El viaje de una emigrante activista de norte a sur de Europa siguiendo su sueño de dar un uso radical a la educación de adultos en la tradición de Paulo Freire. La colaboración para crear un centro con la comunidad en la empobrecida zona de Cova da Moura consolidó su desarrollo comunitario, pero ahora se enfrenta a la amenaza de la especulación inmobiliaria.

Entrevista y fotos: Graham Douglas
Godelieve Meersschaert, ahora una activa octogenaria, llegó a Portugal en 1978 a través de una serie de conexiones que se produjeron tras formarse en psicología y trabajar como activista en Bélgica. Influida por la obra del educador brasileño Paulo Freire, en un principio sólo vino a aprender portugués para seguirle a Brasil, pero la vida la llevó por otros derroteros.
Lieve siempre ha sido una activista y encontró muchas oportunidades de utilizar su formación para comprometerse políticamente en Portugal.
Fue en la época que siguió a la Revolución de los Claveles de 1974 y al posterior proceso de descolonización, que en pocos meses trajo de vuelta a más de 500.000 personas de los países africanos que habían sido colonias portuguesas.
Había estado trabajando en Bélgica y en los Países Bajos en Educación de Adultos como psicóloga y se trasladó a Portugal a través de conexiones internacionales entre sindicatos. En aquella época, Portugal todavía era un lugar donde el activismo social estaba relativamente desencadenado. Otra conexión la llevó a participar en una cooperativa de trabajadoras domésticas. Más tarde participó, como voluntaria, en la creación de un centro cultural comunitario en el barrio de Cova da Moura, cerca de Lisboa. Trabajó a tiempo completo en el Ministerio de Hacienda portugués como programadora informática (desde 1985 hasta cuando se pensionó pensionista)
La visité para The Prisma allí en su casa.
Cuéntenos cómo llegó aquí, su trabajo anterior y su formación.
Soy psicóloga, me licencié en la Universidad de Lovaina (Bélgica) y trabajé sobre todo en educación de adultos, entre otras cosas con agricultoras de zonas rurales de Bélgica y los Países Bajos. Aprendí mucho trabajando en el VOLKSHOGESCHOLEN en los Países Bajos y asistí a un curso con Paulo Freire en París durante una semana, donde conocí a Maria Mies, que fundó el primer curso universitario de feminismo en Frankfurt, y a Michael F.D. Young, autor de «The Rise of meritocracy». Me sentí muy influida por Freire y trabajé en un proyecto para jóvenes de clase trabajadora en Bélgica, que utilizaba la enseñanza de Freire y el método de: Diagnosticar, Reflexionar, Actuar.
Lo introdujimos entre los trabajadores de una fábrica de ropa que se había creado como fuente alternativa de trabajo tras el cierre de las minas de carbón en Limburgo (Países Bajos).
La mitad pertenecía a los gobiernos de los Países Bajos y la otra a una familia holandesa, y utilizaba una tecnología muy avanzada para la época. La familia la expandió a Bélgica, donde los salarios eran más bajos, y más tarde al norte de Portugal por la misma razón. Pero, tras la revolución portuguesa de 1974, los sindicatos protestaron por las condiciones de trabajo, lo que les llevó a cerrar la fábrica durante 3 meses, aunque el propietario alegó que se trataba de una huelga. Pero como los sindicatos locales me conocían, conseguimos que la historia se difundiera por televisión y se alertara a los diputados de los Países Bajos. Como las fábricas de los Países Bajos y Portugal eran en parte propiedad de los gobiernos de los Países Bajos, pudimos acudir a los parlamentos y denunciar que se trataba de una explotación ilegal en una empresa pública.
¿Cómo pudo trabajar con las ideas de Freire en las fábricas?
Trabajamos con los sindicatos y con un investigador de la Universidad de Tilburg, en los Países Bajos, que estudiaba los efectos de la globalización, según la cual el propietario de una fábrica holandesa podía ir a la India, Macao o Túnez para explotar mano de obra barata y, como resultado, perjudicar a las industrias locales de esos países. Teníamos reuniones y organizábamos cursos después del trabajo y los fines de semana.
