«Goce», la palabra francesa para designar el disfrute, es un término con implicaciones filosóficas debido a la importancia que se le concede en las ideas psicoanalíticas de Jacques Lacan. Cuando se aplica a la realidad del capitalismo como sistema de explotación y sometimiento, el goce político se convierte en una forma de entender por qué la ideología consigue hacernos no libres.
Sean Sheehan
El sinsentido y la falta de equilibrio de la vida nos hacen horrorizarnos de nuestra lamentable situación y el deseo es la búsqueda de algo que llene el vacío creado por el fracaso de nuestra existencia. El deseo no puede satisfacerse porque el vacío es permanente, pero la compensación se encuentra en obtener satisfacción de la infructuosidad de la búsqueda. La peculiaridad del goce es la generación de disfrute a partir del displacer.
El goce político incluye el disfrute de la subordinación y la opresión. Cuando adopta esta forma particular, es un placer adicional de su propia creación excesiva, como si el cuerpo encontrara una manera de recompensarse a sí mismo por no encontrar placer de maneras más normales.
Igual de extraña es la forma en que se puede obtener satisfacción del sufrimiento. Esto alcanzó un nivel obsceno con el perverso goce de los verdugos nazis mientras mataban con el pretexto del deber, y ahora se repite en la embestida de Israel contra Gaza y Cisjordania.
“Political jouissance” (El goce político) es una colección de ensayos que exploran cómo la comprensión de la ideología requiere observar tanto su existencia material como su funcionamiento a nivel del inconsciente. El neoliberalismo es el discurso político actual que pretende racionalizar la privatización generalizada de bienes y servicios en una economía desregulada. En su ensayo, Nicol A. Barria-Asenjo y Jesús Ayala-Colqui rastrean sus orígenes, habitualmente atribuidos a Thatcher en el Reino Unido y a Reagan en Estados Unidos, hasta América Latina como uno de sus «principales laboratorios experimentales». Citan el Chile de Pinochet, donde las ideas neoliberales fueron impuestas por un grupo de economistas del país.
Otro ensayo analiza el activismo medioambiental académico en América Latina, pero el problema surge del hecho de que el cambio climático y los desastres ecológicos no son secretos que se ocultan al público. La negación que irracionalmente permite que la situación empeore apunta a que la ideología funciona como un fetiche. Sabemos lo que está mal, pero nos aferramos a nuestro goce para evitar afrontarlo y hacer algo al respecto. Ordenar nuestra basura doméstica con diligencia y buenas intenciones no es suficiente. Como dice Žižek, uno de los editores del libro: la ideología es menos una conspiración de mentiras inventadas por la clase dominante y más “historias inventadas por los sujetos para engañarse a sí mismos”.
El psicoanalista londinense Darian Leader escribe en el prefacio del libro cómo debemos preguntarnos por nuestro propio disfrute cuando respondemos a las obscenidades políticas de Trump y los líderes populistas de toda Europa. Encontramos un blanco encarnado para la indignación por lo que implica el neoliberalismo y, habiéndolo encontrado, «podemos amar para odiar, y unirnos en nuestro disfrute colectivo».
El malestar político actual refleja la ausencia de un lenguaje de izquierdas y su sustitución por el populismo burdo.
“Political jouissance”, editado por Nicol A. Barria-Asenjo y Slavoj Žižek, es publicado por la editorial Bloomsbury.
(Traducido por Mónica del Pilar Uribe Marín) – Fotos: Pixabay











