Globo, Luchas, Sindicatos, Trabajadores

Todas las luchas deben estar unidas, pues todos estamos oprimidos

Este es el pensamiento de Selma James, quien aboga por la unión entre el feminismo, el antirracismo y los movimientos ecologistas, y para quien una Renta de Cuidados es un instrumento para acabar con la pobreza, reducir las desigualdades y proteger el planeta.

 

Juanjo Andres Cuervo

 

Desde la publicación de “A woman’s place”, Selma James siempre ha protestado para acabar con el racismo, especialmente el institucional que proviene del Estado.

Alaba el papel de «las mujeres de color, e incluso de las mujeres que no tienen la documentación» en esta lucha.

No hay duda de que su trabajo ha sido esencial para cambiar la conciencia social y mejorar las condiciones de las mujeres. Pero ha sido un largo camino y aún queda mucho por conseguir. Selma ha sido testigo de las dificultades de la lucha por la igualdad.

En 1972, fundó la Wages for Housework Campaign, con el fin de reunir a las mujeres asignadas al trabajo doméstico y a las tareas del hogar. El objetivo de este movimiento era cambiar su situación de dependencia, invertir las relaciones de poder y redistribuir la riqueza que producían. Es decir, borrar el «trabajo no asalariado» realizado por las trabajadoras del hogar y las cuidadoras.

Según Selma, esto debe concretarse en la renta de asistencia (Care Income), un mecanismo «para acabar con la pobreza de las madres y los niños, y para animar a todos los géneros a cuidar y proteger el mundo natural, el suelo y el clima».

Para la emancipación de las mujeres, la Renta de asistencia es fundamental, ya que les proporcionará más libertad para seguir buscando proyectos innovadores para proteger la Tierra.

Incluso en el programa del Green New Deal for Europe se afirma que es necesario «implementar una renta de asistencia para compensar actividades como el cuidado de las personas, el entorno urbano y el mundo natural».

En otras palabras, para crear un nuevo tipo de sociedad, más sostenible y colectivista, hay que cambiar las condiciones materialistas para dar un poder real al pueblo.

Sin embargo, la lucha está lejos de ser sencilla. A pesar de haber establecido redes en todo el mundo con muchas organizaciones diferentes, Selma lamenta el «cisma en el que están divididos todos los seres humanos: por género, por raza, por preferencia sexual o por edad». Para resolver esta situación, «hay que entender cada una de esas divisiones, respetarlas y luego cambiarlas». Para unir a toda la sociedad, Selma subraya la importancia del Crossroads Women’s Centre de Kentish Town, donde celebramos la entrevista, un lugar en el que trabajan juntos más de una docena de grupos, estableciendo redes a escala mundial.

Este modelo de solidaridad internacional no conoce fronteras e incluye alianzas «con presas, mujeres lesbianas, trabajadoras del sexo, solicitantes de asilo o mujeres de color». Además, muchos hombres se han unido a la lucha, y ella elogia a los que se organizan por «negarse a ir al ejército, que rechazan las guerras que ha iniciado el capitalismo».

En el pensamiento de Selma, la necesidad de cooperación es fundamental: «unimos todas las luchas juntas. Todos estamos oprimidos, no queremos separatismos».

En la segunda parte de la entrevista con The Prisma, Selma James habla de la Campaña de Trabajo Doméstico por Salario, de la importancia de la Renta de Cuidados y de la solidaridad internacional para unir a diferentes grupos contra el capitalismo.

“A woman’s place” se publicó en 1953. ¿Cómo ha cambiado la relación entre hombres y mujeres desde entonces?

Las cosas han mejorado en muchos aspectos. Hoy en día, las mujeres no tienen que pedir a sus maridos ciertas cosas.

Recuerdo haber ido a la oficina de correos en 1972, el lugar donde las mujeres iban el día de la asignación familiar a cobrar su dinero. Era el equivalente al subsidio familiar de hoy, y les pedí que firmaran una petición, porque el Gobierno quería quitarles ese derecho. En aquel entonces, una mujer decía que no firmaría nada que su marido no hubiera leído antes.

