Globo, Latinoamerica

Duquesa: contaminación, supervivencia y momento crítico

Durante años, las comunidades que rodean el vertedero de Duquesa han vivido entre gases tóxicos, suelos contaminados y medios de subsistencia precarios ligados al reciclaje de residuos. Una nueva intervención estatal, apoyada por organismos internacionales, busca cerrar y transformar el sitio, con impacto en casi cuatro millones de habitantes del Gran Santo Domingo.

 

Mariela Pérez Valenzuela

 

Duquesa es un lugar donde conviven dos realidades: la de miles de personas que sobreviven entre desperdicios y la de un Estado que promete convertir uno de los mayores símbolos de contaminación urbana en un modelo de recuperación ambiental.

Queda a unos 30 minutos del centro de la capital dominicana, en el municipio Santo Domingo Norte. Allí miles de personas conviven desde hace años con uno de los mayores pasivos ambientales del país: este vertedero que lleva por nombre Duquesa. En este lugar, donde a diario se descargan toneladas de residuos provenientes del Gran Santo Domingo y de otras zonas, la basura no es solo un problema sanitario. Para muchas familias, constituye también su única fuente de sustento.

Duquesa es mucho más que un depósito de desechos sólidos. En comunidades cercanas como Los Casabes, Jacagua, Barrio Norte o Profesor Juan Bosch han crecido generaciones enteras bajo la sombra del vertedero.

Para sus habitantes, la proximidad a las montañas de desperdicios no es un hecho circunstancial, sino una condición permanente que define la vida cotidiana y el entorno en que se desenvuelven miles de familias.

En estos sectores, el penetrante y desagradable olor se mezcla con el humo de incendios ocasionales, mientras la contaminación del suelo y el tránsito constante de camiones cargados de residuos forman parte del paisaje habitual.

Lo que para el resto de la ciudad es un problema distante, para quienes viven en Duquesa representa una realidad diaria con consecuencias ambientales, sanitarias y sociales acumuladas durante décadas.

La economía de sobrevivir

En el vertedero, los llamados “buzos” se lanzan sobre los desperdicios apenas un camión descarga. Buscan plástico, cartón, metales o ropa usada que luego venden a intermediarios o reutilizan.

Muchos trabajan sin protección, con las manos descubiertas, entre moscas, animales y montañas de desperdicios compactada.

“Para nosotros esto no es solo basura, es la manera de sobrevivir. Aquí uno viene todos los días a buscar lo que aparezca. No es un trabajo fácil, pero es lo único que muchos tenemos. Vivimos de lo que otros botan”, relató a Prensa Latina un residente del sector.

La precariedad no se limita al trabajo. Las viviendas en los alrededores suelen carecer de infraestructura adecuada, con servicios básicos inestables y calles, en muchos casos, sin pavimentar.

A ello se suma un fuerte estigma social: vivir en Duquesa es, para muchos dominicanos, sinónimo de exclusión.

Riesgos ambientales y de salud

Los impactos del vertedero han sido señalados durante años por expertos y autoridades. Duquesa ha afectado cuencas cercanas como las de los ríos Ozama e Isabela debido a lixiviados -líquidos contaminantes- que se filtran al suelo. A esto se suman los gases tóxicos generados por la descomposición de los residuos y la humareda provocada por incendios.

Las consecuencias se reflejan en la salud de las comunidades: enfermedades respiratorias, afecciones cutáneas y proliferación de insectos y roedores forman parte de los riesgos cotidianos, especialmente para niños y adultos mayores.

Los ministerios de Medio Ambiente y de Salud Pública han alertado que el manejo inadecuado de residuos sólidos en Duquesa causa contaminación del suelo, del agua y del aire, lo que afecta la salud y la calidad de vida.

Historia y conflictos

Antes de convertirse en el principal depósito de residuos del Gran Santo Domingo, el área donde hoy se ubica Duquesa era un terreno estatal vinculado al Consejo Estatal del Azúcar (CEA) en la década de 1990.

En 1997, el lugar fue destinado oficialmente para recibir los desechos sólidos generados en la capital y municipios cercanos.

Entre 2002 y 2004, la administración estuvo bajo la responsabilidad de la Alcaldía de Santo Domingo Norte. Ese último año se firmó un contrato por 20 años con un consorcio domínico-brasileño para gestionar el vertedero, en un intento de modernizar su operación.

En 2007, el acuerdo fue transferido a la empresa privada Lajun Corporation, que mantuvo el control durante unos diez años.

Este período estuvo marcado por conflictos con autoridades municipales y cuestionamientos por incumplimientos contractuales y deficiencias ambientales. En 2017, el Tribunal Superior Administrativo ordenó retirar a la compañía por afectar derechos colectivos relacionados con la salud y el medio ambiente.

Foto de Marko Milivojevic / Pixnio.  Creative Commons License.

Desde entonces, Duquesa pasó a ser administrado por una comisión pública integrada por el Estado y la alcaldía, con un enfoque en el manejo controlado y el cierre técnico progresivo.

Según fuentes oficiales y reportes de prensa, a partir de 2020 se impulsaron planes de reforma, y en 2023 el Ministerio de Medio Ambiente inició el proceso de cierre técnico por áreas.

Como parte de esa intervención, se plantaron 3 500 árboles en el vertedero, un paso que marcó el comienzo oficial de su transformación ambiental. En febrero de este año, el presidente dominicano, Luis Abinader, presentó la primera fase de saneamiento y recuperación del vertedero, con respaldo de organismos internacionales.

Transformación

El pasado 10 de febrero, Abinader anunció el inicio de la primera etapa de un ambicioso proyecto de saneamiento y transformación ambiental de Duquesa.

La iniciativa contempla una inversión estimada en 110 millones de dólares, con respaldo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Las autoridades aseguran que el plan beneficiará a unos 3.8 millones de habitantes del Gran Santo Domingo e incluye, en una primera fase, la estabilización del terreno, el manejo de lixiviados, el control de gases, el perfilado de taludes y el sellado de áreas críticas. PL

(Fotos: Pixabay)

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