«Finnegans wake», de James Joyce, ha sido objeto de estudio durante mucho tiempo, pero aprender a leer el libro es una cuestión distinta, aunque complementaria. Una buena manera de empezar es escuchar sus paisajes sonoros y sus ritmos, que son únicos.
Sean Sheehan
Con un ejemplar de las páginas iniciales de la novela a mano —el James Joyce Digital Archive, con sus anotaciones enlazadas, resulta especialmente útil en este sentido—, un buen punto de partida es la lectura que hace Eimear McBride del quinto párrafo del libro (que comienza con «Bygmester Finnegan, of the Stuttering Hand…»).
Si esto despierta el apetito sin dejarte demasiado desconcertado como para seguir adelante, el siguiente paso es emprender un compromiso de por vida con la monumental novela de Joyce, con la ayuda de una lectura íntegra.
Naxos ha convocado a Barry McGovern y Marcella Riordan para producir una, y el resultado es asombrosamente logrado.
En algún momento, tener un ejemplar impreso de «Finnegans wake» puede volverse indispensable, aunque solo sea por el placer de leer pasajes en voz alta para percibir su magia. La idea de traducir el libro a otras lenguas, incluido el español, puede parecer masoquista, pero eso no ha disuadido a quienes se han atrevido a intentarlo. También continúan los intentos de hacer «Finnegans wake» más comprensible atribuyendo una trama convencional a su texto y su sintaxis de múltiples capas, pero estos esfuerzos solo llegan hasta cierto punto, porque el libro no es una obra de ficción naturalista.
Se trata de una novela no euclidiana en la que los «personajes» se leen mejor como proyecciones del yo; las diversas acusaciones contra HCE (el «personaje» cuyo nombre es Humphrey Chimpden Earwicker) son reiteraciones de las ansiedades y las dudas propias de cada uno.
Una reformulación más radical del papel del lector del Wake implica abandonar el pensamiento antropocéntrico para extender las representaciones de las relaciones inter e intra-especies al mundo no humano.
Cuando el [cada] Uno de Here Comes Everyone se entiende como algo que incluye a los animales no humanos y a otras formas naturales —como los ríos y los árboles—, el lector queda invitado a participar de la ecocrítica.
Este término, que designa la exploración de las relaciones entre una obra literaria y el entorno físico no humano, se remonta a hace más de una década, a «The ecology of Finnegans wake» de Alison Lacivita, y ahora se lleva más lejos en un conjunto de ensayos apasionante, disponible en edición de bolsillo de Edinburgh University Press.
os doce ensayos del libro abren nuevas perspectivas para apreciar lo que Joyce da a expresar: «una notable variedad de vida animal y de procesos ecológicos, tal como quedan registrados en su multivocalidad sin parangón», en palabras de los editores.
Se ha vuelto un lugar común describir el Wake como una historia universal, pero HCE (también conocido como Here Comes Everyone) fue asimismo el apodo de un político obeso cuyo imperialismo liberal Joyce probablemente ridiculizaba; el imperialismo, al fin y al cabo, es una forma de universalismo político.
Las voces de la historia —y de la ecología— resuenan a lo largo de una novela que niega el esencialismo al mostrar cómo todo lo que es solo adquiere sentido en relación con otra cosa.
«Finnegans wake — human and nonhuman histories», editado por Richard Barlow y Paul Fagan, ha sido publicado por Edinburgh University Press.
(Traducido por Camila Marquez)











