23 de junio de 2026 marca el décimo aniversario del referéndum del Brexit. Prometía un mayor control sobre las fronteras, las leyes y la política económica. Diez años después, sin embargo, la economía británica enfrenta una desaceleración significativa, la gobernanza del país rara vez ha parecido tan inestable, y la retórica antiinmigración se ha intensificado en una sociedad cada vez más dividida.
Marwan Nabli
«No todas (las del Reino Unido) estas dificultades se deben al Brexit, simplemente estoy convencido de que el Brexit lo hace todo más difícil», tuiteó Michel Barnier, el antiguo negociador del Brexit por la UE, el 20 de octubre de 2022, al día siguiente de la dimisión de Liz Truss.
El cuarto primer ministro desde 2016, que ocupó el cargo solo 45 días, simbolizó la creciente inestabilidad política del reino tras el referéndum. Solo durante la era de la Regencia/posregencia, entre 1827 y 1837, Gran Bretaña experimentó una sucesión tan rápida de primeros ministros.
Los conservadores no han estado en el gobierno desde 2024. El Partido Laborista, y Keir Starmer, que llevan dos años liderando el gobierno, enfrentan una crisis de confianza pública que no hace más que profundizarse.
Esta dinámica se vio aún más destacada durante las elecciones locales del 7 de mayo, en las que el Partido Laborista sufrió una pérdida histórica frente a Reform UK — un partido soberanista de extrema derecha que obtuvo el 26% de los votos a nivel nacional — mientras que partidos alternativos como los Verdes también ganaron terreno.
«El Brexit cambió la identidad política del Reino Unido», sostiene Peter Cook, orador principal británico, autor y consultor de desarrollo organizacional que habló con The Prisma. Escribe la serie de comentarios políticos y boletines Reboot Britain (conocido también humorísticamente como Rage Against The Brexit Machine, junto con cinco libros, música de protesta, películas y eventos participativos). Es conocido por combinar el liderazgo y la estrategia empresarial con la defensa política, centrándose específicamente en la reforma social, económica, medioambiental y política del Reino Unido y en la eliminación del Brexit. Afirma que «ha fragmentado el sistema político en al menos cinco partidos… Combinado con un sistema de mayoría simple (‘first past the post’), eso está roto».
El líder de la red de cabildeo «Reboot Britain» juzga el éxito de la campaña de Salir como «un fracaso de la campaña del ‘Remain’ de David Cameron. No pensaba que iba a perder. Nigel Farage y Boris Johnson llegaron con campañas populistas y eslóganes que se escuchan en un partido de fútbol; tenían una comunicación de marketing mucho mejor».

Cook también recuerda que había un desconocimiento general sobre los efectos del Brexit: «El día después de que ocurriera el referéndum, el tema más buscado en Google en el Reino Unido fue ¿Qué es el Brexit?”.
Uno de los argumentos clave promovidos por los partidarios del Brexit durante la campaña de 2016 fue la necesidad de reafirmar el control británico sobre la política económica.
Tres años después del referéndum, se estima que el proceso del Brexit redujo la productividad del Reino Unido «entre un 2% y un 5%», según el Banco de Inglaterra. Otro estudio publicado por el mismo banco también muestra que «en los últimos tres años, el crecimiento acumulado del gasto en inversión ha sido de solo el 0,4%».
Tras el «minipresupuesto» del gobierno de Truss en 2022, la libra alcanzó su nivel más bajo frente al dólar estadounidense en la historia moderna de Gran Bretaña (£1 = $1,0327), según Euronews.
En octubre de 2025, el Fondo Monetario Internacional (FMI), citado por Reuters, declaró que: «La inflación en el Reino Unido sigue siendo la más alta del G7. Se prevé que la inflación de los precios al consumo promedie el 3,4% en 2025 y el 2,5% en 2026». Y esto se refleja directamente en los precios de los productos básicos, según el activista contra el Brexit: «Los precios de los alimentos han subido entre un 20% y un 30%. El queso lleva una etiqueta de seguridad. El queso francés y otros productos difíciles de importar apenas se encuentran en ningún Aldi ni en otros supermercados».
La economía del Reino Unido está bajo presión, dice Cook: «Estamos perdiendo unos £240 mil millones cada año».
Además, «con la caída en la contratación, el desempleo aumentó el 5 % en el tercer trimestre de 2025», informó el el gobierno del Reino Unido.
«A quienes no entienden de números les explico que es como intentar cruzar nadando el Canal de la Mancha con un ladrillo de diez kilos atado al cuello», dice Peter Cook.
En sus palabras, «es un efecto catastrófico. El problema es que está ocurriendo a cámara lenta, no todos lo experimentan y se mezcla con el Covid, Ucrania, Trump. Ello hace más difícil para la gente separar los impactos del Brexit a medida que pasa el tiempo». La libertad de movimiento entre el Reino Unido y los países de la Unión Europea también se ha transformado, por supuesto, tras el Brexit. «El Reino Unido ha implementado un sistema de inmigración basado en puntos que prioriza las habilidades y el talento por encima del país de origen de una persona», informa el gobierno.