Pero yo decía: «Señora, quieren quitarle la asignación familiar», y ella respondía: «¿Dónde tengo que firmar? Este es el único dinero que puedo llamar mío». Esa era la respuesta. Uno de los problemas es que muchas mujeres han pensado que la única manera de resolver sus problemas es conseguir un trabajo y ahorrar dinero. En 1970, conocí a una mujer que consiguió la igualdad salarial, y esto se anunció dentro de la fábrica. Era una mujer de las Indias Occidentales, y dijo en voz alta «Voy a pagar la mitad de la hipoteca», y eso sería el fin del dominio masculino. Ese era el significado de la igualdad para ella.

No fue tan fácil, y esto representa un grave cisma a partir del cual todos los seres humanos están divididos. Primero por el género, luego por la raza, por la preferencia sexual, por la edad… estamos divididos de tantas maneras, y cada una de esas divisiones tiene que ser comprendida, respetada y luego cambiada.

Precisamente por eso la gente debe unirse contra el capitalismo.

Quiero acabar con el racismo, y en primer lugar, con el racismo que viene del Estado. Viene con la diferencia del empleo, la policía, la vivienda o la educación.

Las mujeres luchamos contra eso, y no se nos reconoce el trabajo que hacemos contra el racismo. Las mujeres de color siempre han luchado, incluso las que no tienen la documentación. Es muy importante reconocer a las personas que hacen la lucha.

Es necesario aumentar el poder de las mujeres, porque el trabajo de cuidado es también un deber de los hombres y de todos los géneros.

Hay que entender que la división entre hombres y mujeres es entre los que hacen el trabajo asalariado y el no asalariado.

Nosotras, como mujeres, queremos dinero y el reconocimiento de nuestro trabajo. Está mal que nos ocupemos de otras personas, pero somos pobres por ello.

Y esas fueron algunas de las razones por las que, en 1972, usted fundó la Campaña Salario para el Trabajo Doméstico. ¿A qué retos se enfrentó durante ese periodo?

Al principio, la izquierda estaba en contra. Han cambiado, pero a la izquierda no le gustaba que las mujeres pensáramos que no necesitábamos que los hombres escribieran una teoría por nosotras, que nosotras como mujeres podíamos desarrollar nuestra propia teoría.

Si empiezas con las mujeres, al final consigues a todo el mundo, porque involucras a los niños y a los hombres. Pero si se empieza por los hombres, se corre el peligro de dejar de lado a los niños y a las mujeres. Y esto es lo que ha ocurrido siempre. Empezando por las mujeres se tiene a toda la clase internacional.

Hemos trabajado con presos, con mujeres lesbianas, con trabajadoras del sexo, con solicitantes de asilo, con mujeres de color… unimos todas las luchas. No queremos el separatismo; no nos centramos en qué tipo de personas son las más explotadas. No tenemos este tipo de pensamiento, porque todos estamos oprimidos, y cada sector debe discutir y mostrar la importancia de esta lucha. Y luego, nos unimos todos para apoyarnos, porque nos necesitamos mutuamente.

Tenemos el Crossroads Women’s Centre aquí en Kentish Town y diferentes redes en otras partes del mundo. También hay organizaciones de hombres que han hecho un gran trabajo al negarse a ir al ejército, que rechazan las guerras que ha iniciado el capitalismo.

Como la de Ucrania, una guerra creada por la OTAN. Obviamente, Vladimir Putin es un bruto, y lo sabían antes del conflicto. Pero hay mucha gente como él, toma Trump, que también es un bruto y un nazi. No hay superioridad en Occidente, simplemente es lo mismo en otro idioma y en otra cultura.

¿Qué papel puede jugar el Care Income en la emancipación de la mujer, la lucha contra el racismo y los movimientos ecologistas?

Sea cual sea nuestro color, las mujeres necesitamos una liberación, y debemos afrontar las luchas juntas. En este sentido, la función principal de una Renta de Cuidados es acabar con la pobreza de las madres y los niños, y animar a todos los géneros a cuidar y proteger el mundo natural, el suelo y el clima.

Queremos una Renta de Cuidados para las personas y el planeta, porque hay formas sostenibles de proteger la Tierra. Por ejemplo, las mujeres de la India están utilizando métodos alternativos de agricultura para reducir la crisis climática.

Hay muchos movimientos globales que se nos ocultan. Por ejemplo, el racismo es una forma de ocultar la lucha de las personas de color, negándoles un pasaporte, un lugar para vivir o un trabajo. Tenemos que luchar contra eso, porque todo el mundo está implicado.

(Próxima seman: Tercera parte)

(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marin) – (Fotos de Global Women’s Strike, suministradas por la entrevistada y autorizadas para su publicación)

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