Cultura, Plástica

El viaje de Marilena Nardi a través de la caricatura

Su  nombre resuena, y no solo en Italia. Es una destacada figura dentro del humor gráfico mundial, que ha recibido numerosos reconocimientos internacionales. A través de su trabajo desafía tabúes sociales, aborda problemas globales y suscita un diálogo significativo. Ella compartió con The Prisma su perspectiva sobre la combinación de arte y periodismo.

 

Rola Zamzameh

 

Marilena Nardi, nacida en 1966 en Chiampo, cerca de Vicenza (Italia),  ha combinado el humor, el comentario social y la maestría artística en el mundo de la caricatura editorial.

Tras licenciarse en Arte (1986) y Escultura (1990), comenzó a enseñar Anatomía Artística en 1992 e Ilustración en 2003 en la Academia de Bellas Artes de Venecia. Desde 1984, Nardi ha participado en cientos de exposiciones de caricatura e ilustración en todo el mundo. Entre sus galardones destacan el Gran Premio del 11º Concurso Internacional de Caricatura Editorial World Press Freedom de Canadá y el Premio Forte dei Marmi per la Satira Politica en 2013. Con más de 40 años de experiencia, Nardi se ha consolidado como una artista audaz y perspicaz que desafía  las normas sociales y los sistemas políticos.

¿Cuál es su proceso creativo, desde conceptualizar una idea hasta la obra finalizada?

Hay una definición que me encanta: «un dibujo es una idea con una línea alrededor».

Intento visualizar una idea dibujando.Empiezo por el tema. Me informo, leo y hago algunos bocetos. Intento centrarme en la idea dibujando, identificando las formas que mejor expresan el tema.

Después, finalizo el dibujo según el formato y lo transfiero a un papel grueso, para acuarelas. Hago algunas marcas a lápiz para fijar las figuras del tema y luego paso a los pinceles y la tinta china.Si es necesario, añado colores, si no, acabo en blanco y negro.

¿Qué le inspira a equilibrar periodismo y arte en sus caricaturas editoriales? ¿Cómo las conecta el humor?

Creo que en la caricatura editorial confluyen dos mundos: el arte y el periodismo. Me gustaría utilizar una metáfora. El caricaturista editorial es un poco como un funambulista: se mueve como un equilibrista en la cuerda floja entre el periodismo, con la necesidad de información y veracidad del contenido, y el arte, que abre caminos diferentes y más profundos de comprensión en el lector. A veces me acerco más a la actualidad (con la política y las caricaturas), otras al dibujo expresivo y poético. En este contexto, ¡el equilibrio está en el humor!

Al abordar tabúes como el cuerpo femenino, usted evita deliberadamente el erotismo. ¿Cómo ha desarrollado este nivel de madurez artística?

Los tabúes están relacionados con las costumbres, que cambian de un país a otro y de una época a otra. Algunos tienen su propio significado, otros en cambio contrastan fuertemente con los derechos de algunas personas y, en mi opinión, deben combatirse.

Lo que pretendo es: expresar mi opinión personal a través del lenguaje gráfico. A veces, ni siquiera es una opinión, sino la «expresión de una duda» o «una pregunta» que me he hecho. Y que presento al lector. Para reflexionar juntos y centrarnos en determinados temas. De vez en cuando utilizo los registros más apropiados, pero siempre intento ser claro y evitar lo superfluo. Si el tema es social, político, etc., no hay razón para añadir erotismo. Por otra parte, he ilustrado algunos poemas de Baudelaire, de la colección «Las flores del mal»; en ese caso, muchos poemas eran fuertemente eróticos y mis dibujos también. Depende del contexto.

Su uso minimalista del color y la concentración en líneas fuertes y gruesas destacan en la era de las caricaturas y los dibujos animados excesivamente pulidos. ¿Cómo ha desarrollado este estilo tan distintivo?

