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Historias de migrantes: una vida entre titulares y fronteras

Desde dar la noticia del fallido golpe de Estado de Hugo Chávez hasta informar en zonas de conflicto y amplificar las voces de los migrantes en el Reino Unido, la carrera de María Victoria Christancho traza el costo personal y político de ser testigo de la historia.

 

Periodista María Victoria Christancho.

Clelia Frondaroli

 

Si buscas en Google una imagen de Hugo Chávez durante el golpe de Estado de 1992 en Venezuela, se puede ver la mano de María Victoria Cristancho sosteniendo un micrófono hacia el entonces líder del Movimiento Bolivariano Revolucionario – tomada en el momento exacto en que él admitía que su intento había fracasado.

«Estaba entrevistando en vivo [en el palacio], y a alguien se le ocurrió la brillante idea de pedirle a Chávez que hiciera una llamada para decir que habíamos fracasado en el golpe de Estado, que entregaran las armas. Así que yo estaba allí mientras él decía eso», cuenta.

Una mujer cálida e inteligente, Cristancho sonríe ligeramente mientras relata la historia de aquella noche en que dio la noticia del golpe en Venezuela. Sin embargo, no sorprende saber que Cristancho no solo estuvo allí, sino que fue la primera en enterarse de que el golpe iba a ocurrir.

Al relatar cómo sucedió todo, dice: «Recibí una llamada del senador Pompeyo Márquez, y me dijo: ‘Prepárate, esta noche va a haber un golpe de Estado’, y yo pensaba: ¿Qué voy a hacer?

«Total, que a las cuatro de la mañana escuché el primer disparo, y ¿sabes qué hice? Fui inmediatamente al palacio», ríe al recordar el momento.

Con solo unos años en su cargo como corresponsal de la presidencia para Radio Caracas Radio, este incidente marcaría un momento decisivo en la carrera de la periodista.

Uno que la acompañaría a lo largo de la inestabilidad civil, política y social que seguiría cubriendo en todo el mundo.

Pero para la reportera nacida en Colombia (y criada en Venezuela), su deseo de ser periodista comenzó a los 12 años, cuando su padre la sentaba frente a las noticias de las ocho cada noche. Desde ese momento, analizar las noticias y entender lo que ocurría en el mundo le resultó «natural», dice.

Sin embargo, la carrera que eligió no siempre ha sido fácil. Cuando comenzó como periodista en Venezuela, creía que la profesión era muy respetada. Esto cambió tras su última entrevista con el entonces presidente Chávez en 2002. Después de que su artículo apareciera en El Nacional, el presidente la criticó abiertamente durante una alocución nacional, una movida que la dejó desilusionada.

«[Después de eso] mi mamá llamó y dijo: ‘No quiero que regreses. Chávez te va a meter presa’. Y yo le dije: ‘No lo creo’.

«En ese momento no sabía que el gobierno podía llegar a controlar los medios, como finalmente ocurrió, y encarcelar a periodistas. Creía que Chávez nunca me haría eso a mí. Pero ahora estoy segura de que si estuviera allí, lo haría.»

A partir de entonces, Cristancho pasó los siguientes años informando por todo el mundo.

En 2003, le ofrecieron el puesto de corresponsal internacional en África Occidental, donde pasó los siguientes cinco años cubriendo noticias de última hora para Reuters y donde sería testigo del ascenso de Boko Haram. Más tarde se trasladó a Oriente Medio en 2008, donde se instaló en Abu Dabi. Cubriendo historias desde Omán, Jordania y Catar, el trabajo se volvía aún más difícil porque no se le permitía poner abiertamente su nombre a nada de lo que escribía.

Pero aunque era un «tipo de periodismo muy diferente», como dice Cristancho, su pasión por su trabajo nunca disminuyó.

Ahora, madre de un hijo, está establecida en el Reino Unido y ejerce como ejerce como directora de Salud y Bienestar de Aymara, una organización que trabaja por la igualdad en los servicios de salud y sociales. A través de esto, sigue defendiendo a diario las voces de los migrantes, apoyándose en sus propias experiencias como refugiada en Venezuela.

«Mi padre era dirigente sindical en Colombia y tuvo que salir del país en la década de 1970. Así que he sido migrante desde la infancia». Piensa que la dificultad de ser migrante es que «siempre hay esta sensación de pérdida».  Y continua: «Cada vez que te mudas, tienes que demostrar que eres algo. Por ejemplo, en mi caso, cuando regresé [al Reino Unido] en 2015, pasé de ser la editora internacional de un gran periódico a, de repente, no ser nadie».

Como muchos migrantes siguen enfrentando desafíos laborales debido a restricciones legales y barreras idiomáticas, Cristancho escucha historias de dificultades, largas jornadas y bajos salarios, todo para apenas sobrevivir. Pero, a través de su trabajo entrevistando a mujeres y migrantes para su pódcast ‘Tertulia del martes», también ha escuchado historias de triunfos, de personas que llegaron al Reino Unido sin nada y se van con doctorados.

Fue en este espacio donde nació su libro “Cuarenta caminos, cuarenta historias migrantes”, que recoge testimonios y hechos de latinoamericanos que viven en Londres. Lo lanzó a finales del año pasado.

Aunque la periodista no sabe dónde terminará viviendo a largo plazo, ya sea en el Reino Unido o en otro lugar, Cristancho ahora tiene clara una cosa: su identidad.

«Siempre digo: nací en Colombia y no elegí ser colombiana. Y crecí en Venezuela y no elegí ser venezolana.

«Pero ahora soy latinoamericana. Eso lo he elegido».

(Traducido por Camila Marquez) – Fotografías cedidas por María Victoria Cristancho y autorizadas para su publicación

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