La legalización del matrimonio igualitario en Cuba no borró décadas de discriminación ni las contradicciones de una revolución que persiguió a parte de la comunidad LGBTQ+. En “Quba!”, la cineasta estadounidense Kim Anno reconstruye el camino hacia el reconocimiento legal a través de las voces de quienes sostuvieron esa lucha.

Pablo Muñoz
El 25 de septiembre de 2022 Cuba acudió a las urnas. La presión social y la de lasiglesias evangélicas hicieron que el gobierno cubano no incluyera la definición de matrimonio como la “un
ión de dos personas” en su reforma constitucional de 2019. En su lugar, proclamó en el artículo 82 que la ley es la que determina cómo se constituye esta “institución social y jurídica”.
En la Disposición Transitoria Decimoprimera de esta carta magna, se estipuló que sería un referéndum popular el que dirimiera sobre el proyecto de Código de las Familias, que legislaría sobre la forma de constituir el matrimonio.
Impulsado por Mariela Castro Espín, hija de Raúl Castro y diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular, el nuevo Código abriría las puertas al matrimonio homosexual, por lo que fue llamado el “Código de la igualdad” por el presidente Díaz-Canel.
Los esfuerzos políticos reflejan años de lucha de los sectores queer en Cuba. Kim Anno, una pintora, fotógrafa y cineasta estadounidense, comenzó en 2016 un proyecto para documentar el último empujón del proceso hacia la legalización del matrimonio homosexual en la isla. En su documental “Quba!”, que presentó este octubre en la primera edición del London Latino Film Festival, se narran las diferentes historias de resiliencia y determinación de una lucha que culminó convirtiendo a Cuba en uno de los nueve países latinoamericanos que reconocen este derecho.

Durante el Festival, que tuvo lugar en Londres entre el 2 y el 6 de octubre, The Prisma entrevistó a la cineasta sobre la importancia de este trabajo, el cual recibió el premio al mejor documental del London Latino Film Festival.
¿Por qué decidió documentar la fase final de este proceso legal en Cuba?
Este es el primer país comunista del mundo que ha garantizado derechos humanos para la comunidad LGBTQ+. Es una historia única. Comenzó en los años 70 con Vilma Espín, esposa de Raúl Castro. Trató de introducir las uniones civiles pero la población estuvo en contra. Su hija Mariela Castro cogió el relevo como líder, pero no es la única líder. Otra gente lleva en la lucha ya más de 40 años, como la legisladora trans Adela Hernández, o Ramón Silverio, un dramaturgo y promotor cultural cubano. También hay gente joven apoyando el movimiento, como Las Isabelas, en Santiago. Hay apoyo y organizaciones que defienden los derechos LGBTQ+ por todo el país.
En mi país —EE.UU— hay gente que es completamente fascista y autoritaria en el gobierno, y estoy segura de que querrían erradicar todos los derechos LGBTQ+. Hay 1.200 proyectos de ley en la totalidad de los Estados ahora mismo, en los que se intenta denegar nuestros derechos. Así que tenemos que surfear esta ola y continuar mostrándonos y decir: “Esto es lo que tenemos que tener: liberación y democracia para todos, no solo para unos pocos.”

¿Cómo se recibió en la isla el documental?
El estreno mundial fue en Nueva York. Después fue proyectado en cinco ciudades cubanas, donde la gente le dio un recibimiento maravilloso. Muchos vinieron, lloraron…
¿Por qué piensa que ha tardado tanto un país comunista en reconocer el matrimonio homosexual?
La posición del machismo y del control autoritario hace que estos países sean muy patriarcales. Por ejemplo, actualmente China manda a personas del colectivo a centros de detención. La situación se ha endurecido en estos últimos ocho años porque Xi Jinping es muy autoritario y patriarcal. La homofobia en estos países es consecuencia de la importancia de las fuerzas patriarcales y el autoritarismo.
Pero en el documental se muestra cómo los cubanos LGBTQ+ enaltecen a sus líderes revolucionarios, como Fidel o el Che, ambos con retórica homofóbica en el pasado. ¿Cómo se reconcilian con esa faceta de estos líderes?
No fue hasta 2010 que Fidel se disculpó por la homofobia y transfobia por parte del Estado en el periódico mexicano La Jornada. No lo hizo en Cuba, sino en México, porque él quiso que sus disculpas las oyera toda Latinoamérica. Todos los líderes cometen errores, y a Adela Hernández le pregunté lo mismo.

Ella estuvo en la cárcel. Me dijo que fue “una porquería, fue horrible”, pero entiende que un líder puede ser bueno o malo y, aun así, cometer muchos errores. Algunos de esos errores los tienes que reconocer. Le perdonó porque, me dijo, “todas las personas tienen algo que aprender. Incluso nuestros líderes”.
Recuerdo a Maurice Bishop, el presidente de Granada, retransmitiendo mensajes por la radio disculpándose por haber dicho algo sexista. Sé que les tomó mucho tiempo pedir perdón. Cuando estás siendo discriminado, cualquier cantidad de tiempo es demasiado tiempo, pero al menos la disculpa llegó.
En el documental, Ramón Silverio habla de que la gente de los pueblos siempre les ha recibido y apoyado. ¿Por qué piensa que en las regiones se ha apoyado más que en las grandes ciudades?
Creo que Ramón está siendo un poco optimista. Cuando grabamos los espectáculos drag que organiza, en los pueblos vi a jóvenes con risitas por detrás. Lo que creo que dice es que visita esas regiones repetidamente y así, paulatinamente, convence a la gente. No es que vaya una vez y ya; lo lleva haciendo 30 años. Empezó en Santa Clara, una ciudad que transformó a través de El Mejunje, un centro cultural LGBTQ+. Pero él quería llevar sus shows a las ciudades y pueblos pequeños.
Utiliza el arte y la música como medio. En Cuba eso es el lenguaje universal. El arte, la danza, la música… Cuando se mezclan con el cambio de ideas en una población con actitudes discriminatorias, resulta ser de la mayor calidad.

El documental acaba en un tono alegre con la noticia de que el Código de las Familias fue aprobado por el 66,87 % de los votos válidos. Pero ¿cómo habría acabado su documental si hubiera ganado el «No»?
Mi idea era acabar el documental antes, porque en 2018 tumbaron el artículo 68 del borrador de la nueva constitución, que hubiera dado el derecho al matrimonio igualitario entonces. La presión de la Iglesia Evangélica, que cuenta hoy con 300.000 prosélitos en la isla, fue la razón de su fracaso. Estaba dispuesta a acabar ahí el documental, con un final agridulce, mostrando cómo a los activistas les habían ganado la batalla. Pero me convencieron de que continuara. Los mismos activistas fueron los que, convencidos, me dijeron: “No pares. Vamos a ganar.”
(Fotos suministradas por la entrevistada para The Prisma)











