Desde las históricas luchas laborales del siglo pasado hasta la consolidación en territorio británico, la herencia latinoamericana redefine su espacio global. El trayecto de una diáspora que ya suma medio millón de personas revela el desafío constante de preservar la cultura frente a las retoricas de discriminación. Septiembre… Mes de la Herencia Latinoamericana.
Pablo Muñoz
En 1965 Estados Unidos se quedó sin uvas y llegó entonces la Huelga de la Uva de Delano. Una huelga de recolectores, en su mayoría latinoamericanos, liderados por los estadounidenses de origen mexicano César Chávez y Dolores Huerta, detonó un poderoso movimiento obrero que obligó a la nación a fijar la mirada en una comunidad hasta entonces invisible.
Tres años después, bajo sus propias consignas, estudiantes chicanos de Los Ángeles abandonaron sus clases para protestar ante las pobres condiciones académicas sufridas por los latinos. No se quedaron callados, y su eco inspiró a muchos otros.
El muralista David Siqueiros definió una vez al latinoamericano como un pueblo que “nace luchando”.
Fue el eco de la lucha de los estudiantes, de los recolectores y de los latinos en EE. UU. en los 60 lo que inspiró a los pioneros congresistas hispanoamericanos Edward Roybal y Henry González a impulsar la Proclamación 3869. Firmada en 1968, esta dio lugar a la Semana de la Herencia Hispana, el cimiento histórico que abrió las puertas al actual Mes de la Herencia Hispana. Una celebración que conmemora la vida latina en el país norteamericano y que, como toda vida, se expande ahora globalmente. Hay exposiciones en la Casa de América de Madrid. Manila y Auckland celebran festivales de cine latinoamericano, y Tokio realiza un festival de intercambio cultural. Como apuntó García Márquez al aceptar el Premio Nobel de Literatura en 1982, la respuesta del latino a la represión, el saqueo y el abandono “es la vida”.
Y en el Reino Unido se denomina «Mes de la Herencia Latinoamericana» y existe desde 2020. Según los reportes internacionales de migración, el Reino Unido está entre los países europeos que más inmigrantes latinoamericanos acoge. Estimaciones de la Coalición de Latinoamericanos en el Reino Unido (CLAUK) sitúan a esta comunidad en al menos 500.000 personas. Esta comunidad, formada durante décadas, abre una ventana al alma inmigrante del latino.
Para entender cómo la vida latina ha cambiado desde los 70 en el país, y aprender si esa “vida” de la que hablaba Gabo se siente pese al característico frío inglés, The Prisma entrevistó a Enrique Sáenz, presidente de la Junta Directiva de Latin American House, una institución en Londres con más de 40 años de trabajo en el apoyo al inmigrante latinoamericano.
¿Qué significa ser latino?
Una definición de lo que es ser latino es haber nacido en Latinoamérica y por años haber quedado expuesto a la cultura del lugar de nacimiento. Se puede no haber nacido en Latinoamérica pero, principalmente por estrechos lazos familiares, considerarse latino(a) al tomar como suyos determinados usos, costumbres, regionalismos lingüísticos, dietas, conductas, religión y un sentido de pertenencia a Latinoamérica.
Miembros de naciones originarias en Latinoamérica han experimentado o sufrido un proceso de latinización al sentir o verse forzados a adoptar prácticas culturales ajenas a la tradición de sus ancestros.
¿Cuándo y por qué razones comienzan a llegar latinoamericanos a este país?
La diáspora habría comenzado antes de los 70. Miles de personas llegaron al Reino Unido escapando de regímenes represores en sus países, particularmente de Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Perú, Colombia o Guatemala, entre otros.
¿Cómo ha variado la migración a lo largo de las décadas?
En décadas recientes, el gran número de latinoamericanos que llega al Reino Unido lo componen quienes podrían denominarse como «latinoamericanos europeos». Para gente que quizá no domina otros idiomas, como el inglés, el alemán o el francés, un lugar bastante obvio para migrar era España. Cuando la situación económica se complicó allá, quienes habían emigrado vieron una oportunidad para moverse nuevamente, y Gran Bretaña presenta oportunidades económicas por ser un país bastante rico.
¿Qué diferencias hay entre los inmigrantes de hoy y los de hace 40 años?
Conforme el péndulo de la historia ha visto el retorno de gobiernos democráticos en países de Latinoamérica, la diáspora de tipo político ha tendido a disminuir. En ese sentido, la migración política funciona como un termómetro de las libertades individuales en la región.
Desafortunadamente, la desigualdad y la consecuente precariedad económica que afecta a la mayoría de los latinoamericanos en nuestros países ha sido y continúa siendo una constante histórica que explica el mayor volumen de migración económica en años recientes.
Sin embargo, el número de latinoamericanos que llega desde Europa continental rebasa al de personas que llega directamente desde Latinoamérica.
¿Quién es más consciente de su identidad y sus raíces, el inmigrante político o el económico?
