Migrantes, Multicultura

La historia yemení en Sheffield: lucha, solidaridad y renovación

Cuatro generaciones de fortaleza, comunidad y logros: de obreros del acero a diputados, profesores y jóvenes visionarios que están dando forma al futuro de nuestra ciudad.

 

Antiguos trabajadores del acero Awad Gobran y Said Ali en la década de 1960.

Dr Abdul Galil Shaif / Now Then*

 

Los yemeníes se han asentado en Gran Bretaña desde hace más de 150 años, lo que los convierte en una de las comunidades árabes con mayor arraigo en el Reino Unido. En el siglo XIX, muchos llegaron como marineros y comerciantes, estableciéndose cerca de puertos como Londres, Cardiff y Bristol. Los registros del Ayuntamiento de Sheffield sitúan la presencia yemení en la ciudad desde hace al menos un siglo y medio. Las raíces de la comunidad se profundizaron en las décadas de 1950 y 1960, cuando la pujante industria siderúrgica británica necesitaba urgentemente mano de obra. Las campañas de reclutamiento llegaron hasta la ciudad yemení de Adén, entonces bajo dominio colonial británico. Anuncios en los periódicos solicitaban “hombres fuertes” para trabajar en las fundiciones y fábricas de Sheffield. Muchos yemeníes respondieron a ese llamado.

Uno de ellos fue mi padre, Shaif Abubaker Kasim, un agricultor de las montañas de Sha‘ib. Sin saber inglés, pero con brazos fuertes forjados por el trabajo agrícola, superó la rudimentaria prueba de selección —un apretón de bíceps, una comprobación de los músculos de las piernas— y obtuvo un pasaporte británico. Su viaje lo llevó de Adén a la India por mar, luego a Cardiff y, finalmente, a Sheffield en 1955, donde se unió a compañeros de Sha‘ib en Attercliffe, el corazón de la producción siderúrgica de la ciudad.

Estos hombres no llegaron en busca de aventura, sino de supervivencia. Soñaban con mantener a sus familias y regresar algún día a casa. En su lugar, a menudo terminaron en los rincones más peligrosos de las acerías, trabajando con hornos, martillos mecánicos, grúas y fosas de metal fundido.

Las jornadas se extendían hasta 80 horas semanales, en un ambiente donde el aire quemaba los pulmones y el ruido destrozaba el oído. Los accidentes eran implacables: huesos aplastados, dedos seccionados y extremidades perdidas entre las máquinas.

Muchos cargaron con lesiones y enfermedades crónicas de por vida. Años más tarde, mi padre reflexionó: “El único beneficiario de mis 45 años de trabajo fue la industria del acero”.

Pero su contribución fue inmensa. El también trabajador del acero Sa’id Ali Alsubahi recordaba: “Hacíamos los trabajos que la clase trabajadora blanca se negaba a hacer. Nuestro único idioma era el que se forjaba en el suelo de la fábrica, entre fuego, acero y sudor”.

Como observó Kevin Searle en su libro “From farms to foundries: an Arab community in industrial Britain” “La comunidad yemení de Sheffield permaneció en gran medida invisible. Esta invisibilidad es llamativa, no solo por razones de equidad, sino porque constituye un poderoso ejemplo de una comunidad musulmana recién llegada que hizo una contribución crucial a la industria y a la sociedad británicas en una época de hostilidad racial y creciente islamofobia”.

Hasta la década de 1970, la mayoría de los hombres yemeníes vivía junta en pensiones victorianas de Attercliffe, a menudo en las mismas calles. Cocinaban y comían de forma comunitaria, recreando una Yemen en miniatura. La zona llegó a conocerse como Little Aden debido a la enorme concentración de yemeníes.

Pero no fueron solo los hombres quienes construyeron una vida aquí. Cuando las familias comenzaron a reunirse, las mujeres transformaron Burngreave y Attercliffe en comunidades vivas. Fueron los pilares culturales: criaron a sus hijos en condiciones difíciles, preservaron las tradiciones y se aseguraron de que la educación y las oportunidades nunca estuvieran fuera de alcance. Un anciano me dijo: “Los hombres construyeron el acero de Sheffield, pero las mujeres construyeron la comunidad yemení de Sheffield”.

