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Jardines a raudales

Los jardines son lugares fascinantes. Dicen mucho de quienes los cuidan.

 

Sean Sheehan

Camine por una calle residencial en Gran Bretaña y los jardines delanteros lo contarán todo.

Puede que vea un césped pequeño, pero bien cuidado con parterres de flores, o un trozo de césped descuidado lleno de un batiburrillo de bicicletas y cubos de basura.

Es posible que el «jardín» haya sido pavimentado para convertirse en una plaza de aparcamiento, pero, en la casa de al lado, alguien se habrá tomado el tiempo de crear y mantener un llamativo arreglo floral.

Los jardines traseros, más privados que sus homólogos expuestos, se convierten en extensiones de la casa: algunos se destinan a terrazas de madera, camas elásticas u otros artilugios, mientras que otros albergan huertos domésticos con árboles frutales. «British gardens» es un libro que analiza los jardines como expresiones de la psique del pueblo británico y, por lo tanto, en un momento en que el país parece estar en guerra consigo mismo por su identidad, no existe un modelo único. Los autores visitan y rinden homenaje a pequeños jardines, desde un callejón de Belfast cuidado por los vecinos de los alrededores, hasta los jardines islámicos de la Mezquita Central de Cambridge, a través de los jardines privados en las azoteas de los lujosos apartamentos de la antigua central eléctrica de Battersea o los huertos urbanos de Nottingham.

Jardín de Pompeya. J Dyffryn Gardens. Foto: M J Roscoe. M J Roscoe.CC License.

En su mayor parte, sin embargo, el recorrido del libro por los jardines de Gran Bretaña se centra en grandes propiedades, muchas de ellas ni siquiera abiertas al público, con las ilustraciones de magníficas mansiones rodeadas de setos recortados, extensos parterres, lagos y estatuas.

Es posible que estos jardines ofrezcan una visión del alma británica, pero también son manifestaciones de una sociedad de clases y dicen tanto de la riqueza de sus propietarios como de su amor por las plantas.

Puede que el lector llegue a desear un poco menos de estatuas y vistas grandiosas y un poco más de información sobre horarios de visita y precios de entrada, pero, supongo que es desenfocar la cuestión.

«Garden voices a year of gardeners’ writing» es un libro sobre jardinería muy diferente. Las entradas correspondientes a cada día del año llenan sus páginas con detalles y reflexiones que importan, como las de una mujer que se levantó a las 03:00 una madrugada de junio y se quedó de pie en los escalones de su jardín «casi sobrecogida por la imponente pureza de la naturaleza, cuando todo el pecado y la fealdad quedan encerrados y sumidos en el sueño».

Otra jardinera se siente fascinada por «todo lo que florece y muere tan rápidamente en el jardín», pero encuentra una verdad filosófica en lo inevitable: «Nos indigna cuando hay que esperar a los momentos supremos, los momentos de la floración… y que luego no perduren. Alcanzamos una cima y luego, tenemos que volver a bajar».

Mientras escribo esto, leo una carta de Beatrix Potter a su amiga sobre campanillas blancas entre la maleza, un cactus en flor y las malas hierbas imponiéndose a pesar de sus mejores esfuerzos por controlarlas. Estoy contigo, Beatrix.

«British gardens», de Monty Don y Derry Moore, es publicado por BBC Books. «Garden voices a year of gardeners’ writing», editado por Claire Masset, es publicado por Batsford.

(Traducción de Lidia Pintos Medina)

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