Y entonces conocí a un grupo de limpiadoras domésticas que habían formado una cooperativa en Portugal. El libro que acabo de publicar “Empregadas domesticas e mulheres-a-dias em Portugal” (Trabajadoras domésticas y cotidianas en Portugal) es una serie de entrevistas que grabé en 1984 con estas mujeres, más mi introducción y comentarios. Trabajé a tiempo completo en la cooperativa y en el sindicato durante tres años. Tenían cooperativas en Lisboa, Évora y Oporto, y yo trabajaba en su comedor de Lisboa. Gracias a mi formación, también pude ayudar con la contabilidad.
Trabajaban con las ideas de la JOC (una organización de jóvenes trabajadores de izquierdas) y de Freire, y parecía absurdo que estas trabajadoras domésticas siguieran trabajando para la gente rica; formaron cooperativas en las que compartían el cuidado de los niños, la cocina, la limpieza y el lavado de la ropa para la clase trabajadora.
Usted era muy activista. ¿Tenía alguna relación con partidos políticos?
Sí, siempre estaba trabajando ¡era una locura, posiblemente porque vivíamos y nos reíamos mucho! Pero nunca quise involucrarme en partidos políticos porque siempre están más interesados en el poder que en colaborar con los trabajadores. En esa época conocí a una trabajadora doméstica, Rosa, una mujer que construyó su casa junto con su marido aquí, en Cova da Moura.
¿Pensaste en volver a Bélgica?
Lo pensé. Por mi formación en psicología, sabía que era necesario reflexionar junto con las trabajadoras domésticas sobre los traumas que sufrían en la relación jerárquica, limpiando las casas de los ricos y cambiando a una relación de poder horizontal en la cooperativa, donde las trabajadoras planifican y construyen juntas. Pero conocí a Rosa y aquí estoy.
¿Cómo se desarrollaron las cosas aquí en Cova da Moura?
Llegué a Lisboa en 1978 y me trasladé aquí con Eduardo, mi marido, en 1983, después de vivir un año en la casa de Rosa y Jacinto. El bairro tenía entonces 3000 habitantes, pero para 900 personas no había agua corriente, salvo dos grifos, y mientras hablábamos en las colas para conseguir agua se nos ocurrió empezar unas pequeñas actividades teatrales sobre el tema de la higiene con los niños y firmamos una carta al ayuntamiento sobre la falta de agua. Fue cuando el FMI estaba en Portugal y había mucho paro. Organizamos actividades de dibujo y pintura para niños en nuestro ático y celebramos reuniones con trabajadores domésticos.
Creamos una biblioteca para que los niños tomaran libros prestados y había otra asociación aquí para que los jóvenes jugaran al fútbol, donde podían ir pero no se les permitía ser miembros porque era sólo para blancos; portugueses que habían regresado de África tras la descolonización. Así que Augusta, una joven de Cabo Verde del barrio, Eduardo y yo fuimos a un notario en 1987 y constituimos el estatuto oficial de nuestra Associaçao Cultural Moinho da Juventude. Alumnos cabeverdianos del barrio impartían cursos de alfabetización y Dina, una modista cabeverdiana de Cova da Moura, enseñaba corte y confección en la asociación.
¿Ha cambiado la composición del bairro desde entonces?
Ahora la mayoría son de ascendencia caboverdiana, pero en aquella época había muchos portugueses «retornados» de Angola. Tenían una asociación antes de que creáramos el Moinho, y consiguieron que se instalara agua y electricidad en gran parte del barrio. En el mapa se puede ver que 3/4 partes del terreno son propiedad de la familia portuguesa Canas, y una parte era propiedad del Estado, que lo vendió a la organización benéfica Casa da Misericordia por un precio muy bajo para crear una residencia de ancianos, una guardería y un Centro de Cuidados Continuados. Pero se hizo por razones políticas, para que el PSD consiguiera votos: la política vino a nosotros, una versión a pequeña escala de cómo funciona en Portugal.
Creía que aquí la gente no tenía título legal sobre la tierra.
Sí, no es nuestra, pero como trabajadores pagamos impuestos al Estado y por nuestras casas pagamos impuestos al gobierno local. Ellos cobran impuestos de nosotros y de la familia Canas, y por eso hacen mucho menos que en todas partes, es un escándalo.
(Traducido por Mónica del Pilar Uribe Marín)
*Próxima semana: Activismo migrante: vida cotidiana y lucha en el barrio












