Globo, Latinoamerica, Reino Unido

Pandillas: el rostro social de la no familia y la exclusión

El crecimiento de las pandillas juveniles revela el impacto de la exclusión social, la fragmentación familiar y la ausencia de oportunidades. Investigadores y trabajadores sociales advierten que la represión por sí sola no resuelve un fenómeno alimentado por problemas mucho más profundos.

 

 Silvio González

 

La presencia organizada de pandillas juveniles en Estados Unidos data del siglo XIX, aunque se asegura que ya existían desde 1780, por lo que diversos investigadores han llamado a este flagelo «la traición de la opulencia.» Existen decenas de miles de agrupaciones con una membresía calculada en más cientos de miles y hasta millones de afiliados.

La actividad pandillera está presente en todos los estados de la Unión y básicamente se observa concentrada en las grandes ciudades y también en algunas áreas rurales, según documentos del Buró Federal de Investigaciones (FBI). Las pandillas operan sobre bases raciales, aunque pueden ser también mixtas y lo hacen desde los barrios, pasando por las prisiones y hasta dentro de las fuerzas armadas donde trafican armas y explosivos según varios documentos del Pentágono.

La uruguaya y presidenta de la organización ecuatoriana «Ser Paz», experta en pandillas juveniles, Nelsa Curbelo, dijo que los jóvenes que integran las pandillas delictivas son «soldados de otra guerra: una que es contra la injusticia y la exclusión».

En los años sesenta apareció una nueva ola de pandillas urbanas que surgieron especialmente en los ghettos más empobrecidos como consecuencia de la impopular guerra en Vietnam.

Aquel conflicto provocó un serio recorte en los programas sociales y afectó seriamente las posibilidades de educación y salud de las comunidades donde residen algunas minorías étnicas.
Al mismo tiempo se produjo un incremento del racismo y de la brutalidad policial, todo lo cual fue agravado por un creciente flujo de inmigrantes pobres.

Para estos marginados sólo queda el presidio y la desesperanza en el mejor de los casos si es que no encuentran la muerte a muy temprana edad en sus vidas. La pandilla era una hermandad destinada a proteger a sus miembros y a sus comunidades de los abusos sociales imperantes.

Pandillas como familia

Ante la descomposición de la familia, el pandillerismo ha venido a sustituirla como base principal de la sociedad. Desamparo familiar, marginación y un alto nivel de rencor social, son los elementos intrínsecos del pandillerismo que es una pandemia no sólo de los países pobres, sino también de las más modernas conglomeraciones urbanas del opulento primer mundo.

«La violencia y la muerte son parte del riesgo de seguir vivo», señala Gonzalo, un integrante de las «maras» en Los Ángeles.

Para el antropólogo social, José Manuel Espinosa García, el abandono de los hijos en manos de las nanas, de la constante televisión, de familiares alcoholizados, o de una servidumbre que no los educa, ha forjado una generación que se ha nutrido de la violencia, la muerte, los asaltos y las violaciones. Cualquier niño antes de los 14 años, ya ha presenciado en la televisión o en los videos juegos cientos de miles de asesinatos violentos, violaciones, robos y asaltos a mano armada, señala un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia Las autoridades combaten a las pandillas con violencia, sin darle jamás alternativas de trabajo, educación y salud, por eso el pandillerismo es también un asunto de seguridad nacional señala la revista Time. Los valores inculcados por la familia, aunados a los factores sociales, económicos, culturales y hasta políticos, determinan la conducta rebelde de estos jóvenes, opinan Jean Pierre Dupuy y Jean Robert, autores del libro ‘La Traición de la Opulencia’.

En la región centroamericana las familias están desintegradas por falta de oportunidades de empleo. Las pandillas juveniles son un efecto de la injusticia y la exclusión, dicen especialistas como los clérigos. El muchacho de hoy ya no cree en nada, para él sólo existe el vacío que busca llenar.

Y lo hace a través de una vida acelerada y peligrosa dentro del pandillerismo. Son muchos los investigadores que han planteado una hipótesis de agresión inducida por programas de TV en niños. Para F. Gadow y W. Sprafkin, «el hecho de ver en la pantalla conductas agresivas, inducirá una conducta similar en los niños, los que la aprenderán por imitación». Para Michel Rothemberg, autor de ‘Los efectos de la violencia en la televisión en los niños y jóvenes’, en promedio hay seis veces más violencia durante una hora de televisión infantil, que en una hora de programación para adultos.

Por desatención en la familia y en la escuela, por necesidades de aceptación, por el ambiente en que crecen y por el choque cultural al emigrar a Estados Unidos donde son rechazados y sufren racismo, apunta el rotativo Los Angeles Weekly.

La cárcel no es nunca castigo para el pandillero, es establecerse muy alto en la pandilla, como alguien muy leal y comprometido, que está dispuesto a ir a la cárcel o morir por el grupo. PL

(Fotos: Pixabay)

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