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Asesinatos piadosos

Pero los nazis no inventaron la eutanasia, la copiaron de eugenecistas liberales británicos, americanos y escandinavos. Estos liberales fueron motivados por humanitarios deseos de ayudar a personas con una vida considerada no digna.

 

Steve Latham

 

En una extraña ironía el tema de la eutanasia fue planteada recientemente por dos noticias contrapuestas.

Tony Nicklinson, que sufría el síndrome del cautiverio y sentía que su calidad de vida era insufrible, perdió su caso de poder morir de una muerte digna.

En la misma época se llevo a los tribunales otro caso diferente en el que los médicos habían recomendado no resucitar a un paciente en estado vegetativo por sufrir un infarto de corazón. La familia se negó porque no se había consultado con ellos y como musulmanes practicantes creían que la vida debe de ser preservada hasta que se desvanezca toda esperanza de recuperación.

Es un dilema complicado. Se me hace muy difícil imaginar algo tan horripilante como sufrir el síndrome de cautiverio, por el que te quedas paralizado e incapaz de comunicarte pero que además, y horrorosamente, estas completamente consciente.

La calidad de vida y el dolor son intensos aunque a veces, como ocurre en el caso de Tony Nicklinson, un leve movimiento, como por ejemplo de ojos, ofrece las bases para una comunicación mínima.

La cuestión es si se les debería permitir a los médicos que ayuden a acabar con la vida de alguien que sufre una condición terrible pero que no es terminal.

Los dos casos mencionados son diferentes de dos maneras. Primero, Tony Nicklinson era capaz de expresar su deseo de acabar su vida mientras que el otro hombre, al estar inconsciente, no pudo ser consultado. Segundo, estos casos pusieron de relieve la diferencia entre acabar una vida activamente, como en el caso de Nicklinson, y acabarla pasivamente retirando al paciente la asistencia artificial.

En la práctica esta distinción es difícil de hacer. Por ejemplo, en el caso de enfermos terminales la morfina se usa a menudo como calmante para le dolor sabiendo que, en ciertas dosis, puede acabar con la vida de un enfermo terminal.

Los médicos están divididos, algunos piensan que es humano acabar con el sufrimiento de alguien ayudándoles a tener una muerte digna.

Otros, sin embargo, piensan que esto es una traición a el juramento hipocrático mientras que a muchos otros les recuerda a los campos de concentración nazis.

Pero los nazis no inventaron la eutanasia, la copiaron de eugenecistas liberales británicos, americanos y escandinavos. Estos liberales fueron motivados por humanitarios deseos de ayudar a personas con una vida considerada no digna. Pero ¿quien decide si sus vidas no son dignas?

Incluso cuando los pacientes eligen la eutanasia su capacidad de tomar esa decisión es cuestionada.

En algunos casos, las familias pueden ejercer presión o los mismos pacientes pueden sentirse una carga para otros.

Además, una vez que es posible y esta permitido, elegir morir se convierte en una opción imaginable. ¿Pero, es realmente aconsejable basarse únicamente en una voluntad autónoma e individual?

En tal caso, el respeto por la vida podría verse minado y quizás nos estemos encaminando hacia una cultura de la muerte, con el propósito de la medicina convertido en un instrumento para morir, en vez de para vivir.

Aunque a veces parecen arbitrarias, las cuestiones morales y medicas presentan un gran desafío; el paciente del infarto fue declarado posteriormente en estado no vegetativo. En cuestiones de vida o muerte, ¿es la fe religiosa, en este caso la musulmana, la única que puede sentar las bases para valorar la vida?

(Traducido por Ione Aldaz)

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