Un cineasta e ingeniero de sonido español se sumergió en la diversa escena musical de Etiopía. Su documental «Roaring Abyss» surgió de viajes espontáneos, capturando sonidos rurales distintos del jazz urbano. A pesar de las barreras lingüísticas y las expediciones desafiantes, formó un equipo de producción y descubrió la acogedora comunidad musical de Etiopía. (Memorias de The Prisma)
Yi ZOU
¿Se imagina ir solo a un país diferente, empezar de cero, aprender el idioma local, encontrar un trabajo con casi nada de dinero, pero al mismo tiempo perseguir firmemente su sueño?
Esto es exactamente lo que hizo el director de «Roaring abyss» (“Abismo rugiente”) por su documental sobre Etiopía. «Al instante me encantó», cuenta a The Prisma al hablar de su primer acercamiento a una grabación etíope. Al criarse en Sevilla en el seno de una familia de Cádiz, Quino Piñero tuvo contacto con África desde el primer momento de su vida. Bajo su imperceptible influencia, de alguna manera se sintió siempre atraído por los géneros musicales de ese continente.
Por ejemplo, su primer largometraje, «Le Message du Issa Ber», fue una película producida sin proponérselo, a partir de las imágenes hechas con su cámara de mano durante sus viajes a Malí, para explorar los originales «blues».
Él ve «Roaring abyss» como una evolución de la película anterior, ya que ambas utilizan grabaciones de bandas locales y músicos como escena principal, excepto que esta última vez estaba empleando fotografía profesional y equipo de grabación con la total intención de hacer una película desde el principio.
Sin embargo, incluso este último documental es un «subproducto» de su viaje. Al principio, el jazz etíope fue lo que lo trajo allí y lo que es el tema de otra película: “New voices in an old flower” («Voces nuevas en vieja flor»), la cual produjo en esa región.
El álbum que descubrió primero era una compilación llamada «ethiopique», una colección de música que capta el sonido único etíope de la Edad de Oro. Durante ese tiempo, de los años 50 a los 70, alineándose con algunos cambios liberales y la nueva forma musical traída por Haile Selassie, este país estaba experimentando una explosión en términos de cultura y música. A diferencia del jazz en la urbanizada ciudad capital de Addis Abeba, influenciada por el funk y el soul traído por el ejército de EE.UU, éste utiliza instrumentos de metal armenio del grupo, traído por Haile Selassie, y la Escala etíope difiere del pentagrama. Esta película se basa en la zona rural de Etiopía donde refleja su estilo musical inicial.
Como se mudó allí sin saber una sola palabra de amharico, oromo u otra lengua nativa hablada extensamente, Piñero se quedaba en Addis Ababa, una ciudad cosmopolita que le permitió comunicarse y trabajar en inglés mientras que aprendía amharico.
Al mismo tiempo, aprovechó al máximo su labor relacionada con la música, hizo amigos que comparten sus intereses, buscó inspiración para s trabajo y desarrolló su propio equipo de producción fílmica.
Gracias a su trabajo que le exige estar en diversos lugares y vidas, ha tenido la oportunidad de salir de Addis Abeba y apreciar el sonido etíope rural que se distingue ampliamente del urbano.
Durante el tiempo que exploró el país mientras se adaptaba a la vida en Addis Abeba, su red social se extendió y su proyecto cinematográfico tomó forma gradualmente a través de la espontánea experiencia de inspiración. Partiendo de tener simplemente un equipo de cámara y sonido, pasó a tener un equipo completo de producción cinematográfica durante los viajes de ocio que hacía de vez en cuando con sus amigos durante los dos años que pasó en Addis Abeba. Poco a poco, adquirió suficiente material audiovisual para hacer otro documental. Así es como surgió “Roaring abyss”. En algunas ocasiones, tuvo que lidiar con algunas dificultades durante el proceso de filmación. Para completar este proyecto de recolección de sonido, Quino tuvo que ser extraordinariamente flexible y decidido. Una vez, él y su equipo tuvieron que caminar durante tres días a lo largo de una montaña boscosa, cargando con todo el equipo, rumbo a un pequeño pueblo simplemente porque esa era la única opción que tenían para filmar sin interrupciones.
Sin embargo, esto no aminoró su pasión por esta nación. Quino piensa que Etiopía es «un país asombroso y muy acogedor» y también describe a la mayoría de los lugareños que están trabajando en el proyecto musical, como muy atentos y cooperativos.
Para él, el impacto visual único generado a través del arduo proceso de filmación le ha traído un resultado inesperadamente satisfactorio que le proporciona una compensación emocional cautivadora.
Mientras que la burocracia y otras dificultades eliminaban la opción fácil, ellos aportaron al proyecto final dotándole de un significado simbólico adicional de una manera diferente. La red de centros culturales también ayudó mucho a su equipo a encontrar músicos y establecer conexiones. Estas oficinas culturales son del Estado y bien organizadas, garantizando que todo los aspectos culturales de la región, estén bien representados. A través de la oficina cultural regional, Quino puede conocer a más artistas musicales de una manera más efectiva.
Cuando le preguntamos si va a continuar con el descubrimiento del viaje del sonido en el futuro, respondió sin vacilar: «Sí, por supuesto». Parece que nada puede bloquear su entusiasmo por la música. No obstante, ¿cuál será su próximo destino? ¿Cuál será el tema de su próxima película? Sólo el tiempo fue dar a conocer la respuesta. (Memorias de The Prisma)
(Traducido por Irene Caneiro y MPUM) – Fotos de Quino Piñero