A mediados de la década de 1970, con las familias reunidas a través de la vivienda municipal, la población yemení de Sheffield había crecido hasta acercarse a las 10.000 personas.

Politizados por sus luchas, los trabajadores del acero comenzaron a organizarse no solo para sobrevivir, sino para vivir con dignidad. En 1971, reuniendo pequeñas aportaciones, compraron una casa adosada en Burngreave Road.

Se convirtió en el Sindicato de Trabajadores Yemeníes, un centro de activismo y solidaridad que aún hoy presta servicio a la comunidad. Como reflexionó otro anciano: “Teníamos poco dinero, poco inglés y poco poder. Pero juntos construimos algo que nadie podía arrebatarnos”.

Detrás de los hornos y las grúas, mientras los hombres cumplían turnos extenuantes, las mujeres yemeníes criaban a sus familias, mantenían en funcionamiento las pensiones y se convertían en líderes, organizando proyectos de salud, clases de alfabetización y grupos de mujeres.

Su liderazgo resultó esencial en las campañas por escuelas, servicios de cuidado infantil y acceso equitativo a la atención sanitaria. Defendieron la escuela Earl Marshal, impulsaron la enseñanza de árabe a nivel GCSE y crearon servicios de educación preescolar y extraescolar. Como expresó Anisa Mohammed: “Mi padre fue un trabajador del acero que entregó su vida a la prosperidad de Sheffield. Mi papel apoyando a la comunidad para que ocupe el lugar que le corresponde en la prosperidad de esta ciudad es igual de importante”.

Awad Gobran y Said Ali tienen ahora más de 80 años. Ambos son fideicomisarios voluntarios en ACT.

Hoy, las mujeres yemeníes son políticas, directoras de escuela, empresarias y académicas.

En organizaciones comunitarias como Aspiring Communities Together (ACT), lideran programas de empoderamiento, mentoría juvenil e iniciativas educativas. No es exagerado afirmar que las mujeres se han convertido en el corazón palpitante de la comunidad yemení en la ciudad, llevando adelante la resiliencia de sus madres y abuelas, al tiempo que abren nuevos caminos para las generaciones futuras. La década de 1980 trajo devastación. La reestructuración de la industria pesada impulsada por Margaret Thatcher eliminó más de 150.000 empleos en el sector del acero en el Reino Unido. Para los hombres yemeníes de Sheffield, los despidos significaron desempleo, pobreza y sueños destrozados. Muchos murieron en Sheffield, enterrados en la ciudad que ayudaron a construir.

Operador de hornos desde la década de 1960, Said Ali fue despedido en 1983. Incapaz de reciclarse profesionalmente, ayudó a fundar la Asociación de la Comunidad Yemení, hoy conocida como ACT. Ya octogenario, continúa como voluntario a tiempo completo: “Mi historia no trata de pérdida, sino de cómo nos negamos a rendirnos. Convertimos el sufrimiento en fortaleza”.

Awad Gobran, operador de grúas originario de Yafi‘, también transformó el despido en oportunidad, contribuyendo a la creación del Instituto Hadfield, que ofrece educación, programas culturales y actividades juveniles. Awad afirma: “Necesitamos hacer de esta una ciudad próspera, donde la desigualdad pase a ser parte del pasado”.

La comunidad yemení resistió de forma constante la marginación con valentía y creatividad, liderando campañas que combinaron la lucha laboral, la justicia social y la expresión cultural. Se solidarizaron con los sindicatos en la defensa de condiciones justas —incluso cuando las dirigencias sindicales no supieron reconocerlos— y lograron importantes conquistas en materia de bienestar, como la compensación por sordera industrial, una afección muy extendida entre los trabajadores del acero.

