La guerra de Israel contra Gaza ha abandonado todas las normas morales del judaísmo. Su bloqueo ilegal ha hecho imposible la evacuación de los niños, y los traumas de los que sobrevivan se dejarán sentir en Israel y Occidente durante décadas. La degradación moral de Israel no puede separarse de la influencia de Estados Unidos.
Graham Douglas
Sabemos que en la religión judía existen normas que rigen las formas «kosher» de matar animales para la alimentación humana, pero ¿qué ocurre con la matanza de niños en la guerra?
Por supuesto, los caníbales no los matan para comérselos, pero la teología judía ha reflexionado sobre ello desde la antigüedad. En 2005 se publicó en la Revista Internacional de la Cruz Roja (volumen 87, número 858) un útil análisis del rabino Norman Solomon, titulado: El judaísmo y la ética de la guerra (Judaism and the ethics of war).
Solomon adopta una perspectiva histórica sobre el modo en que se ha desarrollado la ética, empezando por el libro del Deuteronomio, hace 3.000 años, señalando que las normas de conducta durante una guerra fueron anteriores a las normas que justificaban el inicio de una guerra.
Estas normas especificaban que, mientras que los hombres que rechazaran una oferta de paz serían asesinados, las mujeres y los niños serían hechos prisioneros, y que durante un asedio no se talarían los árboles alimenticios. Los árboles se consideraban alimento para el ejército atacante, pero Solomon señala que la conservación del medio ambiente y la misericordia hacia un enemigo derrotado son principios perdurables.
La destrucción gratuita de huertos en Cisjordania se muestra con una realidad estremecedora en la película de 2024“No other land”, y en un informe basado en estadísticas de abril de este año, la ONU afirmaba que menos del 5% de las tierras de cultivo de Gaza están ahora disponibles para el cultivo.
Reflexionando sobre la conveniencia de la paz, un teólogo del siglo XVI comenta que «el resultado de la guerra es, en el mejor de los casos, incierto y, en el peor, catastrófico». En el periodo posterior a la Ilustración europea, Solomon reconoce que los judíos participaron en todos los cambios en la forma de ver la guerra, teniendo en cuenta la destrucción masiva de la que son capaces los ejércitos motorizados; que promover la religión no es una causa válida; que existen nuevas organizaciones internacionales para moderar y gobernar las guerras; que todas las naciones tienen derecho al autogobierno, y que la colonización está desacreditada.
Dos puntos de vista enfrentados
Según Solomon, tras los pogromos rusos de 1903 las actitudes judías empezaron a dividirse en dos bandos, y en 1920 se formó la Haganah, que más tarde se convertiría en las IDF, para calmar la ansiedad ante posibles ataques de los estados árabes vecinos.
Algunas autoridades religiosas se alarmaron por este giro hacia los métodos militares, afirmando que «No matarás» era una exigencia absoluta de la Torá, pero otros se remitieron al mismo libro, argumentando que ninguna parte de la tierra de Eretz Israel (el Gran Israel) debía cederse voluntariamente una vez colonizada por judíos. Éste es el argumento de los actuales movimientos de colonos.
El principio general de proporcionalidad en la guerra hoy en día está expresado en el documento fundacional del ejército israelí: «…Los soldados de las IDF no usarán sus armas y su fuerza para dañar a seres humanos que no sean combatientes o prisioneros de guerra, y harán todo lo que esté en su mano para evitar causar daños a sus vidas, su vida, su cuerpo, su dignidad y sus bienes».
En un reciente artículo de Amos Goldberg, profesor de Estudios sobre el Holocausto en la Universidad Hebrea de Jerusalén, se analiza la necesidad de demostrar la intencionalidad antes de poder probar el genocidio.
Se concluye que esta insistencia es contraproducente, y que Israel está cometiendo efectivamente un genocidio en Gaza.
La tradición rabínica judía exige el cuidado y la protección de los niños, especialmente de los huérfanos.
Ehud Olmert, ex Primer Ministro de Israel, declaró recientemente que Israel está cometiendo crímenes de guerra en Gaza.
Y no se trata sólo de Netanyahu y su banda de criminales, porque una encuesta reciente reveló que el 82% de la población israelí quiere que los palestinos sean expulsados de Gaza. Y recientemente se permitió el paso por la ciudad vieja de Jerusalén de una marcha provocadora de personas que ondeaban la bandera israelí. Y los colonos siguen robando impunemente tierras palestinas.
