Migrantes, Multicultura

Las víctimas olvidadas del Brexit: latinos en el R.U

Desde las barreras digitales para regularizar su estatus hasta un mayor riesgo de sufrir violencia doméstica, las normas migratorias más estrictas han golpeado con dureza a esta importante comunidad migrante. Privados de fondos públicos y enfrentados a un entorno hostil, miles de personas (más de un tercio de las cuales llegó tras pasar por un segundo país, como España) siguen luchando por la estabilidad y el reconocimiento oficial en la Gran Bretaña posterior a la UE.

 

Marwan Nabli

 

Los latinoamericanos suelen trabajar en sectores como la construcción, la hostelería, la limpieza y los cuidados… Forman parte de esos trabajadores indispensables que mantienen en marcha a la sociedad británica. Y, sin embargo, desde hace casi seis años han tenido que enfrentarse a normas migratorias nuevas y más estrictas, que en ocasiones pueden sentirse como una espada de Damocles pendiendo sobre sus cabezas.

Hace seis años, los ciudadanos de la Unión Europea fueron, por supuesto, los más afectados por las nuevas normas del Brexit. Entre ellos también había latinoamericanos que habían viajado a Europa antes de trasladarse al Reino Unido.

Según No Longer Invisible, un estudio de referencia sobre la comunidad latinoamericana de Londres realizado por investigadores de la Queen Mary University of London, más de un tercio (36,5%) de los latinoamericanos había vivido antes en otro país antes de llegar al Reino Unido, siendo España el destino más habitual.

«Como ciudadanos de la UE, podían trasladarse libremente al Reino Unido antes del Brexit, pero fueron de los que perdieron ese derecho cuando terminó la libre circulación», afirma Carolina Victoria Gutierrez, responsable de Servicios en Latin American Women’s Aid (LAWA). Su organización se creó en 1987 para brindar apoyo a las mujeres latinoamericanas, en particular a las víctimas de violencia doméstica. Ofrecen servicios como «alojamiento de emergencia, asesoramiento sobre violencia de género, apoyo psicológico, asesoría migratoria, ayuda en materia de vivienda y asesoramiento general, clases de inglés y trabajo de proximidad».

«¿Cuál es mi estatus? ¿Cuál es mi situación ahora?» eran el tipo de preguntas que se hacían las personas con las que nos encontramos en 2020», añade Gutierrez. «El sistema de visados sigue siendo complicado incluso hoy. Hay tantos plazos que la gente tenía que conocer para cumplir los requisitos del settled status. Algunas mujeres también tienen dificultades para acceder a la tecnología».

Carolina Victoria Gutierrez. Foto de Marwan Nabli.

Una reflexión clave es que la sistematización de los procesos de solicitud puede resultar especialmente difícil para algunas mujeres. Si bien los sistemas de solicitud digitales y estructurados están pensados para mejorar la eficiencia, también pueden generar barreras para quienes enfrentan dificultades con el idioma, escasas competencias digitales, falta de confianza u otras circunstancias personales. Como resultado, algunas mujeres pueden necesitar apoyo y orientación adicionales para navegar con éxito por estos procesos migratorios.

Para optar al Settled Status, los solicitantes europeos debían demostrar que habían residido en el Reino Unido durante al menos los cinco años anteriores, con el fin de obtener un derecho de residencia permanente, equivalente al Indefinite Leave to Remain. El Pre-Settled Status, por su parte, se concedía a las personas que llevaban menos de cinco años en el Reino Unido y les permitía permanecer en el país hasta completar los cinco años de residencia, tras lo cual podían solicitar el Settled Status.

Carolina recuerda que «el gobierno no estaba preparado en 2020; no tenían los recursos. Nuestra comunidad desempeñó un papel muy importante».

Los latinoamericanos con doble nacionalidad que poseen un pasaporte europeo no son los únicos inmigrantes que han querido establecerse en el Reino Unido en los últimos años.

La comunidad se caracteriza por una gama más amplia de estatus migratorios, como familiares de ciudadanos de la UE, o personas que se reúnen con familiares de ciudadanos de la UE, titulares de un visado LTR del Reino Unido, dependientes de cónyuges con visados de trabajo o estudio, solicitantes de asilo y refugiados.

El Brexit ha tenido un impacto sobre quienes estaban amparados por el derecho europeo. Puso fin a la posibilidad de que los recién llegados entraran al país o trajeran a familiares para residir en él, así como a la posibilidad de que algunos de quienes ya se encontraban aquí obtuvieran el estatus de residencia a partir de una relación con un ciudadano de la UE, relación que podría haberse roto de forma permanente.

Los permisos familiares, las tarjetas de residencia y los derechos derivados dejaron, en gran medida, de estar disponibles para los nuevos solicitantes, mientras que la reagrupación familiar quedó cada vez más sujeta a normas migratorias más restrictivas en el Reino Unido.

Además del proceso migratorio, Gutierrez señala que los latinoamericanos afrontan hoy mayores dificultades económicas que antes, cuando trabajaban en empleos mal remunerados pero podían esperar ayudas sociales que aliviaran el peso del coste de vida. En cambio, ahora se enfrentan a restricciones en el acceso a los fondos públicos.

Para algunos de los miembros más vulnerables de la comunidad latinoamericana, en particular las mujeres que sufren violencia doméstica, el endurecimiento de las normas migratorias también ha hecho más difícil escapar de relaciones de maltrato y reconstruir sus vidas.

«Ahora les resulta más difícil acceder a protección y regularizar su estatus migratorio», observó Carolina.

Según LAWA, «muchas mujeres migrantes ven ahora su derecho de residencia más estrechamente vinculado al estatus migratorio de su pareja o a condiciones de visado restrictivas. El miedo a perder su estatus legal, el acceso limitado a los fondos públicos y la complejidad del sistema migratorio del Reino Unido pueden dejar a las víctimas atrapadas en relaciones de maltrato, sin atreverse a pedir ayuda o denunciar la violencia».

En este contexto, Step Up Migrant Women desempeña un papel clave. Esta coalición nacional está coordinada por Latin American Women’s Rights Service (LAWRS) y reúne a más de 50 organizaciones, entre ellas LAWA. La campaña busca «la implementación de mecanismos de denuncia segura y el fin de las políticas de intercambio de datos cuando las víctimas con un estatus migratorio inseguro denuncian abusos».

De forma más general, Carolina considera que «el Brexit creó un ambiente de hostilidad. Incluso si tenías la ciudadanía británica, seguías sintiendo que no eras bienvenido en el país».

Llegada al Reino Unido desde Colombia en 2006, recuerda haber sido objeto de un ataque en 2023, en un autobús, por parte de un pasajero inglés, porque estaba hablando en español: «Ese hombre me dijo: ‘Estás en Inglaterra, habla en inglés o vuelve a tu país’. Sentí tanto miedo que simplemente me bajé del autobús».

Carolina Victoria Gutierrez lamenta que «antes del Brexit, en LAWA conocíamos a mujeres que llegaban al Reino Unido porque tenían familia aquí, con la idea de establecerse en el país y un proyecto de vida». Añade que «el número de mujeres que decidieron regresar a un país europeo aumentó de forma significativa durante 2020/2021 debido a la incertidumbre generada por el Brexit».

Para lograr una integración plena, espera que los latinoamericanos obtengan pronto un «reconocimiento pleno». Lamentablemente, en 2026, la comunidad sigue sin ser reconocida como un grupo étnico diferenciado en las estadísticas oficiales del Reino Unido.

(Traducido por Camila marquez) – Imágenes creadas por Gemini AI

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