Este año se cumple el 50 aniversario de la Revolución Portuguesa y el centenario del nacimiento de uno de los líderes más influyentes del movimiento de descolonización africano. En el plano transatlántico, Cuba desempeñó un importante papel militar y político en la expulsión de los colonizadores, mientras que el educador brasileño Paolo Freire recibió la influencia de la educación popular de Cabral. Sus ideas son de gran actualidad.

Graham Douglas
Los años 60-70 fueron una gran oleada de movimientos de liberación en África, que ahora parece olvidada. En América Latina fue brutalmente reprimida por Estados Unidos y sus clientes, y el mundo necesita otra oleada semejante para liberar a los pueblos oprimidos del mundo árabe, tanto los países de la Primavera Árabe como los de Palestina, prisioneros, en última instancia, de décadas de doble juego yanqui.
Amílcar Cabral nació en una aldea de Guiné-Bissau, que sigue siendo uno de los países más pobres de África y la colonia menos desarrollada del Imperio portugués. Como dijo en uno de sus discursos: “Los colonialistas suelen decir que fueron ellos quienes nos hicieron entrar en la historia: hoy demostramos que no es así. Nos hicieron salir de la historia, de nuestra historia para seguirlos, justo en la retaguardia, para seguir el progreso de su historia”. (Retorno a las fuentes, 1973).
Los monumentos conmemorativos deben tener una finalidad, y los discursos son más vivos que las estatuas, si nos hacen reflexionar sobre la situación actual. Los países de África se han liberado del colonialismo de británicos, franceses y portugueses, pero ahora están colonizados por los tentáculos del capital internacional, que sigue en manos de las Grandes Potencias actuales y de las corruptas supuestas élites del propio continente.

Antaño las posesiones coloniales eran remotas, donde las poblaciones mantenidas en la ignorancia podían ser explotadas lejos de los ojos de los liberales occidentales, y en el siglo XX proyectadas como sueños exóticos y excitantes para los turistas. La persistencia de la esclavitud de la que informaban los periódicos británicos solía provocar un escándalo, como en el caso del chocolate Cadbury en 1907. Sin embargo, hoy Palestina es una colonia del Estado sionista del apartheid de Israel, aquí mismo, a orillas del Mediterráneo.
Cabral y su época
Hablé con la historiadora Ângela Coutinho, que me describió cómo Cabral fue emigrante desde la infancia, como muchos africanos de hoy. Nació de padres caboverdianos en Guiné-Portuguesa. Más tarde regresaron a la isla de Santiago, que entonces estaba bajo el dominio del Imperio Británico por su carbón para repostar los barcos de vapor en los viajes transatlánticos.
Coutinho señala que estaba influido por el panafricanismo de su padre Juvenal y sus maestros, y Antonio Tomás cita las «Memorias y reflexiones:» de su padre, donde a pesar de su amarga experiencia del racismo veía el colonialismo portugués como algo meramente incompetente, creyendo que podía mejorarse. Esto ya era un gran paso para los estándares de la época, y Amílcar también estaba abierto a la negociación, pero la violencia de los colonizadores hizo de la lucha armada la única vía hacia la libertad.

En 1956 fue miembro fundador del PAIGC, Partido Africano para la Independencia de Guiné y Cabo Verde, que dirigió durante el periodo de lucha armada que comenzó en Guiné-Bissau en 1963, y también participó en los inicios del partido MPLA para la liberación de Angola.
Su discurso en la Conferencia Tricontinental de La Habana, en enero de 1966, fue muy influyente, y el movimiento por el socialismo anticolonial continúa hoy a través de diversas organizaciones de la ONU. Fidel Castro le reconoció como el líder más capaz de poner fin al colonialismo portugués en África. Este fue el comienzo de una rebelión contra el dominio colonial en África apoyada por Cuba, que más tarde proporcionó misiles antiaéreos rusos que acabaron con el control portugués del aire.
La participación de Cuba en la guerra de Angola se describe con fascinante detalle en la película Cuba – “Une odysée Africaine”, disponible en Youtube en dos partes, y en una edición en inglés, “Cuba the African odyssey”.
La negativa de Portugal a renunciar a su imperio lo convirtió en un paria en la ONU, incluso el Papa Paulo VI concedió una audiencia a tres líderes africanos de la descolonización en 1970, lo que indignó a los gobernantes católicos de Portugal.

