Globo, Migrantes, Multicultura, Reino Unido

La diáspora más allá del miedo y la desinformación

Cuando el discurso político y mediático deshumaniza al inmigrante u oculta su realidad, urge una mirada alternativa. Esta Edición Especial sobre Migración reúne a medios independientes que abordan la diáspora con rigor y contexto. Un trabajo periodístico libre de estereotipos, necesario frente al creciente sentimiento antinmigrante.

 

Mónica del Pilar Uribe Marín

 

En el creciente y universal sentimiento antiinmigrante que hoy habita en la mayoría de las sociedades, la posverdad ha sido un instrumento decisivo. Políticos, nacionalistas, fascistas, redes sociales y medios tradicionales de comunicación han sembrado odio y miedo en las sociedades de acogida.

No es una realidad generalizada, pero la alianza tácita o explícita que existe entre políticos (populistas, de derecha y de extrema derecha) y prensa, ha permitido que la gente desdibuje, ignore u olvide la historia de su propia realidad y culpe a la diáspora por sus carencias, violencias y dificultades cotidianas.

Se busca convencer a los nacionales de que los problemas sociales, económicos y culturales son resultado de la inmigración. El lenguaje que suelen emplear es intimidante y negativamente descriptivo, de manera que se piense que llegan a arrebatarles lo que es suyo y a destruir sus raíces culturales. Les dicen que la falta de vivienda, la deficiencia y el aumento de tarifas en los servicios de salud y educación, un mercado laboral que prioriza al extranjero y una identidad, cultura y valores en riesgo, se deben a la diáspora, sea cual sea su color y razón. Y suman otro factor más intimidante: la inseguridad. Insinúan que todo extranjero porta su dosis de violencia y está dispuesto a reproducirla en el país de acogida. Quizás por ello, el sentimiento antiinmigrante se convierte fácilmente en sentimiento antiterrorista.

Por ello las poblaciones intimidadas obliteran su propia realidad, muchas veces presente desde tiempo atrás: un pésimo sistema de salud, difícil acceso a una buena educación, alta inseguridad en las calles, consumo de estupefacientes a gran escala, desempleo crónico o creciente, salarios bajos, incremento en los precios, etc.

El miedo desde los medios

Esta posverdad construida es multiplicada en redes sociales (donde se centuplican las infamias, mentiras y sombríos vaticinios) y convertida en cuasiverdad o verdad por los medios de comunicación, pues la profundizan y logran hacer de la actitud antiinmigrante un hecho casi irreversible.

En el proceso informativo sobre lo que ocurre con la migración, los periodistas emplean, desde el comienzo, un lenguaje condenatorio. Por ejemplo, el término ‘ilegal’ (en lugar de ‘irregular’, cuando es el caso) lo aplican a sabiendas de que la palabra ‘ilegal’ genera la lectura de que se trata de criminales. También hablan de  “invasión”, de “hordas” de inmigrantes, de calles cubiertas  por carpas habitadas por buscadores de asilo, de un supuesto incremento de inseguridad…

A ello se suma una cobertura mediática donde el propósito informativo es desplazado por el político y el ideológico. Racismo, discriminación, intolerancia y deconstrucción de la realidad de refugiados, asilados y diaspóricos, proliferan subliminalmente en contenidos y titulares. O bien respaldan una agenda o, en un nivel muy personal, son antiinmigrantes.

Los hechos puestos en consideración del público, en su mayoría carecen de contexto e investigación. No se habla de las razones que dislocan comunidades enteras de sus naciones (pobreza, pérdida de viviendas y tierras por parte de multinacionales, conflictos internos, invasiones, violencia de género, entre otros).

Niña afgana. © Steve McCurry / Magnum Photos / Flickr. Creative Commons License.

Tampoco se dice que, indefectiblemente, las sociedades de acogida son el resultado de muchas migraciones. Y mucho menos se menciona que muchos de sus nacionales viven, estudian y trabajan en otros países sin que se les estigmatice o se les haga víctimas de políticas extremas.

