En la introducción a su nueva traducción de «Tres hermanas» de Chekov, Rory Mullarkey establece una acertada comparación entre la obra rusa de principios del siglo XX y «Esperando a Godot» de Samuel Beckett, de mediados de siglo: «Dos obras maestras que se asientan, como soportes del Modernismo, con medio siglo de horror entre ellas».

Sean Sheehan
Y, podríamos añadir, con más horror por venir.
Las tres hermanas viven vidas insatisfechas: la mayor, Olga, es maestra de escuela; Masha, de 23 años, sarcástica hasta la médula, está casada con un hombre cómicamente pomposo que la decepciona; sólo la más joven, Irina, el día de su onomástica, está llena de la esperanza y las expectativas que sus hermanas han perdido. Un hermano desea vivir en el mundo académico y los cuatro esperan regresar a su antiguo hogar en Moscú.
El primer acto, una extraña mezcla de comedia y hartazgo del mundo, da paso a esperanzas cada vez menores a medida que su hermano se endeuda con el juego e hipoteca la casa, acabando así con sus esperanzas y sueños.
Su mezquina esposa se va apoderando poco a poco de la casa, la hermana mediana inicia un tórrido romance con el guapísimo capitán Aleksandr Vershinin y la mayor asume la dirección de su escuela: sólo más trabajo. Todo el mundo en esta obra está relacionado con la persona equivocada o en el lugar equivocado. En el cuarto acto, el ejército, cuya llegada a una pequeña ciudad de provincias hizo más interesante la vida de las hermanas, se marcha. La más joven, Irina, se ha dado por vencida por la desesperación y se queja ante sus hermanas de no ver más futuro para ella que el de la monotonía.
Finalmente, acepta casarse con un hombre al que no ama sólo para alejarse de su vida, pero éste es asesinado por uno de los oficiales, celoso de su relación con Irina.

Caroline Steinbeis, la directora, y Oli Townsend, el escenógrafo, han hecho un uso soberbio del espacio íntimo del Sam Wannamaker Playhouse del Globe.
Iluminado únicamente con velas, el primer acto resplandece con la luz de enormes candelabros suspendidos y, a medida que avanza la obra, las velas se desvanecen como las esperanzas de las hermanas.
Unas cuantas sillas de aspecto antiguo, trajes de época y mucho ruido se combinan para acentuar la sensación de una sociedad confusa pero estática. Por momentos, el escenario está casi repleto de personajes cuyo movimiento se diluye en el espacio del público. Al final, las cortinas que cierran el teatro se descorren, unas luces duras iluminan la confesión de Irina de no amar a su futuro marido e incluso ese momento, moderadamente esperanzador, se esfuma en una pelea sin sentido.

Esta es una vigorosa producción de «Tres hermanas» (“Three Sisters”) y los momentos de comedia inyectados en ella contrastan un poco con los temas de desesperanza y desesperación, pero tal vez así es como debiera ser.
El estoicismo se impone cuando las esperanzas disminuyen, pero la energía y la determinación para seguir adelante son igualmente necesarias, y esto es lo que da vida a la historia de desesperanza de Checkov en el South Bank de Londres.
“Three Sisters”, de Antón Chekov, se presenta en el Sam Wanamker Playhouse at the Globe hasta el 19 de abril.
(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marín) – Fotos de Sam Wanamker Playhouse at the Globe











