Llevar al teatro una novela de Barbara Pym parece una idea obvia ahora que se ha logrado con tanto éxito en el Arcola theatre de Londres.

Sean Sheehan
La producción termina el 20 de junio, de forma que hay que verla esta semana para disfrutar del retrato profundamente conmovedor, mas nunca sensiblero, que hace Pym de la vida de cuatro oficinistas al final de la mediana edad.
Los cuatro trabajadores tienen poco en común aparte de su lugar de empleo y sus vidas de solteros que, de maneras muy diferentes, los llevan a aceptar el no tener pareja ni un amigo íntimo. Uno de ellos, Edwin, es viudo y encuentra consuelo en su parroquia. Él sabe que se supone que el tiempo que pasa más rápido a medida que uno envejece, pero los diez años desde que murió su esposa, observa, nunca habían pasado tan despacio. Su melancólico compañero Norman nunca se casó y se ha resignado a su vida solitaria, protegiéndose de la soledad con un ingenio mordaz y sarcástico. Sus bromas y su coqueteo apenas disimulado con la fría Marcia no son algo que ella pueda permitirse corresponder, por lo que se comporta como si careciera de sentido del humor. Al igual que la otra mujer de su lugar de trabajo, Letty, su jubilación es inminente y entonces ambas se enfrentarán a un futuro incierto.

Pronto nos damos cuenta de que Marcia tiene una vida imaginaria que atesora en secreto, pero que no puede protegerla de las penas personales que están afectando a su capacidad para salir adelante; el trabajo le ha proporcionado una estructura de rutinas para salir adelante, pero esto está llegando a su fin.
De las cuatro, Letty es la que nos hace sentir más simpatía por ella y compartimos su angustia existencial, al tiempo que envidiamos su reserva de fortaleza y su capacidad para no sucumbir a la desesperación de la depresión. Sus expresiones faciales, que van desde el asombro desconcertado hasta la angustia más absoluta, transmiten lo que las palabras a menudo no logran no logran transmitir. La novela de Pym, «Cuarteto de otoño», transcurre en un Londres de hace medio siglo, pero los quejidos cotidianos de sus personajes no son ajenos a las preocupaciones contemporáneas: no están bien pagados, sus trabajos no son esenciales, y rezongar es una forma de lidiar con la falta de sentido de su trabajo y de la vida en general.
La primera mitad de esta dramatización concluye con la jubilación de Marcia y Letty; después del intermedio, Edwin y Norman siguen trabajando mientras descubrimos cómo están sobrellevando la situación las dos mujeres.

Lo que sigue para los cuatro es una combinación de esperanzas frustradas, callejones sin salida emocionales, conversaciones que ocultan mucho más de lo que revelan y —esto es lo que sostiene el drama de la segunda mitad— una sorpresa que, en retrospectiva, no sorprende en absoluto.
Diseño de escenario, vestuario, dirección e interpretación se entrelazan maravillosamente en esta magnífica y hábil adaptación de la novela de Pym. «Cuarteto de otoño» se representa en el Arcola theatre hasta el 20 de junio.
(Traducido por Monica del Pilar Uribe) – Imágenes cedidas por el Arcola theatre.











