Recientemente, los tribunales franceses condenaron a la líder de la Agrupación Nacional (RN), Marine Le Pen, y a otros miembros de la RN por malversación de fondos del Parlamento Europeo. Le impusieron penas inusualmente duras, incluida la prohibición de presentarse a las elecciones durante cinco años, lo que afecta a su condición de principal aspirante a las elecciones presidenciales de 2027.
Yonatan Mosquera
Le Pen ha prometido luchar «como Martin Luther King» por su derecho a participar en política.
La RN es, en efecto, un partido reaccionario al que la clase trabajadora y los oprimidos deben oponerse. Sin embargo, es engañoso afirmar que esta sentencia proviene de un sistema judicial «independiente» o de un auténtico «amor por la democracia» de los tribunales capitalistas franceses.
El gobierno de Macron tiene un historial documentado de apoyo a la brutalidad policial contra manifestantes pacíficos. Ha intensificado la vigilancia política intrusiva bajo su «Ley de Seguridad Global» y ha impuesto el control del pensamiento mediante la disolución del Colectivo contra la Islamofobia (CCIF) y otras medidas indignantes. Además, se está presionando a las organizaciones musulmanas para que renuncien a cualquier programa político, denuncien el llamado «islam político» y rechacen las afirmaciones de que «el racismo de Estado no existe.» Macron no es ni un protector de la democracia ni un luchador contra el fascismo.
Al impedirle presentarse a las elecciones, los tribunales han transformado al partido de Le Pen en un mártir a los ojos de millones de trabajadores franceses que detestan con razón la impopular presidencia de Emmanuel Macron. Los tribunales no protegerán a la clase obrera del fascismo. Incluso con la suspensión de Le Pen, la RN todavía tiene una buena oportunidad de ganar las elecciones presidenciales de 2027.

Elecciones burguesas y fascismo
Los tribunales no son las únicas herramientas del estado capitalista que dicen «defender la democracia». Los defensores de las instituciones capitalistas a menudo argumentan que las elecciones burguesas son la solución para «detener el fascismo.»
En las elecciones de julio de 2024 para los 577 escaños de la Asamblea francesa, la coalición de izquierda Front Populaire (FP) se aseguró 180 escaños, el Ensemble del presidente Macron obtuvo 159 escaños, y el RN de Le Pen obtuvo 142 escaños. Este resultado se produjo tras una campaña concertada de sindicatos, organizaciones de movimientos sociales y otros para «detener el fascismo» votando a «quienquiera» que pudiera derrotar a los candidatos de RN. El FP incluso apoyó al ministro del Interior, Gérald Darmanin, defensor de algunas de las políticas más racistas aplicadas por el régimen de Macron. Darmanin ha promovido la racista Nueva Ley de Inmigración y ha introducido legislación islamófoba contra una supuesta «toma del poder islamista.» También ha presionado contra la construcción de una mezquita en Estrasburgo, ha cerrado el periódico islámico La Voie Droite y ha prohibido los trajes de baño «burkini» para mujeres musulmanas en las piscinas municipales de Grenoble.
A pesar de estas cuestiones, la coalición de izquierdas retiró vergonzosamente 134 candidatos, permitiendo voluntariamente que candidatos de la coalición de Macron ocuparan su lugar en un intento de «bloquear a los fascistas.» Como era de esperar, Macron se negó a nombrar un primer ministro del FP, que es el partido más grande en la Asamblea, y en su lugar nombró a Gabriel Attal como jefe de gobierno.
Las maniobras electorales del «frente antifascista» han dado como resultado una victoria para los aliados de Macron y un estatus elevado para la facción de extrema derecha de Marine Le Pen. Esta última puede afirmar ahora que es la única opción «antisistema» legítima para el pueblo de Francia. Al mismo tiempo, la izquierda ha demostrado su incapacidad para guiar a los trabajadores hacia un camino de victoria contra el fascismo.
Lecciones de la historia
Los trabajadores no pueden oponerse eficazmente al fascismo mediante prohibiciones impuestas por los tribunales. Las sangrientas experiencias históricas -como las acciones emprendidas por el Estado alemán contra el Partido Nazi antes de la llegada de Hitler al poder en 1933- demuestran que las prohibiciones impuestas por el Estado capitalista a la extrema derecha conducen a ataques aún más duros contra las organizaciones obreras.
Además, la historia nos enseña que no se puede derrotar al fascismo confiando en los juegos electorales del Estado capitalista. En 1932, los socialdemócratas alemanes (SDP) apoyaron la candidatura de Paul Von Hindenburg a la presidencia, presentándolo como «la única esperanza» para «detener el fascismo». Sin embargo, Hindenburg nombró a Hitler Canciller de Alemania, a pesar de que el Partido Nazi de Hitler sólo había obtenido el 37% de los votos.
Del mismo modo, durante el ascenso de Mussolini, los socialistas italianos hicieron desesperadas y embarazosas súplicas al rey Manuel para que «presionara» a Mussolini (un antiguo socialista) para que pusiera fin a la violencia contra ellos. Pero estos llamamientos fueron en vano, ya que el rey nombró a Mussolini jefe de gobierno en octubre de 1922.
Sin embargo, la historia también ofrece ejemplos positivos. El 6 de febrero de 1934, matones fascistas descendieron sobre la Asamblea Nacional francesa y sustituyeron por la fuerza a varios diputados por sus propios representantes. Menos de una semana después, más de 4 millones de trabajadores respondieron a la convocatoria de huelga general de la federación sindical francesa CGT. Acciones similares continuaron durante los tres años siguientes en toda Francia, deteniendo efectivamente el movimiento fascista.
El 4 de octubre de 1936, la Unión Británica de Fascistas, dirigida por Sir Oswald Mosley, sufrió una importante derrota de la que nunca se recuperó durante La Batalla de Cable Street. Los trabajadores del East End de Londres demostraron el poder de la acción independiente de la clase obrera al movilizarse con éxito para enfrentarse a los fascistas. Por otro lado, no garantiza nada, como demostró la Guerra Civil española.
Ni los tribunales, ni las maquinaciones electorales, ni la constitución, ni ninguna parte del sistema capitalista nos protegerá del fascismo. La única manera de hacer frente a la extrema derecha es mediante la movilización política activa.
¿Cómo combatir el auge del fascismo en la sociedad contemporánea? ¿Qué ejemplos históricos ilustran la transición de la democracia burguesa al régimen fascista? Abordaremos estas cuestiones en los próximos artículos de esta serie.
(Traducido por Camila Márquez)











