El autor de “Pure excess: Capitalism and the commodity” (Puro exceso: el capitalismo y la mercancía) no se anda con rodeos. Al igual que en su anterior obra “Embracing alienation” (Abrazar la alienación), Todd McGowan desentraña y desarrolla las ideas de pensadores de peso, y las explica con ligereza sin sacrificar su profundidad.
Sean Sheehan
La mercancía, algo que se compra o se vende por diversas razones, parece un concepto bastante obvio de entender, pero Marx escribió, en el primer capítulo de El capital, que cuando se analiza «es muy intrincada, llena de sutilezas metafísicas y peculiaridades teológicas». Inspirado por esta idea, McGowan la desarrolla en compañía de ideas psicoanalíticas y ofrece algunas reflexiones sinceras y convincentes sobre por qué comprar cosas constantemente es malo para nuestra salud mental, física y política.
El contenido de una mercancía, la cosa en sí misma, no debe confundirse con su forma, que es la promesa de plenitud, el llenar la carencia en el corazón de nuestro ser. Para el sistema económico del capitalismo, la plenitud significa sobreproducción, ir más allá de lo necesario para nosotros o para el propio sistema. El resultado es una infección en nuestras mentes que busca el exceso puro, la acumulación ilimitada. La satisfacción depende, en última instancia, de no tenerlo todo.
El concepto marxista de fetichismo de las mercancías oculta las relaciones desiguales entre las personas. Trabajamos para producir mercancías, pero los beneficios excedentes no se reparten y esto se oculta cuando la mercancía se convierte en un fetiche y se venera como un objeto con una cualidad inmaterial.
En cierto modo, sabemos que se trata de un pensamiento mágico, pero en nuestro comportamiento actuamos de otra manera.
Los anuncios de coches nos transportan a un mundo fantástico de carreteras abiertas y buena vida gracias a los gadgets del vehículo, siempre mejorados. La gente cae fácilmente en esta trampa debido a lo que Freud denominó «negación fetichista», es decir, la negación de la carencia mediante la creencia en algo o alguien que no está sujeto a la pérdida de integridad. Ya sea el próximo modelo de iPhone que salga al mercado o cualquier otra cosa, lo que se borrará es el trabajo de quienes lo producen.
El producto se vuelve sublime cuando muestra alguna parte de sí mismo que no tiene ninguna utilidad, como una marca prestigiosa. La religión se beneficia apelando a lo que el capitalismo no puede ofrecer, no la perspectiva de la vida eterna — ¿quién quiere eso realmente? —, sino el disfrute de una actividad inútil, como ir a la iglesia o rezar: «La evidencia de que Dios no existe se suma al disfrute que acompaña al acto de fe» y, para McGowan, esto crea un exceso.
El libro de McGowan destaca por sus ejemplos, como la película de 2019 “Us” y la de 1993 “El piano”, o la forma en que el coleccionista, que busca otro artículo por el simple hecho de completar la colección, no actúa como un capitalista o un consumidor.
El arte (no el arte mercantilizado del mercado del arte) es capaz de resistirse a la forma mercantil, y esto se ilustra a través de las novelas de Virginia Woolf, que abren al lector a «una lógica que se opone a la de la acumulación constante», una lógica que está al alcance de todos.
“Pure excess: Capitalism and the commodity”, de Todd McGowan, está publicado por Columbia University Press.
(Traducido por Camila Márquez) – Fotos: Pixabay











