Un interés por la fotografía se ve desafiado por una constante sucesión de fotolibros dedicados al proyecto personal de una fotógrafa, que hacen poco para generar reflexión más allá de preguntarse cómo trabajos tan banales encuentran algún editor.
Sean Sheehan
Un alivio bienvenido es un nuevo libro dedicado al trabajo de Helga Paris (1938 – 2004), una fotógrafa que trabajó en la República Democrática Alemana (RDA), la parte oriental de Alemania antes de la reunificación en 1990.
Al regresar a una fábrica textil donde había trabajado durante unas prácticas, describió cómo lo hacía: “Les pedía que se pusieran de pie o se sentaran en algún lugar, les comentaba que no esperaba nada especial; debían estar como mejor se sintieran. Tenía que ser rápido para que no posaran para la cámara. Antes de que pensaran en “cómo me veo”, el obturador ya había sido presionado”.
El resultado, una serie de imágenes notable, comunica su sentido de
identidad, creando un espacio para su existencia dentro del sistema industrial que estructuraba la vida laboral de las mujeres. Puede que no poseyeran los medios de producción, pero Marx se sentiría complacido al ver que han liberado sus cadenas. Sus fotos son una réplica visual al falso romanticismo de la canción de los Rolling Stones, “Factory girl”. En esa canción, los atributos de la mujer se enumeran con una despreocupación temeraria, mientras que quienes posan frente a la cámara de Helga Paris son autosuficientes.
Se presentan ante Paris y no piden nada a cambio: en el rostro, escribe Levinas, “el otro se me aparece no como un obstáculo, no como una amenaza que evalúo, sino como aquello que me calibra”.
Su matrimonio con un artista abrió una ventana al aspecto bohemio de la cultura de la RDA y fotografió a artistas que debían compaginar sus compromisos artísticos con las exigencias de funcionarios entrometidos.
Sin envolverse en los principios autorizados del realismo socialista, Paris encontró una dirección que no entraba en conflicto abierto con el oficialismo: “Siempre me ha atraído lo cotidiano, lo poco espectacular. Pero no lo fotografié clínicamente, de manera aséptica; más bien, intenté reproducirlo tan realista y de manera tan conmovedora como fuera possible”.
Sus fotografías están impregnadas de un sentido de melancolía que no puede explicarse con lugares comunes sobre la austeridad material en la RDA ni atribuirse a la ostalgie (nostalgia).
La tristeza se suaviza con una ternura atenta que se acentúa por su decisión de utilizar película en blanco y negro (no fue porque la película en color fuera demasiado cara en la RDA). Con el color, dice, ‘el ojo puede perderse en los contrastes’, mientras que con el blanco y negro “la composición parece más clara, así que puedes abstraer más de lo que ves”.
Este libro está relacionado con una exposición en Berlin Fotografiska que termina el 25 de enero de 2026. Hasta donde sé, todavía no ha habido una exposición de su trabajo en el Reino Unido, pero seguramente es solo cuestión de tiempo antes de que esto se corrija.
“Helga Paris für uns”, editado por Udo Kittelmann y Marina Paulenka, está publicado por Kehrer.
(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marín) – Fotos suministradas por la editorial