En 2022, un año antes de que comenzara la guerra de Gaza, el Relator Especial de la ONU sobre los Territorios Palestinos concluyó que Israel estaba cometiendo el crimen de Apartheid.
Los niños sufren
En guerras anteriores, la evacuación de los niños era una prioridad, pero el bloqueo ilegal israelí de Gaza lo ha hecho imposible. En 1937, durante la Guerra Civil española, 30.000 niños fueron evacuados a varios países europeos y a México, y los británicos incluso enviaron un cañonero para asegurarse de que las fuerzas de Franco no tuvieran la tentación de hundir los barcos, una historia contada recientemente en parte en un documental, sobre la que informa The Prisma.
Hubo varias evacuaciones de niños de Sarajevo durante la guerra de Bosnia de 1992-95, entre ellas la de una organización judía que rescató a niños de todas las religiones. La película “Welcome to Sarajevo” (“Bienvenidos a Sarajevo”) también contaba esta historia.
En 1999, aviones de la OTAN bombardearon Serbia durante su guerra contra Kosovo, ante la sonora desaprobación de la izquierda, pero pusieron fin a la guerra, y sus dirigentes fueron juzgados por crímenes de guerra.
Parece imposible encontrar estadísticas sobre el número de niños que pueden haber sido evacuados de Gaza durante esta guerra, y en parte debe deberse a que han sido tan pocos. Un indicio de ello lo dio un informe reciente según el cual Jordania estaba dispuesta a recibir a algunos niños palestinos gravemente heridos para que recibieran tratamiento en sus hospitales: el número de niños era 29. Y aunque estaba previsto evacuar a 2.000 a Jordania para que recibieran tratamiento de urgencia, se les está enviando de vuelta una vez finalizado el tratamiento, un día entero de viaje hasta Gaza, donde fueron recibidos por tropas y vehículos blindados que aterrorizaron a los niños.
Anecdóticamente, GINA (Gaza Infant Nutrition Alliance) me ha confirmado que estas cifras serán muy pequeñas, y que en Gaza se observan altas tasas de anomalías congénitas y nacimientos prematuros.
Tal vez la prueba más convincente, incluso sin estadísticas, sea el informe de la doctora palestina Mimi Sayed, en 2024, de que un gran número de niños llegaban con múltiples heridas de bala que sugerían un ataque deliberado, y que otros mostraban los síntomas de desnutrición más típicos de un campo de concentración.
Por supuesto, Gaza no es el único lugar donde los niños sufren en la guerra, pero según Save the Children, actualmente es el lugar más peligroso del mundo para los niños, y en 2023 en tres semanas murieron en Gaza tantos niños como en los tres años anteriores en todo el mundo en guerras.
Las guerras no sólo dañan a los niños directamente con los bombardeos, sino que también sufren al ser reclutados en los ejércitos, violados, privados de alimentos y de educación, y las cicatrices psicológicas duran décadas. Se cree que casi 10 millones de niños han muerto en guerras sólo en la última década. Pero muchos más están traumatizados, y los efectos del TEPT afectarán a sus futuras familias.
Y una consecuencia de este nivel de trauma será seguramente el reclutamiento de nuevos grupos de terroristas para vengarse de quienes les dañaron a ellos y a su pueblo. Y en una perspectiva aún más a largo plazo, es posible que el trauma colectivo del holocausto siga hirviendo a fuego lento en los corazones de los israelíes que ahora están tan dispuestos a buscar una «solución final» al «problema palestino».
La condición de paria de Israel se convertirá sin duda en una crisis moral para los israelíes, privados de su autoimagen como país de víctimas perennes y defensor de las normas civilizadas, con el «ejército más moral del mundo». Y también podrían reflexionar sobre su relación con Estados Unidos, que se ha limitado a entregar el dinero durante décadas sin pensar en las consecuencias morales. Israel como nación se ha corrompido por el gran dinero estadounidense y su deseo de mantener su huella en Asia Occidental.
No puede haber «justicia» para este nivel de destrucción humana, en el que dentro de 10 o 20 años las familias dolientes dirán a la prensa: «Bueno, al menos ayudamos a que no volviera a ocurrir», sólo un cambio de régimen y un nuevo juicio de Nuremberg para los dirigentes del país, sobre todo si la OTAN no va a intervenir contra Israel como lo hizo en Kosovo.
(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marin) – Fotos: Pixabay











