Los edificios londinenses sobre los que escribió Ian Nairn a principios de los años sesenta ya no son modernos, han sido eclipsados por el Shard y el 22 de Bishopsgate y por edificios de formas caprichosas bautizados con nombres como Gherkin, Walkie Talkie y Cheesegrater.
Sean Sheehan
A Nairn le habrían gustado más los apodos que los propios edificios, dado su estilo de resumir el carácter de un edificio en prosa lacónica y juzgar su valor para una ciudad donde la gente vive y trabaja.
El placer de leer sus concisas descripciones reside en su capacidad para transmitir admiración y respeto por las estructuras de ingeniería. Sobre el puente de Waterloo: El ritmo de los cinco arcos es como un resorte en espiral que te catapulta de una orilla a otra». Sobre el garaje de autobuses de Stockwell: «Probablemente el edificio moderno más noble de Londres».
Nairn es asombrosamente bueno a la hora de localizar el atractivo especial de un edificio o, en el caso de uno que visité más de una vez para hacerme análisis de sangre, la pérdida del mismo. El Centro de Salud de Finsbury, en Pine Street, junto a Exmouth Market, en Islington, fue diseñado por el gran arquitecto socialista Berthold Lubetkin en 1938. Debería tener tan buen aspecto como el cercano Spa Green Estate, que también diseñó, pero ya en la década de 1960 Nairn observó cómo nadie le daba una segunda mirada al centro de salud: «El ejemplo más triste de Londres de lo démodé que puede parecer un estilo a la siguiente generación».
“Modern buildings in London” (Edificios modernos en Londres) fue publicado por primera vez por London Transport como guía de bolsillo y es de agradecer que la nueva y robusta edición conserve esta identidad. Está dividido en algo más de veinte secciones geográficas, desde la City de Londres hasta Crawley New Town, y cada entrada hace que el lector desee localizar y contemplar el edificio en cuestión.
«Outrage» de Nairn, de la misma editorial, fue escrito para un número especial de The Architectural Review en 1955. Con poco más de veinte años, Nairn acababa de convertirse en ayudante del director de producción de la revista y descargaba su ira contra el desorden urbano que contaminaba el atractivo visual del campo. Travis Elborough, que presenta la nueva edición en su 70º aniversario, explica cómo «explotó como una granada en el desaliñado mundo aburguesado de la Gran Bretaña de mediados de los cincuenta». Extraordinariamente premonitorio teniendo en cuenta su época -el racionamiento de la Segunda Guerra Mundial acababa de terminar-, Nairn arremetió contra la fealdad del nuevo entorno construido que estaba apareciendo por todo el país y lo etiquetó con su propia palabra: Subtopía.
“Outrage” (“Indignación») se estructura en torno a una serie de viajes entre Southampton y Carlisle y, como señala Elborough, Nairn fue en busca de lo que sabía que estaba ahí fuera y no tuvo dificultad en encontrarlo.

Sus viajes no son tan fáciles de seguir como sus peregrinaciones por Londres, pero su rabia por lo que estaba ocurriendo sigue siendo patente. No es fácil imaginar lo que pensaría de los centros comerciales identitarios, los parques comerciales que hoy definen el paisaje británico y monstruosidades como el 22 de Bishopsgate.
“Modern buildings in London” y «Outrage», de Ian Nairn, son publicados por Notting Hill Editions.
(Traducido por Camila Márquez)