Sin embargo, este proceso de selección ha provocado una escasez de trabajadores cualificados en ciertas ocupaciones esenciales para la economía británica: «Si vas a un hotel, ya no hay personal porque la mayoría de los europeos se fueron. Esto se aplica a otros sectores como nuestro NHS (Sistema Nacional de Salud), la agricultura, etc.», observa Cook.
Magda Borkowska y James Laurence, del Instituto de Investigación Social y Económica (ISER) de la Universidad de Essex, descubrieron que, durante la campaña del referéndum, el contacto —o la falta del mismo— con diferentes grupos étnicos fue un factor determinante en la forma en que ciertos votantes emitieron su voto: «Las personas del grupo mayoritario que vivían entre mayores proporciones de no blancos tenían menos probabilidades de votar por el Brexit, mientras que aquellas en áreas que experimentaban un mayor aumento en la proporción de no blancos (entre 2001 y 2011) tenían más probabilidades de votar por el Brexit».
La retórica antiinmigración ha aumentado, y esto también se reflejó en un sentimiento de aprensión compartido por los inmigrantes: «La principal reacción fue miedo; la gente estaba aterrorizada de ser identificada», informa Cook, quien recientemente relató cómo se enfrentó a un hombre en un bus que estaba haciendo comentarios racistas: «Me levanté y le dije que se bajara del autobús». Los inmigrantes habían permanecido sentados escuchando durante 35 minutos. «Ellos optaron por callarse».
Los resultados de las últimas elecciones locales, las recientes marchas de extrema derecha lideradas por el activista anti-Islam Tommy Robinson, y las nuevas normas de inmigración anunciadas por Westminster revelan una fractura cada vez más profunda en todo el Reino Unido.
Paradójicamente, vienen más personas porque «no tenemos ningún mecanismo para enviarlas de vuelta» tras el Brexit. «Solíamos tener un mecanismo a través del Acuerdo de Dublín para devolver a las personas si no queríamos que se quedaran aquí. Ya no podemos usarlo porque somos un tercer país», argumenta Cook.
Los inmigrantes ahora tienen que esperar 10 años para obtener un estatus de residencia permanente. Peter Cook dice que «no puedes establecerte y hacer tu vida con tu familia en un país del que podrían echarte dentro de 10 años».
También recuerda una época no tan lejana en la que los británicos abrían los brazos: «Cuando vinieron los ucranianos, hubo amabilidad. Sin embargo, la gente olvida rápido las cosas. Ahora prevalece un sentimiento de peligro ante lo desconocido». Cook observa que «a los votantes del Brexit no les gustaban mucho los rumanos, pero les gustan aún menos los iraníes y otras naciones lejanas. Por supuesto, todavía quieren sus operaciones, Deliveroo, taxis, soporte informático, etc. Tengan cuidado con lo que desean».
Hoy en día, las «pateras» de refugiados que cruzan el Canal se han convertido en el tema más discutido en la política británica. Aunque «una gran parte del público británico todavía cree que la migración neta sigue aumentando, cuando en realidad ha caído más de tres cuartas partes», según un informe de British Future publicado antes de las últimas cifras gubernamentales sobre migración, el 21 de mayo de 2026.
En general, desde 2016, el Reino Unido ya no está sujeto a la legislación de la UE, pero lidia con una economía estancada. «No ha cambiado ninguna ley significativa en ese tiempo, lo que echa por tierra el mito de que queríamos nuestras propias leyes», añade Cook.
El país nunca ha logrado «recuperar el control» total de sus fronteras, ya que la migración neta alcanzó un máximo histórico de 906.000 en el año que terminó en junio de 2023, según estimaciones revisadas de la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS), el nivel más alto registrado en la serie.
El gobierno del Reino Unido también ha creado un sistema de acogida discriminatorio basado en la selección de trabajadores según las necesidades económicas y dando prioridad a los trabajadores cualificados.
El Parlamento enfrenta una inestabilidad histórica. Cook afirma que: «cinco primeros ministros han sido ‘devorados’ por el Brexit, y Keir Starmer parece que podría ser el próximo». Peter Cook está tratando de convencer a muchos de sus compatriotas de que «reintegrarse» sería sencillo, pero se enfrenta a una realidad: «El Brexit es una cuasirreligión… No se puede cambiar dando datos a la gente… Hay que escuchar su historia y eso lleva tiempo, habilidad y paciencia. Yo llamo a los procesos que necesitamos ‘Brexorcismo'».
‘Recuperar el control’ era la idea principal, pero diez años después, parece difícil ver cómo esto ha beneficiado al Reino Unido. Por otro lado, es más fácil entender lo que le ha costado.
(Traducido por Camila Marquez) – Fotos: Pixabay











