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Trump y su agenda autoritaria y antinmigrante

Órdenes ejecutivas, represión migratoria y eliminación de políticas de inclusión marcan el segundo mandato de Donald Trump. Activistas denuncian una cacería contra comunidades inmigrantes, mientras el presidente combina venganza política, retrocesos democráticos y un discurso racial que profundiza el miedo y la incertidumbre.

 

Deisy Francis Mexidor

 

Rápidos cambios en políticas de inmigración, economía y relaciones exteriores, impulsados a golpe de más de 200 órdenes ejecutivas con un poder sin frenos, así podría describirse el primer año del segundo mandato de Donald Trump en Estados Unidos.

Irma Lozano activista, inmigrante y residente en Estados Unidos hace más de 45 años. Para ella, para su familia, para sus amigos y su comunidad, el primer año de Trump “ha sido de sufrimiento extremo, de angustia e incertidumbre, pues el caos al que nos ha sometido este presidente y el MAGA (Make America Great Again) pareciera no tener fin”.

Dice que es “evidente el carácter fascista de este gobierno que con sus actuales políticas nadie está a salvo y me refiero especialmente a la cuestión de los inmigrantes”.

Si bien Joe Biden construyó su presidencia en torno a la idea de que la democracia estadounidense sufrió un golpe sin precedentes el 6 de enero de 2021, cuando simpatizantes de Trump asaltaron el Capitolio federal y en base a ello trabajó porque los culpables rindieran cuentas, el republicano invirtió esa premisa. Trump indultó a más de mil acusados, nombró a negacionistas de las elecciones de 2020 para altos cargos y utilizó recursos estatales para encubrir el asalto al Capitolio.

Según la publicación Axios, el presidente se empeñó en la venganza tras sobrevivir a cuatro procesos judiciales, atacando a sus enemigos políticos con investigaciones y acusaciones que han destrozado cualquier pretensión de independencia del Departamento de Justicia.

Además, eliminó los marcos de diversidad, equidad e inclusión del gobierno y emprendió una amplia campaña contra las universidades e instituciones que considera promotoras de la agenda “progresista” de la era Biden.

Trump combinó ese retroceso con un resentimiento racial explícito, al argumentar que las protecciones de los derechos civiles han perjudicado a los estadounidenses blancos, al tiempo que ha reposicionado al gobierno federal como su defensor.

Este cambio coincidió con una represión agresiva contra la inmigración, tanto legal como ilegal, con Trump señalando a comunidades de color, incluidas las de origen somalí en Minnesota, mientras extendía protecciones especiales de refugiados a los sudafricanos blancos, recordó la publicación.

Lozano cree que en los últimos 12 meses se desató “una cacería en nuestras comunidades y no se trata de que andan en busca de lo peor de lo peor, como plantea la secretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem”.

“La mayoría de los inmigrantes en este país somos trabajadores dignos, respetuosos de la ley, pagadores de impuestos y los aportes enormes a esta economía son evidentes”, enfatizó la activista de origen salvadoreño.

Precios altos

Para el periodista David Montgomery, “en su segundo mandato, justo antes del aniversario 250 de la nación, Trump está demostrando lo vulnerable que es la democracia estadounidense frente a un presidente con instintos autoritarios”. Durante los últimos 12 meses “solo ha aprobado una ley importante, la que él llama la ‘Gran y Hermosa Ley’ y en lugar de buscar el consenso político para aprobarlas, gobierna mediante acciones ejecutivas unilaterales”.

Trump hizo campaña prometiendo, entre otras cosas, reducir precios desde el primer día en el cargo.

Sin embargo, “los precios de los productos de primera necesidad están cada vez más caros y la falsa promesa de bajar el costo de la vida se esfumó como todo”, comentó Irma Lozano al precisar que “al contrario, la política de irrespeto a otros países y la imposición de aranceles hace que muchos productos suban su valor”.

Como ella, muchos ciudadanos de Estados Unidos se cuestionan en la actualidad si el presidente Trump tiene las prioridades correctas en su gestión porque cada vez se enfoca más en la intervención extranjera, al menos eso dicen las encuestas. Alrededor de seis de cada 10 estadounidenses desaprueban cómo Trump está llevando la política exterior, y el 56%, la mayoría, cree que ha “ido demasiado lejos” al usar el ejército de Estados Unidos para intervenir en otros países.

De acuerdo con un sondeo de The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research, Trump muestra sutiles signos de vulnerabilidad, porque sigue sin convencer a los votantes en lo más crucial: la economía.

Conquista del mundo

Durante el último año, Trump despidió a miles de funcionarios de carrera, al imponer pruebas de lealtad entre la fuerza laboral federal, desmanteló agencias y para eso se hizo del Departamento de Eficiencia Gubernamental liderado por su entonces casi mano derecha Elon Musk.

También se desmarcó de Biden en el tema del calentamiento global. El demócrata trató el fenómeno como un peligro existencial y le dio prioridad en su agenda, pero Trump calificó el cambio climático un “engaño” y declaró la guerra a las energías limpias defendiendo los combustibles fósiles.

En cuanto al multilateralismo, Biden basó su política exterior en la afirmación de que “Estados Unidos volvió”, dio valor a las alianzas, a la OTAN y el apoyo a Ucrania, mientras Trump está tratando de imponer un nuevo orden mundial con su doctrina de la paz mediante la fuerza y la visión de ‘Estados Unidos Primero’.

Los aranceles de Trump, anunciados en abril de 2025, se han convertido en un instrumento de presión política.

Analistas plantean que Trump se aleja de las alianzas imperantes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, que en sus propósitos se distanció de aliados tradicionales como Europa, y que retiró a Estados Unidos de varios organismos de la ONU y otros entes internacionales.

El mundo -dicen sus críticos- está menos seguro con Trump. El mandatario, aunque ha planteado su vocación de paz (exigiendo premios por ello), ordenó el ataque el pasado 3 de enero a Venezuela -una nación soberana rica en petróleo- que derivó en el secuestro de su presidente constitucional Nicolás Maduro.

James Monroe, el quinto presidente de Estados Unidos, declaró en 1823 una política que buscaba resguardar a la región del avance de las potencias ajenas al continente (Doctrina Monroe). Trump ahora parece buscar una directriz similar, que incluso han dado en llamar Doctrina Donroe tras la agresión a Venezuela.

Ha amenazado con emplear el uso de la fuerza contra Cuba, México, Colombia, Irán y Groenlandia, y en su momento intimidó con tomar el control del Canal de Panamá, un tema que, aparentemente, por estos tiempos anda en pausa.

Al resumir su criterio sobre estos 365 días de Trump al frente de Estados Unidos, el periodista David Montgomery fue preciso: “A quienes discrepan -universidades, abogados, jueces, medios de comunicación, seguidores decepcionados, funcionarios demócratas, estados demócratas, naciones extranjeras- los castiga con insultos, demandas, investigaciones, recortes de financiación, el despliegue de la policía federal, aranceles, bombardeos y amenazas de anexión”. PL

(Fotos: Pixabay y generadas por IA ChatGPT, libres de derechos de autor)

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