Chris Searle fue director de la escuela integral Earl Marshal de Sheffield durante cinco años. Five Leaves Publishing

La educación estuvo en el corazón de su activismo. La Campaña de Alfabetización, la clase de educación para personas mayores de Burngreave Road y las clases gratuitas de árabe los fines de semana condujeron finalmente a la introducción del GCSE de árabe en las escuelas de Sheffield. Este compromiso con el aprendizaje y la autoexpresión se plasmó además en la “Pedagogía del relato”, documentada por el profesor local Chris Searle en su libro “The world is in our words”.

La comunidad también construyó alianzas poderosas a través del Black Community Forum en la década de 1990, fomentando la unidad entre grupos africanos, caribeños y asiáticos. Su visión fue más allá de Gran Bretaña, al solidarizarse con el movimiento contra el apartheid en Sudáfrica, defender la causa palestina y recaudar fondos vitales para Yemen.

Como expresó un activista: “Nuestra lucha por la dignidad en casa siempre estuvo ligada a las luchas por la justicia en otros lugares”.

De estas luchas surgieron instituciones duraderas. La Asociación de la Comunidad Yemení, formalizada en 1986, evolucionó hasta convertirse en Aspiring Communities Together (ACT) en 2015. Hoy, ACT es una organización benéfica galardonada y una de las entidades más respetadas de Sheffield. Sus servicios incluyen educación para adultos, mentoría juvenil, empoderamiento de las mujeres, programas de salud y bienestar, educación preescolar, clases de idiomas y servicios de asesoramiento en colaboración con Citizens Advice Sheffield. Uno de sus logros más importantes ha sido la creación de clases para estudiantes excluidos del sistema escolar, con el fin de facilitar su reintegración en la educación general, prestando especial apoyo a jóvenes de la vecina comunidad eslovaco-rom de Sheffield.

Durante la pandemia y en momentos de tensión local, ACT desempeñó un papel crucial y solidario en el cuidado de todas las comunidades, apoyando a familias vulnerables y colaborando con el NHS. Hoy se erige como un modelo de cooperación. Como señaló un miembro del patronato de ACT: “Comenzamos como trabajadores del acero reuniendo monedas para sobrevivir. Ahora somos socios de universidades, ayuntamientos y del NHS, y aun así nuestros valores de solidaridad siguen siendo los mismos”.

Sheffield Film Co-op

La trayectoria yemení en Sheffield puede contarse a través de cuatro generaciones:

Los trabajadores del acero: hombres de fortaleza que entregaron su trabajo a Gran Bretaña.

Los organizadores y activistas: fundadores de sindicatos, instituciones y escuelas.

Los pioneros: profesionales, abogados, científicos, directores de centros educativos, concejales y parlamentarios.

Entre ellos se encuentran la profesora Munitta Muthana en el ámbito médico, la diputada Abtisam Mohamed como parlamentaria, y su hermana Hannan Mohamed como la primera directora de escuela yemení de Sheffield: poderosos ejemplos de los logros de la tercera generación.

Los visionarios: la juventud de hoy, que afronta nuevos desafíos como la crisis climática, el racismo y la desigualdad.

Como dijo recientemente un joven estudiante yemení: “Estamos de pie sobre los hombros de gigantes. Ellos construyeron el camino; nosotros tenemos que decidir hacia dónde conduce”.

En 1989, Sheffield Film Co-op estrenó “Thank you – That’s all I knew”, un documental sobre la Campaña de Alfabetización Yemení de Sheffield. Junto con libros y artículos académicos como From Farms to Foundries y Drinking from one pot: Yemeni unity, At home and overseas, estos archivos preservan la resiliencia, la creatividad y la memoria.

Lo que comenzó con hombres reclutados por su fuerza se ha convertido en una comunidad próspera de parlamentarios, profesores, emprendedores, concejales y directores de escuela.

Es una historia de dificultades y transformación que demuestra cómo la inmigración enriquece no solo a Sheffield, sino a Gran Bretaña en su conjunto.

Nuestros padres construyeron acero; nosotros construimos futuros.

*Artículo publicado originalmente en Now Then.

(Traducido por The Prisma – The Multicultural Newspaper) – Fotos: Now Then y Pixabay

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