Hace una semana el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador dijo que es momento de una nueva convivencia entre todos los países de América.
Lo dijo y sus razones fueron más que convincentes.
Dijo que es inaceptable, y que está agotado, el modelo impuesto al continente hace más de dos siglos, caracterizado por invasiones para poner o quitar gobernantes al antojo de Estados Unidos.
Obrador ha dicho que existen condiciones inmejorables para que los países de América caminen juntos, sin que nadie quede atrás. Es necesario precisar que Orador habla de las tres Americas. Explicó que hay que hacer a un lado la disyuntiva de integrarnos a Estados Unidos o de oponernos en forma defensiva; que es tiempo de expresar y de explorar otra opción: dialogar con los gobernantes estadounidenses, convencerlos y persuadirlos de que una nueva relación entre los países de América es posible.
Su demanda, proclamada dentro de la atmósfera sentimental de la ceremonia por el natalicio del Libertador entre los muros históricos del Castillo de Chapultepec, bastión de la resistencia heroica al saqueo de Estados Unidos en 1848 cuando se robó la mitad del territorio mexicano, tiene un fuerte poder simbólico.
El mandatario mexicano López Obrador conjugó la necesidad del cambio de mentalidad con la unidad para el fortalecimiento económico y comercial de Latinoamericano y el Caribe, donde prevalezca el bienestar de sus pueblos, con la necesidad de cambiar la OEA -ese monumento a la sumisión y el mercenarismo- por un organismo verdaderamente autónomo.
Es importante cómo López Obrador llega a esas conclusiones a partir del desarrollo histórico de América Latina y el Caribe en su proceso de descolonización de España y la emergencia de Estados Unidos como nuevo poder hegemónico, manipulador de los ideales de independencia, mediante su Doctrina Monroe desintegradora de los pueblos. Desde entonces –ha dicho el mandatario- Estados Unidos mantiene influencia predominante en América, excepto Cuba, nación que ha hecho valer su independencia. Haber resistido 62 años sin sometimiento es toda una hazaña.
“Creo que, por su lucha en defensa de la soberanía de su país, el pueblo de Cuba merece el Premio de la Dignidad”, aseguró.
El mandatario ha llamado a reflexionar sobre todas las aristas de la unidad con respeto a la soberanía de cada nación, pensar en los mecanismos más idóneos para su fortalecimiento económico y comercial a partir de la planeación de la política de inversión, laboral, la protección al medio ambiente y el bienestar de sus pueblos.
Estos sí son verdaderos alaridos de América en su conjunto que deben atenderse con la prioridad de su urgencia.
América debe ser nuestra, sin temores a reconocer que el modelo aplicado durante dos siglos está agotado y sucesos como la pandemia de Covid-19 muestran la validez del razonamiento de López Obrador de que llegó el momento de una nueva convivencia entre todos los países del continente. (PL)












