Europa, Globo, Reino Unido

El virus sobre el cual ya nadie quiere escuchar

En una de las regiones de Europa más afectadas por la pandemia, la gente ya no sigue las reglas de seguridad. Parece que nadie está preocupado por una posible segunda ola.

 

Nathan Raia

 

Lidiar con la emergencia de Covid como inmigrante en Inglaterra no es nada fácil, y muchos han experimentado los mismos temores, ansiedades y dificultades. De hecho, en el Reino Unido hay 9,5 millones de ciudadanos nacidos en el extranjero. De ellos, 3,7 millones proceden de países europeos, una de las zonas geográficas más afectadas al inicio de la pandemia, que tiene más de 30 millones de casos confirmados y  casi un millón de muertos.

Como yo, muchos otros migrantes tuvieron que dejar a su familia y su tierra, y ahora, desde el exterior, día tras día, tenemos que ver cómo crece el número de afectados por el Coronavirus, por ejemplo, en Europa. Y eso genera muchas preocupaciones. Se teme que alguien a quien amas también sea víctima del virus.

Con tan solo unas semanas de retraso, en comparación con Italia, el Reino Unido también comenzó a tener un crecimiento exponencial en los casos de Covid-19, generando una enorme preocupación para los padres lejanos de los numerosos inmigrantes. A esta preocupación se suma la mala gestión de la pandemia por parte del gobierno.

Pese a las dificultades para viajar, muchos inmigrantes han regresado a sus países de origen para pasar estos tiempos oscuros cerca de sus familias.

En mi caso, después de consultar con la embajada de Italia, decidí pasar los meses del encierro en Londres y cuando las medidas restrictivas se relajaron y nuevamente fue posible volar, fui a visitar a mi tío cerca de Milán.

Desde luego, en tan solo unos meses, la forma de viajar en avión ha cambiado mucho, o eso parece una vez que cruzas el umbral de un aeropuerto.

Diversos carteles recuerdan a los pasajeros que mantengan una distancia segura, que lleven siempre un tapabocas.

Pero una vez a bordo todos los asientos están ocupados, sin ningún tipo de distanciamiento intrapersonal. Afortunadamente, durante el viaje el uso de la máscara es obligatorio para pasajeros y tripulación.

Aterricé en Lombardía, con más de 97.000 casos y casi 17.000 muertes, que tuvo uno de los primeros brotes de Covid en Europa. Allí, apenas tres meses antes, camiones militares transportaban los cuerpos de los muertos fuera de las ciudades, para ser quemados a toda prisa, ya que incluso los muertos representaban una amenaza para los vivos, pero ahora todo parece haberse olvidado.

Italy. Photo by Florencia Alvarez

La población está cansada de escuchar sobre el Coronavirus, de tener muchas imposiciones y menos libertad.

Pese a que es obligatorio el uso del tapabocas cuando no se puede respetar la distancia interpersonal, solo unos pocos respetan esta regla. Y, desafortunadamente, a la mayoría  no le importa poner a otros en riesgo.

Por ejemplo, una noche, estaba con unos amigos en la terraza de un bar y, cuando estaba a punto de entrar a pagar la cuenta, me puse el tapabocas pensando en no  propagar el virus en caso de que me hubiera infectado previamente.

Pero el dueño del lugar, sentado al lado de la puerta principal, me dijo que me lo quitara, sin importarle la seguridad de sus empleados.

Lo curioso es que varios comerciantes se quejan que, debido a la pandemia las ventas han caído. (Según ellos, un 30% menos que el año pasado) que está poniendo de rodillas a la economía, no solo a la italiana sino a la del mundo entero.

Sin embargo, ellos mismos no respetan las reglas o no hacen que sus clientes las respeten, aumentando así el riesgo de una segunda ola y un segundo confinamiento, para lo cual muchos comerciantes no tendrían suficientes recursos económicos para hacer frente, como se supo hablando con camareros y dueños de restaurantes.

Además, los jóvenes no son conscientes de que el Covid-19 todavía está entre nosotros.

De hecho, los bares y discotecas están superpoblados, nadie lleva máscara, todo el mundo se da la mano, se dan besos y abrazos, se intercambian vasos de alcohol y se intercambian porros. Ninguno se da cuenta de que al hacerlo pueden convertirse en vectores de transmisión, con el riesgo de infectar a sus familias.

Además, se han reiniciado las fiestas rave ilegales, donde cientos de personas se reúnen cada semana, mudándose de condado en condado y llevándose el coronavirus con ellos.

Muchos están ansiosos por volver a la vieja normalidad, están cansados ​​de llevar tapabocas, ya no quieren tener limitaciones.

Pero, como afirman muchos periodistas italianos, todo esto está derivando en una falta total de evaluación de la realidad, y la gente está asumiendo demasiados riesgos y poniendo en riesgo la salud de todos.

Lamentablemente, al escuchar el debate político llevado a cabo por la extrema derecha, uno se da cuenta de que no se ha aprendido nada.

Muchos investigadores y médicos creen que todavía hay demasiado desconocimiento, que se subestima la situación.

En Italia, ahora, se apunta con el dedo a los inmigrantes que desembarcan en las costas sicilianas, acusados, por Matteo Salvini y otros, de traer el virus a Italia y también de propagarlo al resto de Europa, arremetiendo contra quienes lo intentan para salvarse de otros peligros, de otras “enfermedades”, en este caso enfermedades sociales, como las guerras y la pobreza.

Lo mismo ocurre también en Inglaterra, donde siempre somos los inmigrantes, los acusados ​​de traer el Covid-19 al país.

Olvidamos que el Covid viaja cómodamente a bordo de aviones, cruzando fronteras en unas horas, siendo transportado, de ciudad en ciudad, por ciudadanos irresponsables e inconscientes.

Por ejemplo, en Italia, el 75% de los infectados son italianos que han contraído el virus de otros italianos. Esas son las mismas personas que no se preocupan por nuestra sociedad y, aunque son conscientes de ser positivos ante el Coronavirus, salen, se mueven, viajan y conocen gente, propagando la enfermedad.

(Traducido por Mónica del Pilar Uribe Marín) Fotos: Pixabay

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