Realidad vs. información

La posverdad resulta fácil de generar cuando el número de extranjeros es elocuente: para 2025, la cifra de migrantes internacionales llegó a casi 304 millones. De ellos, 261.5 millones emigraron por motivos económicos, familiares, de estudio u otros, y  42.5 millones son refugiados. A estas cifras se suma otra: 67.8 millones de migrantes “internos”, aquellos que si bien continúan viviendo en su propio país, abandonan sus lugares de origen para desplazarse a otros municipios y ciudades, también debido a razones económicas, al desempleo y a conflictos internos,  por ejemplo.

Tales cifras “escandalizan” a los residentes del país de acogida, y resulta fácil instalar en la agenda política no solo discursos, sino también promesas y leyes que expulsen a los extranjeros o les impidan su ingreso, logrando un abrumador beneplácito entre los nacionales, más allá de toda injusticia o crueldad, ya sea física o retórica, que se haga sobre la diáspora.

Un ejemplo de ello es Estados Unidos, que, si bien desde 2020, a nivel estatal, ha experimentado un aumento de políticas antiinmigrantes, es bajo la actual administración del presidente Donald Trump,  donde la cruzada contra los extranjeros se halla en total apogeo, violando todo respeto por los derechos humanos. Paradójicamente, y quizás precisamente por la brutalidad de esta ofensiva, un buen porcentaje (79%) de estadounidenses y residentes multiculturales, considera que la inmigración es algo positivo.

Algo similar ocurre en Europa. La retórica y las políticas antiinmigrantes se han intensificado, al punto de que partidos de derecha y ultraderecha están consiguiendo un amplio respaldo y creciente popularidad en varios países. Francia, Alemania e Italia son ejemplo de esa tendencia. Y, desde luego, el Reino Unido ha protagonizado importantes hechos y titulares en su actuar contra la diáspora, que empezaron con la llegada de David Cameron al poder en 2010, pero que continuaron con el gobierno del actual Primer Ministro,  Keir Starmer, en 2024.

Salvo contadas excepciones, en el universo mediático, sus políticas y discursos contra los  inmigrantes son reproducidos con entusiasmo. Pocos periodistas se preocupan por mostrar otro aspecto de la vida de los inmigrantes, las razones de su exilio (voluntario o forzoso), las dificultades que atraviesan, los ataques de los que son permanentemente víctimas, los discursos y crímenes de odio que habitualizan sus vidas…. Mucho menos se preocupan por hablar de los aportes que hacen los inmigrantes a las sociedades y de cómo estas se han enriquecido con el multiculturalismo. Pero, desafortunadamente, en sociedades donde la discriminación étnica está profundamente arraigada, es fácil que sus habitantes rechacen a los extranjeros, y que incluso lo hagan individuos miembros de minorías que también son objeto de ataques y agresiones.

Y esto no cambia en la esfera mediática. La esperanza de que los medios independientes muestren interés por informar sobre la migración se diluye cuando uno analiza la situación más detenidamente. Excepto cuando un suceso hace titulares, es inusual que los medios alternativos o independientes (o ambos) dediquen espacio a hablar de los inmigrantes y a mostrar a la opinión pública las realidades simples o complejas que los rodean.

The Prisma presenta esta Edición Especial sobre Migración, con el propósito de dar a conocer no solo artículos de nuestra propia redacción, sino también de otros medios independientes que practican un periodismo donde los inmigrantes tienen trascendencia y son tratados con el respeto informativo necesario. Nosotros, The Prisma, especialistas en migración y multiculturalismo, bienvenimos este tipo de periodismo como evidencia de que en varios medios independientes, existe un enfoque ético, solidario y responsable respecto a las personas que por diversas razones han abandonado sus países de origen y hoy enfrentan uno de los tiempos más difíciles de sus vidas,  ya que hoy son, más que nunca, víctimas del odio, la persecución y los ataques.

En esta edición hemos incluido artículos de algunos medios que son miembros de la Independent Media Association (IMA).

De esta forma, para 2026, ofrecemos un abrazo solidario y afectuoso a todos los inmigrantes, a todas las culturas, a todas las sociedades que acogen inmigrantes y que también emigran. Es tiempo de aceptar que el multiculturalismo nos transversaliza a todos.

(Fotos: Pixabay)

Edición Especial sobre Migración

 

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