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Bajo sospecha y polémica: bloques de seguridad urbana

La iniciativa para combatir en Colombia la delincuencia urbana genera preocupación por eventuales abusos de poder, la violación de derechos humanos, la infiltración de organizaciones criminales y la posibilidad de que termine utilizándose contra la protesta social.

 

Germán Ayala Osorio*

 

El anuncio del gobierno entrante, de enfrentar la creciente inseguridad en las principales urbes del país con la creación de Bloques de Seguridad Urbana (BSU) disparó las alarmas en las huestes de los simpatizantes del presidente Gustavo Petro. El propio presidente Petro calificó la estrategia de “fascismo criollo” que alentará estallidos sociales.

Por supuesto que hay riesgos alrededor de que a la operación de esos Bloques de Seguridad Urbana lleguen paracos, nuevos “tiras” (policías secretos o infiltrados) o se estimulen alianzas con específicas organizaciones criminales de ciudades como Cali, Barranquilla y Medellín, con el firme propósito de desmantelar otras estructuras delincuenciales o eliminar físicamente a algunos de sus líderes. Se trataría de “ajustes de cuentas” con la participación de agentes del Estado. En particular se atacarían a aquellos que se “salieron de control” e irrespetaron pactos firmados con agentes estatales.

Aquellos grupos que colaboren con los BSU seguirán operando en cumplimiento de tareas como sicariato, robos selectivos y microtráfico. Más claro: al igual como sucedió con el Bloque de Búsqueda con el que se persiguieron narcos en los años 90, los BSU naturalizarán la connivencia entre legales e ilegales.

Los BSU operarán jurídicamente apoyados en la declaratoria de “terrorismo urbano” con la que se persiguieron a jóvenes que salieron a las calles a manifestar su descontento por las arbitrariedades cometidas por la policía y las decisiones económicas tomadas durante el gobierno de Iván Duque Márquez.

Los vándalos y quienes salgan a protestar podrían terminar siendo perseguidos por los agentes de los Bloques de Búsqueda Urbanos. Recordemos que durante el estallido social los jóvenes de la Primera Línea fueron calificados como «terroristas, vándalos y hordas de salvajes». Aunque se trata de un anuncio, el decreto que dará vida jurídico-política a los Bloques de Búsqueda Urbanos se conocerá el mismo 7 de agosto cuando se posesione De la Espriella, el “Bukele” criollo. Los resultados operacionales de los BSU estarán alineados con las 10 mega cárceles que prometió construir el presidente electo durante la campaña electoral.

Recuérdese que se trataría de cárceles en concesión cuyo éxito económico dependerá de la cantidad de presos que ingresen pues el Estado “pagará por interno” a los privados que asuman la construcción y operación de los 10 complejos carcelarios. Sin presos, el negocio no es viable, entonces, se necesitarán masivas capturas.

Por supuesto que la propuesta de inmediato fue recibida de muy buena manera por el alcalde de Cali, Alejandro Eder, quien piensa igual a De la Espriella. Esto espetó el mandatario local en su cuenta de X: “El #BloqueDeDefensa para la Seguridad Urbana va en la dirección correcta. En Cali ya comprobamos que cuando la Fuerza Pública, la @FiscaliaCol y los organismos de inteligencia trabajan de manera articulada, los resultados llegan. Ahora el reto es redoblar esa estrategia para enfrentar con contundencia a las más de 100 bandas criminales que afectan la seguridad de nuestra ciudad y de muchas regiones del país. Cali está lista para aportar su experiencia y trabajar de manera coordinada para que los ciudadanos vivan tranquilos y los delincuentes respondan ante la justicia”.

Lo curioso de esta y de otras estrategias lanzadas por anteriores gobiernos es que ninguna hace énfasis en el desmantelamiento de las redes que facilitan la compra, venta y circulación de armas, pertrechos y explosivos. En Cali se alquilan armas para cometer homicidios y atracos y las autoridades muy poco hacen para tratar de desmantelar dichas estructuras que se mueven entre la legalidad y la ilegalidad.

Ojalá la Defensora del Pueblo, Iris Marín le ponga la lupa a la operación de los BSU para que no terminen convertidas en cooperativas Convivir de nuevo cuño y en oficinas ambulantes para el ajuste de cuentas y la persecución de jóvenes y líderes comunitarios simpatizantes de la izquierda y el progresismo.

Sería un verdadero milagro que los BSU no terminen sirviéndole a bandas criminales con ínfulas de ser una especie de policía moral anti izquierda.  Cuidado que hay más de un reservista de derecha dispuesto a «destripar» mamertos.

*German Ayala: Politólogo, Especialista en Humanidades Contemporáneas y Comunicador Social-Periodista. Autor del blog La otra tribuna.

(Fotos: Pixabay)

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