El anhelo de preservar una determinada identidad es diferente entre quienes se ven obligados a emigrar para salvaguardar su seguridad personal y la de su familia —como es el caso de los exiliados políticos o refugiados— y quienes optan libremente por abandonar su país. Yo diría que hay una mejor disposición al acomodo por parte de la gente que migra por razones económicas, a diferencia de los de carácter político, de quienes se puede pensar que tienen un sentido más vivo de la identidad. Pero es una cuestión subjetiva. Aunque se comparta un mismo origen y las mismas raíces, el sentimiento de identidad varía entre individuos, grupos y nacionalidades dentro de la comunidad.
¿Ambos se sienten igualmente orgullosos de sus orígenes?
Hay un gran y compartido orgullo entre ambos grupos sobre sus orígenes y raíces. Me gusta la idea de que, estando fuera de Latinoamérica, uno trabaja a tiempo completo en ser latinoamericano. Pero ese gran orgullo se hace público de diferentes maneras. Cuanto más establecida está una persona —al tener un alto grado de certeza sobre su estatus de residencia, una mayor aceptación social o manejo del inglés—, dicho orgullo se expresa con menos tapujos que en aquellos en situación vulnerable, que temen evidenciar sus particularidades o sus diferencias.
También hay menos limitaciones para identificarse como latinoamericano cuando se vive en ciudades como Londres, Mánchester, Leeds o Brighton, en donde la diversidad étnica, racial y cultural está más normalizada. La gente se siente menos intimidada por ser lo que es al convivir con otras comunidades, y se convierte en una pieza más de este mosaico que son esas grandes urbes.
¿Permite el Reino Unido que se valore la cultura latina?
El manejo del idioma es una barrera que enfrentan quienes provienen de países donde el inglés no ha sido impuesto. Los latinoamericanos, o la gente de color de otras identidades, deben trabajar doblemente para obtener reconocimiento; deben ser «más papistas que el papa» para ser valorados.
¿Se nota la huella o el impacto de los latinoamericanos en este país?
Sí, definitivamente. El aporte principal es cultural. Destaca Frida Kahlo en las artes plásticas, o el teórico argentino Ernesto Laclau, quien inició su carrera en la Universidad de Essex en los años 70 y desarrolló una influyente obra sobre populismo y hegemonía que posteriormente influyó la manera de entender el populismo de izquierda en América Latina.
Londres ha sido base intelectual tanto para exiliados de dictaduras militares como para personas atraídas por oportunidades académicas, emulando a figuras clave de la independencia hispanoamericana como Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Andrés Bello o Bernardo O’Higgins.
Los exiliados chilenos, argentinos y uruguayos que huían de los regímenes de los años 70 y 80 formaron pilares considerables en Londres. Desde el extranjero impulsaron campañas de derechos humanos, actividades editoriales y organización política. La capital británica se convirtió en un hogar institucional y organizativo que marcó la actividad académica y cultural del país.
¿Qué es lo que ha aportado la herencia latina a la cultura británica?
Todo lo que se refiere a la música, la literatura, la comida y el español, que tiene un uso cada vez mayor. Mucha gente quiere aprender el castellano.
¿Cuáles son los estereotipos de los latinos en este país?
Los medios han contribuido mucho a crear generalizaciones que asocian a los latinoamericanos con la pereza o la criminalidad. Una cantidad de películas y narrativas los identifican con el narcotráfico o no deseos de trabajar. Incluso la retórica del gobierno de Trump en EE. UU. reforzó la idea de que quienes migran desde el sur tienen intereses perversos. Pero son los medios, sobre todo las redes sociales, los que promueven estos mensajes, sosteniendo una narrativa que resulta en una discriminación infundada.
Parece que en EE. UU. el latino es el chivo expiatorio al ser el inmigrante principal. Sin embargo, la inmigración en Europa está más fragmentada. ¿Hace eso que la situación del latino sea más relajada respecto a la discriminación, o es indiferente?
En EE. UU., por el volumen de población que llega, el foco se pone principalmente en los latinoamericanos. En Europa esa atención se fragmenta; pero cuando surgen retóricas políticas discriminatorias contra la inmigración, se engloba a todos: latinoamericanos, africanos, asiáticos, etc.
Los latinoamericanos se convierten en una minoría dentro del conjunto de comunidades que provienen de otras regiones.
¿Cómo se defiende desde la Casa Latinoamericana la identidad latina?
La identidad latinoamericana se define a partir de toda manifestación cultural: arte, música, gastronomía, literatura, lenguaje, idioma, religión y un pasado compartido de tragedias y triunfos.
Es importante que se respete la cultura latina porque ya es parte de la sociedad británica. Por ello, el objetivo de la institución es garantizar que las personas que acudan a nosotros se sientan respaldadas y empoderadas para construir una vida estable mediante la orientación, la educación y el fomento de vínculos comunitarios.
(Fotos: Pixabay)











