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Detrás del muro de la vida, la pesadilla de la muerte

Mientras el mundo mira y reclama una solución al tema palestino, que ponga fin a más de 70 años de conflicto y ocupación, el pequeño cruce de Rafah juega un papel central en mantener con vida a más de dos millones de personas, asediadas en una franja de apenas 360 kilómetros cuadrados.

 

Tras los sencillos muros del cruce de Rafah se esconde al mundo una pesadilla: la destrucción casi total de la Franja de Gaza, donde más de dos millones de palestinos sufren desde hace casi 16 meses un horror inimaginable.

A unos cientos de metros antes de la línea divisoria, un enorme símbolo de la paz recibe a los visitantes que se acercan, aunque la realidad es muy distinta después de pasar las grandes puertas de metal.

Al llegar a la frontera entre Egipto y Gaza desde la bulliciosa El Cairo, luego de largas horas de travesía, el paso puede parecer un lugar monótono y tranquilo, donde el ruido solo es roto por los cientos de camiones cargados de mercancías que cada día entran al enclave desde el inicio de la tregua entre Israel y Hamas.

Sin embargo, tras la aparente calma se esconden el dolor y la ira de rescatistas, choferes, activistas y miles de personas que trabajan para mitigar la crisis del otro lado del muro.

Durante un recorrido por la zona, la prensa constató las labores del paso de Rafah, que desde los primeros meses del conflicto devino en cordón umbilical para el vecino territorio.

Las largas colas de vehículos cargados con productos de primera necesidad -desde alimentos y agua hasta medicinas, combustible y carpas- son un recordatorio de la situación en Gaza, donde se reportan más de 47 mil muertos desde octubre de 2023.

Los camiones allí reunidos muestran escritos en diversos idiomas y señales, emblemas, banderas de numerosos países, de organizaciones no gubernamentales o agencias de la ONU, una muestra de la amplia solidaridad mundial hacia el pueblo palestino.

El paso nació tras los acuerdos de paz en 1979 entre Egipto e Israel, cuyo Gobierno mantuvo el control del enclave costero, tras retirarse de la entonces ocupada península del Sinaí.

Pero, durante su existencia sirvió en su mayor parte para el tránsito de personas, porque el tráfico de mercancías se efectuó por el cercano cruce de Karem Shalom, situado en la triple frontera.

La operación de Hamas y la respuesta del gobierno de Benjamin Netanyahu, el 7 de octubre de 2023, volvieron a poner ese pequeño cruce en el panorama mundial por su importancia para Gaza.

Sin embargo, en mayo del pasado año, Netanyahu lanzó su Ejército contra el cruce y la ciudad homónima, con lo cual el trasiego por allí cesó por completo hasta hace unos días, cuando el inicio de la nueva tregua favoreció su reapertura.

El reinicio de los trabajos permitió respirar a los gazatíes, golpeados por las bombas, el frío, la inseguridad y la falta de medicinas, alimentos, electricidad y servicios vitales de todo tipo.

Según las autoridades del enclave, la agresión israelí causó daños directos por valor de 38 mil millones de dólares.

La Oficina de Medios del Gobierno de Gaza precisó en un reciente reporte que, desde el inicio de la guerra, el Ejército destruyó 161 mil viviendas y dañó otras 194 mil, mientras 82 mil quedaron inhabitables.

En los últimos 15 meses, Israel lanzó unas 100 mil toneladas de explosivos contra el enclave.

Al menos 206 sitios de patrimonio fueron destruidos, así como 3.680 kilómetros de redes eléctricas, 330 mil metros de tuberías de agua, más de 2,8 millones de metros de infraestructura vial y 42 instalaciones deportivas.

De acuerdo con el documento, el 70% de las víctimas son mujeres y menores de edad, y denunció que más de dos mil familias fueron borradas, completamente exterminadas, y otras cuatro mil 889 solo tienen un miembro vivo. PL

(Fots: Pixabay)

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