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Una novela para todo el verano

«Los hermanos Karamazov» es extraordinaria. Las minirrelatos, encuentros y conversaciones entre los personajes proliferan como la vegetación en la fantasía de la selva tropical de un botánico. Generan nuevas historias a modo de trasfondo de otra historia que es a su vez una rama de lo que parece ser la historia principal.

 

Sean Sheehan

 

El lector puede preguntarse dónde va la novela.

Yo llegué a este punto, cuando llevaba unas 300 páginas y me quedaban otras 600, cuando Iván -uno de los tres hijos de Fiódor Pávlovich Karamázov, un venal rastrillo y terrateniente- relata la historia de un poema que exige al lector desechar cualquier idea de abandonar el resto de la novela.

La historia cuenta cómo Jesucristo vuelve a la Tierra, a España durante la Inquisición, hace milagros y es arrestado. Lo que sigue es su asombroso interrogatorio por el Gran Inquisidor y la justificación para hacer quemar en la hoguera a Jesús (quien, se acepta, es Jesús). Lo que se necesita, argumenta el Inquisidor, es pan terrenal -necesidades básicas y consumismo en general- y no el pan espiritual e intangible del cielo. El pan terrenal mantendrá a la gente feliz y le quitará la carga de tener que elegir libremente.

La libertad de la que el Gran Inquisidor quiere proteger a la gente es la que Jesús ofreció como regalo al pueblo de Palestina. Aterroriza al Gran Inquisidor por las mismas razones autoritarias que llevaron a la Iglesia Católica siglos más tarde a apoyar el fascismo en España: la obediencia se mantiene consolando a la gente con el pensamiento de la redención eterna en un mundo por venir y las satisfacciones materiales aquí en la tierra – no el acceso a los medios de producción que proporcionan los bienes terrenales.

Portaretrato de Fyodor Dostoevsky por Vasily Perov, Public domain, Wikimedia Commons.

Hay otros cuentos asombrosos en “Los hermanos Karamazov”, el duelo del padre Zosima y la alucinación de Iván con el diablo son otros memorables, y funcionan como misiles éticos que lanzan verdades con una fuerza explosiva capaz de cambiar la vida de los afectados (y quizá del lector).

Esos juegos de muñecas rusas de madera, de tamaño decreciente colocadas unas dentro de otras, se sugieren como analogía para la lectura de esta novela, pero sólo si se piensa al revés. Lo que ocurre es que todas las pequeñas historias se van acumulando hasta llegar a un acontecimiento culminante: la detención y el juicio de uno de los hermanos Karamazov por un asesinato familiar.

Al tratarse de una nueva traducción de la novela, esta edición sirve de acicate para leer lo que no puede clasificarse como una novela realista del siglo XIX. Es demasiado desconcertante y polifacética para quedarse dentro de los confines del género.

Al traductor no le importa repetir la palabra «de repente» que Dostoievski utiliza una y otra vez en su ficción. Anuncia un cambio imprevisto en el comportamiento de un personaje, como si en todo el mundo existieran emociones y estados de ánimo contradictorios, ocultos no sólo a los demás, sino a uno mismo.

Foto: Pixabay

La única excepción es Aliosha Karamazov, un joven que, podría decirse, debería ser el modelo a seguir de todo el mundo

“Los hermanos Karamazov”, de Fiódor y traducido por Michael R. Katz, está publicado por WW Norton.

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