Colombiano, abogado y de abiertas maneras, es el alma del grupo “Classico Latino» y el responsable de que los británicos Graham Walker y Lizzie Ball sientan y transmitan los ritmos latinos. (Memorias The Prisma)
Olga Briasco
Su idea inicial era finalizar sus estudios de abogacía en Cambridge y regresar a Bogotá, su ciudad natal. Lo hizo en 1995, pero aún no ha comprado el billete de vuelta. Aquí es feliz y, por azar, se ha convertido en un “embajador cultural” de su país.
Bajo su premisa “hay que coger las oportunidades que te brinda la vida” aceptó un inesperado reto: Interpretar un repertorio latinoamericano ante la audiencia del Cambridge.
Su formación clásica – estudió en el conservatorio de música de Bogotá – y su inexistente experiencia en el terreno musical latinoamericano complicó el reto. Sentado sobre una butaca interpretó a piano y ante una audiencia cualificada el pasillo “Vino Tinto”.
Según relata, la reacción fue “muy buena”, hecho que le sorprendió gratamente porque “en Colombia es conocida como música de antaño y a los ingleses les pareció algo muy novedoso”, “Casi revolucionario”, agrega. Esa actuación fue una paradoja pues nunca antes había interpretado el folclore latinoamericano. “Fue a miles de millas de mi país, cuando surge el interés y la posibilidad de tocar la música latinoamericana”, sostiene. A partir de ese día su vida en Londres estaría vinculada a la música y, con ella, establecería un puente cultural entre ambos países. Daría a conocer por toda Inglaterra los sonidos del bambuco, el joropo, la cumbia, el tango argentino o los valses peruanos.
Los británicos Graham Walker y Lizzie Ball le acompañan. Guevara les transmitió los sentimientos que encierran las canciones latinoamericanas y ellos lograron apartar su frío carácter para proyectar a través de su instrumento musical esa alegría y pasión latina.
Los tres componen Classico Latino y, según ha adelantado Iván Guevara a The Prisma, “estamos preparando un nuevo disco con canciones peruanas”.
¿Cómo nace el grupo?
Tras ese primer concierto, me propusieron realizar un ensamble más amplio con alguien que estuviera estudiando en el Cambridge y que lo hiciera con un instrumento de voz baritonal, como pudiera ser el chelo. Es cuando pensé en Graham Walker, un virtuoso violonchelista de 19 años que acababa de ganar el premio Unicef al mejor director de orquesta joven. Como él dice en las entrevistas: “Le intercepté en el pasillo” y le pregunté: ¿por qué no tocas conmigo música latinoamericana?
¿Cómo fue ese proceso de elaboración?
Graham esperaba que todo estuviera en partitura, como sucede en la música clásica así que cuando le dije que no las había se quedó algo confundido. Estaba tan desconcertado que me dijo que era una forma muy poco ortodoxa de hacer música.
Y, pese a ello, ¿no abandonó el proyecto?
Le expliqué que la mayoría de la música sale sin partituras porque es una expresión de emociones que se comunican con el público. El trabajo se redujo a hablar de los sentimientos de las canciones, algo que para un inglés es insólito porque, por su cultura, nunca hablan de sus emociones. Es un tema privado, pero era la metodología necesaria para poder tocar la canción con las dinámicas que él esperaba ver en la partitura. Comenzamos a trabajar sobre canciones como “El día que me quieras”, “Bésame Mucho” o “Alfonsina y el Mar”.
Poteriormente se une al dúo “Latin Serenade” Lizzie Ball.
Exacto, un año más tarde estaba pensando en un tercer instrumento cuando conocimos a la violinista Lizzie Ball, que acababa de comenzar sus estudios en Cambridge. Con ella se redondeó el sonido porque con el violín el trío queda más consolidado. Tenía el perfil adecuado y la disposición anímica para unirse a nosotros.
¿Fue complicado entrar en el círculo musical londinense?
No fue difícil porque ya nos conocían. Además, Graham estudiaba en el Royal Academy of Music y Lizzie en el Royal College of Music por lo que teníamos más oportunidades de actuar en salas.
¿Cómo recibió el público británico su propuesta musical?
Los británicos sienten curiosidad por la música latinoamericana, y más porque el grupo lo formamos dos británicos y un colombiano. Por tanto, somos un grupo británico clásico contemporáneo: Está compuesto por instrumentos típicamente clásicos (piano, violín y violonchelo) y nuestro repertorio es exclusivamente de folclore latinoamericano. El producto latinoamericano lo hacemos británico.
¿Cuánto transcurrió hasta que pudo tocar en Colombia?
Cinco años. Fue en el 2006 cuando actuamos en el Teatro Colón de Bogotá. Fue muy emocionante porque fue la primera vez que interpretaba las canciones en mi ciudad, delante de familiares y amigos y en un recinto muy emblemático para mí. Fue también un reto porque el público sí conoce el repertorio musical. Fue un éxito.
¿La puesta en escena cambia dependiendo si está en el Reino Unido o en Colombia?
En Inglaterra solemos explicar las canciones con la idea de que el público comprenda y entienda los sentimientos que encierran cada una de ellas. Si uno explica la música, la conexión es total. En Latinoamérica, quienes realizan esa introducción son Graham y Lizzie por lo que es un contenido más emotivo. El sentido no es explicar la música sino hacer un homenaje al compositor.
También ha logrado llevar la música colombiana al estudio Abbey Road, por el que han pasado los Beatles, Pink Floyd, Blur o Radiohead
Fue en la grabación del disco “Journey through Latin America”. En él contamos con la participación de un grupo muy variado de artistas y también del coro de St John’s College de la Universidad de Cambridge, quién por primera vez cantó en español.
Y, entretanto, sigue ejerciendo como abogado.
Nunca lo he dejado. Ahora mismo trabajo como ejecutivo en Land Economics Management Consultants (Lemco), una compañía que se dedica al cuidado de los bosques tropicales. De hecho, con Classico Latino compusimos un tema que se llama “Canción de la tierra”.
Usted llegó hace 17 años, ¿Cómo ha vivido el fenómeno de la inmigración?
Cuando llegué a Londres no se necesitaba ningún tipo de visa porque eran muy pocas las personas que venían al Reino Unido.
Estados Unidos, España o Francia eran destinos más habituales para los latinoamericanos pues no suponía romper con las raíces culturales. Los británicos y los latinoamericanos somos bien distintos.
Esa realidad que describe es bien distinta.
En los últimos diez años la inmigración se ha cuadruplicado. Las puertas que se abrieron en su momento ahora se están cerrando y hay más obstáculos para quienes quieren quedarse en el Reino Unido. Es una política de inmigración muy injusta, porque hace diez años no había problemas para entrar y, ahora, es mucho más difícil.
Usted obtuvo su visa. ¿Fue muy complicado?
Bastante. Me costó más de diez años conseguir la doble nacionalidad. La verdad es que cada vez se incrementan más las reglas para obtener el visado. De todas formas, si la persona cumple con los requisitos y sigue las instrucciones lo obtiene.
Entonces, no cree que las puertas estén cerradas.
Inglaterra es de puertas pequeñas que esconden grandes oportunidades. Si se tiene agresividad en buscar esas oportunidades se encuentran. Inglaterra no cierra las puertas a nadie pero tampoco las abre. (Memorias The Prisma)
(Fotos: Pixabay)











