de venganza y victimización a través de adhesiones enfáticas a grupos marginados, como negros los forajidos.
«Indirectness: a plea for truth in times of post-truth«, editado por Jela Krečič y Jure Simoniti, es publicado por Edinburgh University Press.











