A todo el mundo le gusta una historia, las necesitamos, pero en los últimos veinte años o más contar historias a nivel internacional se ha convertido en territorio de la derecha política: «…datos, estadísticas, eslóganes, miedos, reflejos», escribe Yves Citton, han conformado el imaginario de mucha gente y hay una necesidad acuciante de rescribirlos.
Sean Sheehan
Cita a Sun Ra sobre los mitos en nuestros sueños que nos permiten acceder a «lo que nunca llegamos a ser que deberíamos ser».
La mitocracia, el dominio actual de las ficciones antiliberales, es una forma de micropoder que distribuye nuestro tiempo de atención y crea afectos: emociones que canalizan pensamientos que creemos propios pero que vienen de fuera.
Hay una dieta de noticias diarias sobre delitos callejeros, tráfico de drogas, inmigrantes y solicitantes de asilo que se introduce en nuestras pantallas, produciendo ansiedades e imágenes tranquilizadoras e inocuas de la actividad policial (nunca de su brutalidad). El efecto de un discurso así forja preocupaciones sobre la seguridad personal y alimenta ideas conservadoras.
Citton analiza el poder de las narrativas y cómo funcionan. Muestra cómo, al hacernos creer que las ideologías han llegado a su fin, permanecemos ciegos ante los marcos a través de los cuales «leemos» la realidad. No faltan escritores y cineastas que producen historias emancipadoras, pero no se produce la tracción política que debería surgir de ellas.
Estamos atrapados por la noción, pregonada en las noticias como los dictados de los gobernantes totalitarios en pantalla gigante en las películas sobre el futuro, de que el crecimiento y la productividad son la medida de todo. El producto interior bruto (PIB) es un fetiche que los partidos de centro-izquierda han abrazado con el fervor de los planes quinquenales de Stalin, ignorando los salarios de miseria y el exceso de recursos energéticos.
La llamada política de «izquierdas» «necesita sacudirse todo el imaginario pro-trabajo», escribe Citton, y reconocer la riqueza creada al margen de las estadísticas del PIB -cuidando a los ancianos o a los enfermos, ayudando a un buscador de alyssum- y exigir una renta garantizada que no vaya unida a los salarios.
Utiliza la cursiva para subrayar de nuevo su punto de vista: «lo único que debería definir a ‘la izquierda’ es el impulso de denunciar la radical insuficiencia de la gestión de lo dado». Citton es excelente explicando lo que falla en los relatos actuales y por qué se necesitan con urgencia nuevas historias y mitos. Cómo lograrlo es más difícil, pero la necesidad es evidente.
El libro de Werner Herzog «El enigma de Kaspar Hauser» no hace referencia a la historia de Kapsar Hauser en su lecho de muerte, pero apunta en la dirección que Citton quiere que tomemos. La historia de Kaspar trata de una caravana de bereberes en el Sáhara que, descreyendo de sus brújulas, creen haber perdido el camino.
Una montaña se extiende ante ellos, Su líder ciego les dice que las montañas sólo existen en su imaginación y que sigan su camino hacia el norte, a la ciudad. Así lo hacen y llegan allí. «Aquí empieza la historia», dice Kaspar.
«Mythocracy: How stories shape our worlds», de Yves Citton, traducido por David Broder, ha sido publicado por Verso.
(Traducido por Camila Márquez) – Fotos: Pixabay











