«The boys» trata sobre un pequeño grupo de personajes que viven en el noroeste de Londres y que, a primera vista, no parecen estar excesivamente preocupados por las fracturas y complejidades de su mundo.
Sean Sheehan
Hay poca sensación de crisis o desesperación y la novela en sí misma se lee como curiosamente anticuada para un autor, Leo Robson, que es muy versado en literatura modernista; escribe sobre temas literarios y ha sido juez del Premio Booker.
Los personajes centrales —los «chicos» del título del libro— son Johnny, el narrador, y su hermano mayor Lawrence. Su tía es Miriam, la amiga de toda la vida de Johnny es Kate, Emily es su antigua novia y Chloe es una más reciente. Los demás personajes son amigos, conocidos y, en un caso, parientes: Harvey, Rory, Jasper y su novia. Es el año 2012, la época de los Juegos Olímpicos de Londres, y las fisuras en la familia de Johnny proporcionan el motor de lo que, estructuralmente, es un drama familiar.
La escritura es alérgica a lo grandilocuente y no se permite que nada que se acerque a lo intelectual se convierta en una preocupación o un tema evidente.
Cuando alguien declara su aversión por las analogías, lo hace porque, según explica, estas sugerirían que se puede conocer lo que algo es en primer lugar: «No hay absolutos ni convenciones. Nada es, como dicen, «dado»».
Johnny pregunta con bastante razón si esto es lo que se quiere decir cuando se habla de posmodernismo y recibe una respuesta inmediata: «En realidad, no».
Aunque se nos dice que el debate continúa, el lector no tiene acceso al resto de la conversación y nunca llega a saber qué postura se defiende si no es la posmodernista.
Este tipo de opacidad caracteriza las conversaciones que conforman gran parte de la obra —la novela podría adaptarse al teatro, con varios personajes entrando y saliendo— y, curiosamente, empieza a atraer al lector. La madre de los dos hermanos ha fallecido recientemente y el dolor de Johnny, que nunca se manifiesta abiertamente, es muy palpable, ya que se aferra a momentos singulares como su último aliento, un sonido que no puede identificar pero que se convierte en algo precioso: «Apreciaba el ser de mi madre como algo inaprensible». Como otra novela sobre las relaciones familiares y las consecuencias de la muerte de un ser querido, «The boys» (Los muchachos) recorre un territorio novelístico familiar.
El terreno se vuelve más preciso cuando se hace patente la diferencia de edad entre algunos de los personajes y las reflexiones de algunos de ellos crean un espacio para la meditación.
Lawrence le comenta a su hermano que, al haber crecido en una época predigital, «en aquel entonces no teníamos tantas opiniones». Johnny recuerda el Nuevo Laborismo y las emocionantes perspectivas que ofrecía la aplastante victoria electoral de Tony Blair. Tenía 15 años en ese momento y Harvey, mucho más joven, siente curiosidad por saber cómo debía de ser sentir esperanza por el futuro.
Hay aspectos de esta historia que a veces molestan, como las interminables conversaciones, un ritmo ocasionalmente lento y la información de fondo que se queda solo en eso, en fondo, pero despierta el interés del lector.
«The boys», de Leo Robson, está publicado por Quercus.
(Traducido por Camila Márquez) – Fotos: Pixabay