Cuando el PAIGC declaró la independencia de Guiné-Bissau en 1973, fue reconocida inmediatamente por Cuba y la mayoría de los países árabes. Cabral había sido asesinado en enero de 1973 por agentes portugueses en el país vecino de Guiné-Conakri.
Después de que la Revolución Portuguesa del 25 de abril de 1974 pusiera fin a las guerras coloniales, el 26 de agosto se firmó en Argel un tratado que aseguraba la independencia de Guiné-Bissau y Cabo Verde y reconocía al PAIGC como gobierno legítimo.
¿Qué podemos aprender hoy de Cabral?
Cabral, junto con Frantz Fanon, fue una influencia importante para el educador brasileño Paulo Freire, que visitó Guiné-Bissau y vio cómo Cabral daba prioridad al aprendizaje en contexto. A los alumnos se les enseñaba la autodeterminación africana en lugar de anestesiarlos con sueños coloniales. Y la educación socialista era crucial para frenar «la manía» de los jóvenes de pensar en emigrar para obtener una educación occidental y así poder volver a ocupar puestos de alto estatus en su propio país, que continúa hoy en día. La educación es crucial para que los pueblos oprimidos se liberen, y sin embargo hoy tenemos libros prohibidos en las bibliotecas escolares del Reino Unido y de Estados Unidos, y los antisionistas son acusados rutinariamente de antisemitismo por políticos cegatos del Reino Unido y de Estados Unidos, que no fueron elegidos por «el pueblo» con esta ideología represiva en mente.
Y en Europa sigue faltando educación sobre la historia colonial; ya sea en el Reino Unido, donde sólo es una opción en el nivel A, o en Portugal, donde hace sólo dos años se renovó el Jardín Imperial de Belem y se muestran escudos de armas de antiguas colonias en igualdad de condiciones con las meras ciudades portuguesas. Esto se promociona ante los turistas -seguramente la pequeña burguesía del poscolonialismo- como un simple clic de cámara más, pero una nueva exposición cuenta una historia diferente. En Francia se han hecho más esfuerzos, y los intentos de glorificar el pasado han encontrado un fuerte rechazo.

Es curioso que hoy en día en Gran Bretaña sea más fácil para los adultos aprender la historia colonial que para los niños, ahora que los cómics infantiles ya no presentan cuentos sobre exploradores y valientes «civilizadores» victorianos.
Cabral comprendía la necesidad de vínculos internacionales en la lucha, y la igualdad entre hombres y mujeres; le habría disgustado la forma en que la religión es utilizada para reprimir a las mujeres por los gobiernos de Teherán y Kabul.
En un discurso pronunciado en febrero de 1970, destacó la importancia de la cultura en el desarrollo de la liberación, y cómo los dirigentes «se dan cuenta, con cierto asombro, de la riqueza de espíritu… capacidad de discusión razonada… de grupos que ayer eran considerados… incompetentes… incluso por algunos nacionales».
En el Reino Unido, el actual desarrollo de las iniciativas y asambleas ciudadanas, que tiene sus raíces en el Brasil de los años ochenta, proporciona estas experiencias culturales y sociales de renovación frente a unos políticos burocráticos y controladores, que no se atreven a confiar en las personas a las que supuestamente representan.
Cabral reconocía, al igual que los activistas actuales, que la democracia participativa exige libertad para debatir críticamente las propuestas. Era un marxista que entendía que las teorías políticas no pueden importarse y ponerse en marcha, sino que deben discutirse, evaluarse y adaptarse. Como Frantz Fanon, era un intelectual comprometido.

Cabral estaba alerta ante los esfuerzos de los colonizadores por sofocar el crecimiento de la conciencia nacional, explotar las divisiones dentro de una sociedad, comprar a una élite con privilegios y, en el caso de Sudáfrica, convertir el país en “el mayor campo de concentración que ha conocido la humanidad”. En 1969, Cabral reconoció el derecho del pueblo judío a vivir tras el holocausto, pero no a ocupar tierras palestinas. Habría simpatizado con las personas que han vivido dos o más generaciones en campos de refugiados.
Cabral señaló que la liberación nacional sólo se produce cuando la economía está libre de las distorsiones impuestas, los países de África y los países más pequeños de América Latina siguen produciendo principalmente materias primas. La urbanización continúa, pero su industrialización se ve frenada por los bloqueadores del poder local en connivencia con Occidente. Mientras tanto, más de un billón de dólares está anclado en pequeñas islas en los restos del colonialismo británico, francés y estadounidense, paraísos fiscales o paraísos fiscais en portugués.
(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marín) – Fotos suministradas por Fundação Mário Soares e Maria Barroso, y autorizadas para su publicación.











