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Prohibido olvidar (1): Ida Gutsztat, memoria del horror

Nació en Cuba en 1948, 25 días después de que sus padres lograran desembarcar en la isla tras huir de los crímenes del nazismo, régimen que destruyó a su familia y le arrancó su pasado.

 

Glenda Arcia con la colaboración de Harald Neuber

 

Más de siete décadas después, la hija de uno de los hombres que logró escapar del campo de concentración de Auschwitz nos cuenta lo poco que conoce de sus orígenes polacos, lo terrible del período de la historia que le tocó vivir a sus antecesores y lo difícil de volver la vista hacia atrás y no encontrar nada.

“No tengo hacia dónde mirar, -confiesa en diálogo con Prensa Latina.– A mi familia la destruyeron totalmente. No conocí a mis abuelos, ni a mis tías y primos. Nada. De la parte materna no vi nunca ni fotos; de la paterna sé algo porque mi abuelo se fue para Estados Unidos en 1922.”

“Mis padres no hablaban sobre el tema. A la mayoría de las personas que sobrevivieron el Holocausto no le gustaba conversar sobre eso porque significaba retornar a una etapa de su vida bastante triste y dolorosa”, señala.

Pese a lo desgarrador de su historia, Ida intenta reunir los pocos detalles captados a lo largo de los años y recuerda algunos comentarios realizados por su madre sobre las calamidades vividas en el gueto de Varsovia, establecido por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) como parte de sus planes de exterminio.

Para ella fue horrible, era enfermera en el gueto y mi hermana era muy pequeña en aquel entonces. Pasaban hambre y había muchas enfermedades”, comenta.

“A mi papá lo llevaron al campo de concentración de Auschwitz y casi finalizando la guerra lo trasladan a Auschwitz Birkenau (a unos pocos kilómetros del primero). En una parada que hizo el tren se escapó un grupo de prisioneros. A algunos de ellos los mataron y otros sobrevivieron. Entre los que sobrevivieron se encontraba mi papá”.

Cuenta Ida que sus padres habían pactado reunirse en un lugar determinado si lograban llegar con vida al final de los horrendos crímenes cometidos por las fuerzas de Adolf Hitler (1889-1945) contra la comunidad judía y otros sectores de la población como los homosexuales, discapacitados y comunistas.

“Cuando terminó la guerra se reencontraron en ese sitio. Toda la familia de mi mamá había muerto y por la parte de mi papá solo quedaban dos hermanas suyas y mi abuelo, quienes se habían ido a Estados Unidos. Después de reunirse y lograr un poco de estabilidad, mis padres decidieron marcharse a ese país”, recuerda.

“Mi mamá estaba embarazada de mí y se fueron en un barco, pero al llegar a Estados Unidos no los dejaron desembarcar porque eran refugiados de guerra. A mi madre le faltaba poco tiempo para dar a luz y mi hermana era una niña, por lo que mi abuelo les aconsejó que fueran a Cuba y más tarde él vendría a vernos. Así lo hizo en dos ocasiones antes de fallecer. Llegaron a la isla en 1948 y yo nací 25 días después”, añade.

La pequeña familia se estableció en la Mayor de las Antillas y tuvo que adaptarse a un nuevo idioma y a otras costumbres, pero mantuvo siempre la práctica de los principios y tradiciones judías.

Con la ayuda del abuelo, el padre abrió una imprenta y más tarde fue empleado de la Empresa de industrias gráficas. También se dedicó a impartir clases de ruso y polaco.

La madre fue traductora en la Unión de Jóvenes Comunistas y las pequeñas se formaron en las escuelas cubanas. Ida es Licenciada en Control Económico y máster en Gestión de la Información. Ha dedicado más de cuatro décadas de su vida a la Universidad de La Habana, donde todavía trabaja. Como parte de la Marcha por la Vida, iniciativa impulsada por la Comunidad Hebrea de Cuba, Ida visitó Polonia en 2006. Ella y otros miembros de esa institución siguieron la ruta de los prisioneros de la Alemania nazi que eran trasladados de un campo a otro para ser asesinados.

“Fuimos a museos y a centros de exterminio como Auschwitz, Auschwitz Birkenau, Majdanek yTreblinka, donde se hacían torturas horribles. Pude conocer algo de mi pasado y estuve incluso en la calle del gueto de Varsovia donde vivió mi mamá, pero fue terrible.

Fueron los días más tristes de mi vida”, asegura.

“Según pasa el tiempo -comenta-, la gente empieza a pensar que se trata de una historia de ciencia ficción, pero todo eso ocurrió. Hay que ir a esos lugares y recordar lo que pasó, sobre todo ahora que el antisemitismo ha tomado tanta fuerza”.

“Siempre me pregunto cómo es posible que aumente el racismo y todo lo que va en contra de cualquier miembro de la humanidad. Eso lo único que trae es muerte, desgracias y tragedias”. (PL)  (Serie “Prohibido Olvidar”. Part 2)

(Fotos: Pixabay)

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