Empecé a dibujar en una época en la que no se utilizaban ordenadores ni Internet, así que pienso y trabajo de forma tradicional. También me encantan las imperfecciones del dibujo. Utilizo tinta china, sobre papel de acuarela, a veces muy negra y pura, a veces diluida. Utilizo varios tipos de pinceles, muy sensibles a cualquier cambio de presión. Así, los trazos pueden ser finos o marcados, y en general son muy expresivos. También me encanta el color, pero no siempre es necesario. Por eso, en mis obras el color es a menudo enrarecido o emblemático.

A diferencia del dibujo a tinta, en el dibujo digital, que también utilizo para algunas obras, se permiten infinitas correcciones. Esto afecta y modifica el resultado final. Llegué a este estilo, poco a poco, siguiendo una necesidad interior y mi gusto artístico que también ha cambiado con el tiempo.

¿Quién o qué ha influido en su trayectoria como caricaturista?

He aprendido mucho de varios autores, tanto en el campo del cómic como de la sátira. Para mí, un maestro indiscutible del humor gráfico es el argentino «Quino». Me encantaba todo de él, desde el personaje de «Mafalda», hasta sus caricaturas y tiras sin texto. Gracias a él comprendí de cuántas maneras y con qué ligereza mezclada con profundidad se podía contar la naturaleza del hombre. Mis primeras caricaturas se inspiraban mucho en las suyas. Luego, como es normal, tomé un camino diferente, dejando que surgiera mi impronta y la necesidad de abordar temas concretos.

Muchas de sus piezas abordan los derechos de la mujer y la igualdad de género. ¿Cómo ve el papel de la caricatura en el avance del discurso feminista?

A diferencia de la ilustración, la profesión de caricaturista ha sido durante mucho tiempo prerrogativa casi exclusiva de los hombres. La libertad de la mujer, sus derechos, la violencia contra las mujeres, la discriminación, la diferencia salarial por igualdad de empleo, etc., estos y otros temas relacionados con cuestiones de género no me parecían suficientemente representados y sentidos por los colegas. Intenté dibujar estos temas para compensar estas carencias. A veces un dibujo puede convertirse en emblemático y viral. Por tanto, tener un peso social y político muy fuerte. Pero no se puede saber de antemano.

No puedo decir si el arte y, en particular, la caricatura son eficaces y en qué medida. Pero son mis herramientas, mi lenguaje y mi esperanza.

Usted parece guiar a su público en lugar de seguir sus preferencias. ¿Cómo ha influido este enfoque en su carrera y en la recepción de su obra?

Tengo la suerte de tener dos trabajos: caricaturista y profesora de ilustración en la Academia de Bellas Artes de Venecia.

Es agotador, pero es una condición de gran libertad. Si una caricatura no gusta y no se publica, «sobrevivo» de todos modos gracias a mi trabajo como profesor.

He podido rechazar propuestas inoportunas (…e insinuaciones) y seguir mi camino personal.

No ha sido fácil, he sido objeto de críticas, incluso duras, por parte de colegas y de algunos amigos.

Pero como le gustaba decir a «Michela Murgia», escritora e intelectual italiana, «debemos complacernos a nosotros mismos, no a los demás».

La caricatura se basa a menudo en el humor, pero su trabajo parece llevar en su esencia una profunda seriedad. ¿Cómo ve el papel del humor en su arte?

En primer lugar, el humor no es comicidad. Es un ingrediente importante en este trabajo, pero no es el único.

En un diseño editorial, en la sátira, en la caricatura política, cuentan la idea, la claridad del mensaje, la calidad gráfica y también el humor.

La sátira es un arte pero también una herramienta de denuncia, de los políticos, de la sociedad, de las costumbres.

Ciertamente se puede sonreír, pero mi caricatura editorial quiere sobre todo hacer pensar, quiere plantear preguntas, quiere suscitar dudas.

*Próxima semana: El arte de la caricatura: derechos humanos, libertad y democracia

(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marin) – Imágenes y fotos facilitadas por la entrevistada y autorizadas para su publicación gratuita)

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